Ya lo han hecho dos veces con anterioridad. La primera, a las
21.49 del viernes, unos minutos después de la colisión frente a la
isla de Giglio. Pero esa conversación no se produce porque –como
hubiera sido preceptivo— el capitán Schettino haya avisado a la
capitanía del accidente, sino porque uno de los 3.200 pasajeros ha
telefoneado a la comisaría de los Carabinieri y estos se han puesto
en contacto con la Capitanía. Es desde Livorno desde donde llaman al
puente de mando del Costa Concordia para saber si va todo
bien. “Solo un problema técnico”, responde el capitán…
A las 0.42, ya
en medio del naufragio y del caos de la evacuación, la Capitanía
vuelve a llamar a Schettino y le pregunta por el número de personas
que aún quedan en el barco. El capitán da una respuesta tan vaga que
hace sospechar al guardia costero. Tanto que le hace la pregunta
fatal:
--¿Usted está a bordo?
--No, no estoy a bordo porque la nave está “appoppando”. La hemos
abandonado.
--Pero, ¿¡cómo ha abandonado la nave!?
--No… Estoy aquí, estoy coordinando la ayuda.
--Qué está coordinando ahí... Vaya a bordo y coordine el socorro
desde allí.
Una hora después, a la 1.46, el capitán del Costa Concordia y el
responsable aquella madrugada de la Capitanía de Livorno vuelven a
hablar por teléfono. Es esa grabación la que ha trascendido en las
últimas horas a través de algunos medios italianos. El capitán
Schettino, a quien sus compañeros de profesión definen como un
marino brillante, parece noqueado, ajeno al drama que están viviendo
los pasajeros y los tripulantes de su barco. Hay un momento en que
desde la Capitanía le preguntan si hay muertos y él responde con
otra pregunta: “¿Cuántos son?”.
--¡Debería decírmelo usted…!
La grabación no hace más que apretar las esposas alrededor de las
muñecas de Schettino. Pero no solo. El capitán, a la vista de lo ya
publicado, acercó el barco a Giglio para hacerle un regalo absurdo a
su jefe de comedor –natural de la isla-, provocó el accidente, huyó
como un cobarde… Pero, ¿es él el único culpable? ¿Por qué no
funcionó tampoco la cadena de mando? Los responsables de la naviera
ya han comparecido para admitir que fue un “error humano” de su
capitán. Sin embargo, no contestaron a una pregunta clave: ¿no
existe ningún cortafuego entre la bravata ocasional de un capitán y
la vida de miles de personas?