Menos conocido como gestor de fondos que como economista, John
Maynard Keynes logró una rentabilidad media anual en su cartera de
valores del 12% entre 1924 y 1946, un periodo de gran inestabilidad
económica, incluidas la depresión de 1929 y la II Guerra Mundial,
durante el cual la Bolsa británica perdió un 15% de su valor. Una de
las frases atribuidas al Keynes gestor -"el mercado puede permanecer
irracional más tiempo que nosotros solventes"- cobra hoy día gran
vigencia.
En el mundo financiero hay miedo. Y mucho. Hay pánico a que la
economía mundial entre de nuevo en recesión; existe pavor a que
Grecia no cumpla con sus acreedores, salga del euro y provoque una
reacción en cadena en el resto de países que comparten moneda. En
este contexto, el dinero busca refugios. Los inversores, con el
espíritu gregario que les caracteriza, están dispuestos a sacrificar
la rentabilidad de su cartera a cambio de preservar el capital. Este
comportamiento provoca desequilibrios, genera burbujas. Es la
irracionalidad de la que hablaba Keynes. El problema es que cada vez
quedan menos puertos seguros donde depositar los ahorros. La crisis
ha dinamitado muchos de ellos desde su estallido en 2007. Esta
semana ha saltado el penúltimo -el franco suizo- tras la decisión
del banco central de la Confederación Helvética de intervenir para
frenar la apreciación de su divisa.
"La situación es muy compleja. En el mercado hay mucha liquidez y
muy pocos activos donde estar tranquilos", resume Gonzalo Lardies,
de BPA Global Funds, uno de los gestores españoles más reconocidos
internacionalmente. "Ya no hay ningún activo seguro. Caminamos por
un campo de minas. El único refugio ahora mismo es tener una cartera
muy diversificada que nos permita minimizar daños", argumenta Juan
Ignacio Crespo, analista financiero. "Una de las lecciones
aprendidas en los últimos años es que ya no hay vacas sagradas. Lo
que hoy es un refugio, por ejemplo la deuda pública alemana, mañana
puede ser una trampa. Hay que estar muy pegado al mercado porque la
volatilidad es tremenda", explica Pedro Mas.
La crisis ha diluido como azucarillos ideas que habían sido
dogmas de fe en el mercado durante mucho tiempo. El inversor ha
aprendido (y sufrido) que con la deuda pública de países con una
solvencia calificada de óptima (España, Italia, Irlanda...) se puede
perder dinero. La renta fija privada también puede ser un quebradero
de cabeza: que se lo pregunten a aquellos que depositaron sus
ahorros en productos estructurados vinculados a Lehman Brothers, en
teoría libres de riesgo y que se convirtieron en una ratonera. La
fiabilidad de la gestión alternativa (hedge funds), unos
fondos que sobre el papel buscan la descorrelación con el mercado,
ha quedado en entredicho con el agravante de los problemas de
liquidez. La idea de que cuando vienen mal dadas los activos de
países desarrollados resisten mejor que en los de las economías
emergentes tampoco se ha cumplido. Por si fuera poco, el mercado ha
puesto en evidencia su exposición a las políticas intervencionistas:
monedas refugio como el franco suizo o el yen pueden provocar un
agujero en las carteras si el Gobierno de turno considera que su
apreciación supone un riesgo para la economía.
Las balas en el revólver del inversor se agotan. Ya quedan pocas
guaridas donde cubrirse a la espera de que escampe. Esta escasez de
alternativas está generando tensiones en el precio de aquellos
activos que los inversores todavía perciben como seguros. El olor a
burbuja hace que los expertos alerten de los riesgos de entrar ahora
en oro o en deuda pública estadounidense o alemana, los tres
refugios hacia donde ha corrido el dinero tras el pánico que se
desató en el mercado a principios del pasado mes de agosto. "Los
paraguas hay que comprarlos cuando no llueve. Cuando empieza a caer
agua son caros y probablemente ya te habrás mojado", argumenta
Jacobo Zarco, responsable de grandes patrimonios de Atlas Capital.
Washington salvó in extremis la suspensión de pagos al
aprobar tras un tenso pulso político la subida del techo de gasto,
S&P ha retirado a la deuda pública estadounidense la máxima nota
(triple A) y los últimos datos de crecimiento y empleo sugieren que
la posibilidad de que la mayor economía del mundo caiga de nuevo en
recesión no es descabellada. A pesar de este lúgubre escenario en el
último mes y medio la rentabilidad del bono a 10 años estadounidense
(se mueve de forma inversa al precio) ha caído del 2,74% al 1,92%.
En Europa el dinero ha fluido con la misma intensidad hacia la deuda
alemana: el rédito de su bono a 10 años en este periodo ha pasado
del 2,45% al 1,77%. Es decir, que si se descuenta la inflación,
estas inversiones ofrecen rendimientos reales negativos o próximos a
cero. Los inversores están dispuestos a pagar este peaje porque
consideran que ahí su dinero está seguro. Sin embargo, ¿están estos
activos libres de riesgo? Los expertos lo dudan. Además, sugieren
cierta sobrevaloración en las cotizaciones.
