Y eso que el Costa Concordia no es de los de mayor
tamaño (hay otros 25 barcos de pasajeros más grandes en todo el
mundo), pero mide 300 metros de
largo y 30 de alto. Cuando el viernes zarpó para recorrer
las costas entre Italia y Francia, pasando por España, recordaba más
a un complejo de oficinas que a una nave.
Esto del tamaño es importante porque, aunque aún no haya
respuestas oficiales a por qué este barco naufragó hace tres días
cobrándose seis muertos, de los cuales uno es español.
Es el factor principal que barajan
los expertos para explicarse el accidente.
De momento, todas las explicaciones pueden resumirse en tres
teorías. La primera habla de unas
rocas maliciosamente ocultas bajo la superficie marítima
que colisionaron contra el barco y crearon una impresionante brecha
de 70 metros.Así se explica que la tripulación no las evitara y
se diera el gran golpe que escucharon los pasajeros. Esta es la
teoría que cita el capitán del
barco, Francesco Schettino, de 50 años de edad y 30 de
experiencia. Según él, intentó devolver el barco a la orilla
cumpliendo la normativa de la
Organización Marítima Internacional, donde volvió a rasgarse contra
más rocas y se volcó.
Es posible que la carta náutica no reflejara esas rocas. Pero eso
levanta muchas sospechas entre los expertos.
Cosimo Nicastro, portavoz de los
guardacostas italianos insiste en que "todos los peligros que haya
en la zona están bien registrados en la carta náutica.
Hablamos de un lugar en el que viene mucha gente a bucear; se
conocen bien los riesgos. Así que el único enigma es por qué el
capitán se acercó tanto a ellos".De hecho, esa duda es uno de los
motivos por los que el capitán
fuera detenido por homicidio culposo y abandono de pasajeros.
Si de verdad así es como transcurrieron los hechos, estamos hablando
de una teoría cuando menos incompleta.
Y aquí es donde vienen las otras dos teorías. Primero la que
habla de un fallo eléctrico masivo,
que fue lo que impidió al
sistema de navegación avisar de estas rocas. La nave se
alimenta de la energía que crean unas máquinas de diesel, que
generan la energía que mueve las hélices, enciende las luces y
calienta los radiadores.
Si hubiera habido algún fallo en
el sistema, el golpe que sintieron los pasajeros podría no haber
sido de las rocas, sino de una necesaria explosión en la sala de
máquinas. Está previsto que estas cosas puedan ocurrir y el
barco está diseñado para volver a encenderse con los generadores de
emergencia, pero eso lleva un tiempo.
Y como el barco estaba demasiado
cerca de la orilla, es posible que no hubiera tiempo suficiente.
Esta teoría del fallo eléctrico
no es más que la versión biempensante de la tercera hipótesis: el
fallo humano. Que la tripulación se distrajo, que el
capitán no estaba lo suficientemente concentrado en su tarea, y que
así el barco acabó más cerca de la costa de que lo cabría esperar.
Esta es, al final, la causa del
80% de los accidentes marítimos.