Un padre italiano y su hijita de 5 años. Un matrimonio
estadounidense jubilado que se estaba dando un gusto tras pagar los
estudios universitarios de sus cuatro hijos. Un músico húngaro que
ayudó a niños llorosos a ponerse los chalecos salvavidas y
desapareció mientras trataba de sacar su amado violín de su
camarote.
A medida que emergían detalles el
miércoles sobre los desaparecidos y los muertos al encallar el Costa
Concordia, se informó que el capitán había dicho que él había
tropezado y se había caído al agua de la embarcación escorada, y que
nunca había sido su intención abandonar a los pasajeros.
La búsqueda de las 21 personas desaparecidas en el área del
desastre fue detenida bruscamente el miércoles luego que el crucero
volvió a moverse en la roca en la que está encallado junto a la isla
toscana de Giglio, poniendo en peligro las vidas de los buzos. Se
pronosticó marejadas para los días siguientes.
El mal tiempo hizo además posponer el comienzo de la operación,
que llevaría una semana, de extraer el medio millón de galones de
combustible a bordo de la embarcación, mientras el ministro del
Medioambiente de Italia advertía al Parlamento de las implicaciones
ecológicas del posible hundimiento del barco.
El Costa Concordia, de $450 millones, transportaba a más de 4,200
pasajeros y tripulantes cuando chocó con un arrecife y se escoró el
viernes, después de que el capitán se desviara sin autorización de
su ruta programada y se adentró en esas peligrosas aguas.
El capitán Francesco Schettino, quien fue encarcelado tras
abandonar el barco antes de que los pasajeros fueran evacuados, fue
puesto el martes bajo arresto domiciliario y enfrenta posibles
cargos de homicidio involuntario, causar un naufragio y abandonar su
barco.
La compañía operadora del barco, Crociere Costa SpA, ha acusado a
Schettino de causar el naufragio por desviarse sin autorización, y
el capitán ha admitido haber llevado a cabo lo que llamó una
"navegación turística" que acercó la nave a Giglio. Costa ha dicho
que semejante "desvío" de navegación se había hecho antes una vez,
entre el 9 y 10 de agosto del año pasado, después de recibir la
aprobación de la compañía y las autoridades del puerto de Giglio.
No obstante, Lloyd's List Intelligence,
una importante publicación marítima, dijo el miércoles que la ruta
del barco que hizo el recorrido en agosto trajo al Concordia algo
más cerca de Giglio que el curso que causó el desastre del viernes.
"Este no es un caso en blanco y negro", dijo en un comunicado
Richard Meade, director de Lloyd's List.
"Nuestros datos sugieren que ambas rutas trajeron a los barcos a
una distancia de menos de 200 metros y que la ruta autorizada estuvo
en realidad más cerca de la costa".
Nuevas grabaciones de audio de las comunicaciones de Schettino
con los guardacostas salieron a relucir el miércoles, con el capitán
afirmando que él había acabado en una balsa salvavidas después de
tropezar y caer al agua.
"Yo no abandoné un barco con 100 personas a bordo, el barco se
escoró de pronto y nos lanzó al agua", dijo Schettino, de acuerdo
con una transcripción publicada el miércoles en el diario
Corriere della Sera.
Grabaciones de audio de las conversaciones de Schettino salieron
en los titulares del martes, mostrando a un oficial de guardacostas
ordenando a Schettino, con exasperación, que regresara a bordo del
barco para dirigir la evacuación, y la resistencia del capitán, que
decía que estaba demasiado oscuro y el barco amenazaba con volcarse.
La orden del oficial: "Regresa a bordo, ¡(improperio)!", ha
entrado al léxico italiano, convirtiéndose en un
hashtag de Twitter y adornando
camisetas.
Hasta el momento se ha confirmado la muerte de 11 personas, y 21
continúan desaparecidas. Funcionarios italianos solamente han dado a
conocer hasta el momento 27 nombres, incluyendo dos estadounidenses,
12 alemanes, seis italianos, cuatro franceses, un húngaro, un indio
y un peruano.
La víctima húngara fue identificada el miércoles como Sandor
Feher, de 38 años, quien había estado trabajando como músico en el
crucero. Su cadáver fue encontrado dentro de los restos del
naufragio, y fue identificado por su madre, quien había viajado a la
ciudad italiana de Grosseto, según el ministro de Relaciones
Exteriores de Hungría.
Jozsef Balog, un pianista que trabajaba con Feher en el barco,
dijo al periódico Blikk que Feher
llevaba puesto un chaleco salvavidas cuando decidió regresar a su
camarote en busca de su violín. Feher fue visto por última vez en el
puente camino al área donde se suponía que abordara un bote
salvavidas.
Según Balog, Feher ayudó a poner chalecos salvavidas a varios
niños llorosos antes de volver a su camarote.
Entre los desaparecidos también está Dayana Arlotti, de 5 años, y
su padre William Arlotti, quienes viajaban en el crucero con la
novia del padre. Los padres de la niña se habían separado hace tres
años.
La madre de la niña, Susy Albertini, afirmó que había estado
llamando desesperadamente a la policía, los funcionarios del puerto
y la compañía de cruceros durante días en busca de noticias de su
hija y su ex esposo.
"La última vez que supe de ellos fue el jueves", cuando les dijo
adiós en la escuela, declaró Albertini, de 28 años, al periódico
La Voce di Romagna.
"Lo absurdo es que nadie me sabe decir nada, y lo poco que sé es
lo que veo en los periódicos", dijo. "A veces ellos me hacen
preguntas absurdas, como por ejemplo si mi hija sabe nadar. ¿No se
dan cuenta de que ella tiene 5 años? ¿Qué pregunta es esa?"
William Arlotti, de 36 años, salió del crucero con su novia
Michela Marconcelli, quien sobrevivió. Ella reportó haber visto caer
al agua a Dayana, quien llevaba un chaleco salvavidas, cuando el
barco se sacudió, pero dijo que alguien ayudó a sacarla, reportó el
periódico.
Marconcelli señaló que la habían empujado a la balsa salvavidas y
perdió de vista a su compañero y su hijita.
Entre los desaparecidos están además Jerry y Barbara Heil,
vecinos de White Bear Lake, Minnesota.
Sarah Heil, su hija, dijo a la estación de radio WBBM en Chicago
que sus padres habían esperado con impaciencia el crucero de 16 días
tras haber criado a cuatro hijos y haberles pagado los estudios
universitarios.
"Ellos nunca tuvieron dinero para ellos", indicó. "De modo que,
cuando se retiraron, empezaron a viajar. Y esto iba a ser algo
grande, un viaje de 16 días. Estaban muy contentos".