La policía ha utilizado gases lacrimógenos y rescatado a seis
empleados que los asaltantes pretendían tomar como rehenes. Algunos
de ellos se han negado a abandonar uno de los recintos diplomáticos
hasta que finalmente la policía ha logrado que desalojen el lugar.
El incidente, el último de un crescendo de declaraciones y medidas
contra la representación británica, escenifica el malestar del
régimen iraní por las nuevas sanciones económicas para castigar su
programa nuclear y con su creciente aislamiento internacional.
“Algunos estudiantes y gente normal han vuelto a irrumpir en el
recinto británico”, informaba la agencia Fars a primeras horas de la
noche en referencia a la sede de la Embajada en el centro de
Teherán. Según esta agencia, el gobernador de Teherán, Morteza
Tamadon, se había desplazado al lugar para “tratar de calmar a los
estudiantes”. Pero ni su presencia ni la del jefe de la policía, el
general Hosein Sayadí-Nia, ha evitado que un pequeño grupo se
encerrara en otro edificio de la misión situado al norte de la
capital iraní, dando la impresión de que las autoridades empezaban a
perder el control.
“No vamos a irnos hasta que no recibamos órdenes directas del
líder supremo”, aseguraban los atrincherados citados por los medios
locales.
“La policía ha lanzado gases lacrimógenos y atacado con violencia
a los estudiantes que permanecían en el interior de la embajada”,
había reconocido poco antes Fars. “Varios estudiantes y policías han
resultado heridos en los enfrentamientos”, añadía.
En medio de gritos de “Muerte a Inglaterra” y “Fuera el
embajador”, centenares de manifestantes, que los medios iraníes han
identificado como “estudiantes basiyís”, se congregaron a las dos de
la tarde ante la sede de la Embajada, en la céntrica calle de
Ferdowsi. Varias decenas de ellos escalaron el muro que rodea el
recinto ante la pasividad de los policías que montaban guardia. La
televisión iraní ha mostrado en directo cómo algunos de ellos
rompían los cristales de la Cancillería y arrojaban objetos por las
ventanas. Según la agencia Mehr, también arrancaron la bandera
británica, la quemaron y la remplazaron con una enseña iraní. Al
parecer, los empleados evacuaron la legación por una puerta trasera.
Los basiyís, literalmente movilizados, son una
organización a medio camino entre milicia y hermandad, a la que
suelen afiliarse los iraníes más adeptos al régimen tanto en los
centros de estudio como de trabajo. Desde la controvertida
reelección de Mahmud Ahmadineyad como presidente en 2009, los
basiyis pasaron a depender orgánicamente de los Pasdarán, el
poderoso ejército paralelo del régimen. De ahí que algunos
observadores hayan querido ver la mano de ese cuerpo en la acción de
hoy. Los Pasdarán, que se han convertido en un importante actor
político y económico, son los más perjudicados por las sanciones
financieras.
Cuando la policía estimó que los jóvenes ya habían venteado su
frustración, trató de dispersarles. Desde los altavoces, se les
indicaba que la manifestación ya había terminado y que debían irse.
Sin embargo, los más exaltados se negaron a hacerlo. Algunos de
ellos se trasladaron al jardín de Golhak, al norte de Teherán, donde
la Embajada británica mantiene un segundo recinto que en tiempos fue
residencia de verano del embajador y sobre el que el Gobierno iraní
reclama la propiedad desde hace años. Según la agencia oficial de
noticias iraní, IRNA, los atacantes se han apropiado de “documentos
secretos”. Pero lo que es más grave, han intentado coger rehenes.
“La policía ha liberado a seis personas que trabajaban para la
Embajada británica en el jardín de Golhak”, ha anunciado Fars,
después de que la información fuera adelantada y retirada por la
agencia Mehr.
Estos graves incidentes, que han motivado una queja del Foreign
Office, culminan la escalada iraní contra el Gobierno británico a
raíz de que prohibiera los intercambios financieros con
instituciones iraníes, incluido el Banco Central. Londres se sumaba
así a las nuevas sanciones propuestas por EEUU tras el último
informe de la agencia nuclear de la ONU. En consecuencia, el
Parlamento iraní aprobó el domingo una ley que rebaja las relaciones
diplomáticas con el Reino Unido a nivel de encargado de negocios y
prevé la expulsión de su embajador en un plazo de dos semanas. Con
inusual rapidez, el Consejo de Guardianes (una especie de Cámara
alta designada) ratificó ayer esa decisión.
No es la primera vez que la Embajada británica en Teherán se
convierte en blanco de estudiantes iraníes. En 2007 cerca de dos
centenares de manifestantes apedreaban la legación, mientras
coreaban consignas antioccidentales y pedían la expulsión del
embajador así como el procesamiento de los 15 marinos capturados el
23 de marzo por fuerzas iraníes en aguas del Golfo.
En 1979 la ocupación por parte de varios centenares de
estudiantes iraníes de la Embajada de EE UU en la capital iraní
condujo a la ruptura de relaciones entre Washington y Teherán.
El desencuentro entre Irán y el Reino Unido se remonta a la
segunda mitad del siglo XIX cuando Londres y Moscú dividieron Persia
en zonas de influencia para repartirse los beneficios del comercio.
A pesar del antiamericanismo de poster que el régimen islámico
exhibe desde la revolución de 1979, los iraníes recelan sobre todo
de los británicos a los que, según su orientación política,
responsabilizan del triunfo de Jomeiní o de tratar de
obstaculizarlo. Más recientemente, los diputados iraníes llevaban
barajando la idea de rebajar las relaciones con Londres desde las
protestas contra la reelección de Ahmadineyad, en las que muchos
vieron una mano negra británica.