En una nota envidada a clientes esta semana, los expertos de
Ahorro Corporación analizan la situación de la deuda soberana
alemana. "Dos escenarios son las posibles salidas a la crisis: la
solución o el fin del mundo, esto es, o bien se solucionan las
tensiones financieras europeas o bien la zona euro se ve abocada a
una grave crisis económica, financiera e institucional de graves
consecuencias", señalan. "A nuestro juicio, en ninguno de los dos
escenarios el bono alemán es una inversión atractiva. En el primero,
la deuda de países como Italia o España ofrece más valor; en el
segundo, podríamos asistir a un impago generalizado de los Estados
europeos, del que Alemania no resultaría inmune, con una posición
internacional neta del 42,5% de su PIB, tenencia de deuda de los
países periféricos de 453.700 millones de euros y una elevada
dependencia económica de los países de la eurozona", añaden desde
Ahorro Corporación.
Con un activo refugio (franco suizo) literalmente borrado del
mapa tras el anuncio del Banco Nacional Suizo de fijar un nivel
mínimo para la moneda helvética de 1,20 frente al euro, el mercado
considera ahora que el oro es, junto a la deuda pública de EE UU y
Alemania, el último superviviente entre las guaridas tradicionales
para el dinero. El precio del metal precioso se ha revalorizado un
31% desde enero y cotiza ahora en 1.860 dólares por onza. De
confirmar esta tendencia en lo que resta de 2011, este será el mejor
año para el oro desde 1979, cuando se revalorizó un 127%.
El oro acumula 11 ejercicios seguidos de ganancias. Sigue siendo
el refugio por excelencia. De hecho, numerosos bancos centrales
están comprando oro para sus reservas por primera vez en mucho
tiempo. Además, en la última década, al calor del auge de los fondos
cotizados (ETF por sus siglas en inglés), el oro se ha convertido en
un activo financiero más, reforzando su perfil más especulativo. El
expresidente de la Reserva Federal, Alan Greenspan ha manifestado
esta semana durante una conferencia en México que el rebote del oro
debe entenderse como un "voto de desconfianza" a las principales
monedas y que, por lo tanto, es un activo que debe de verse como una
divisa más que como una materia prima. "Cuando su precio sube tan
rápido es que algo falla", señaló. "Es como el canario en la mina de
carbón".
¿Conviene comprar oro a los precios actuales? Los expertos no lo
ven muy claro. "Si todo esto acelerará o no la apreciación del metal
precioso está por ver. El interés de los inversores ha caído a lo
largo del último mes a pesar de que el oro haya alcanzado nuevos
máximos: la cuantía total de oro en apuestas a futuro y en ETF ha
bajado", señala Ole S. Hansen, analista de Saxo Bank especializado
en materias primas. En su opinión, las preocupaciones por más
aumentos de margen en los futuros del oro -que podrían forzar a los
fondos de inversión a reducir todavía más su exposición-, combinadas
con que algunos vendedores necesitarán compensar sus pérdidas en
otras inversiones, podrían también jugar su papel. "No obstante, las
razones fundamentales tras las alzas de agosto siguen ahí. El oro
tiene potencial para alcanzar la cota de 1.970 dólares por onza
durante los próximos meses", añade Hansen.
Con independencia del reciente historial de subidas del oro,
algunos expertos desaconsejan invertir en esta materia prima casi
por principio, al considerar que hacer predicciones sobre la
evolución de su cotización es tan fiable como lanzar una moneda al
aire. "Para mí lo único que tiene sentido es comprar el metal físico
para cubrir la volatilidad de las divisas. Sin embargo, tal y como
yo concibo la inversión este concepto no se puede aplicar a las
materias primas. Creo que en el mercado de commodities solo
se puede especular, es decir, son activos que no dan dividendos, y
la rentabilidad solo proviene de vender a un precio mayor del que se
compró", razona Gonzalo Lardies. Esta opinión es compartida por
Jacobo Zarco: "A diferencia de otras materias primas, donde la
demanda está ligada al ciclo económico, en el oro la demanda es
eminentemente financiera y, por lo tanto, el comportamiento de la
cotización tiene un componente mayor de azar o incertidumbre".
Los activos de riesgo como la renta variable suelen ser los que
primero sufren en su cotización la incertidumbre económica. Dentro
de la Bolsa siempre se ha hablado de que existen una serie de
compañías (concesionarias, eléctricas, empresas de consumo básico,
farmacéuticas...) que por las características de sus negocios -con
ingresos recurrentes al margen del ciclo- se podían englobar dentro
de la categoría de valores refugio. Sin embargo, como ocurre con
otros cobijos tradicionales del dinero, tampoco están funcionando
con esta crisis, bien por su endeudamiento, bien por su riesgo
regulatorio o bien porque en momentos de pánico el inversor no hace
distinciones.
El castigo a las acciones está siendo generalizado. Ninguno de
los principales parqués mundiales ofrece revalorizaciones en lo que
va de año. Los que menos caen son los índices estadounidenses
(aunque para un inversor europeo su retroceso es mayor debido al
tipo de cambio entre el euro y el dólar). A nivel sectorial, en
Europa el único sector del Euro Stoxx que sube en 2011 es el de
salud. En EE UU también son los negocios vinculados con la sanidad
los que mejor aguantan, junto con las actividades relacionadas con
Internet y la tecnología.
Aunque los beneficios empresariales del primer semestre de 2011
cayeron respecto a los del mismo periodo de 2010, el ritmo de este
retroceso es menor al de la caída de las cotizaciones. Esta
circunstancia provoca que, sobre el papel, los precios de las
acciones estén mucho más baratos. La Bolsa española, por ejemplo,
está cotizando ahora mismo con un PER (número de veces que el
beneficio está contenido en el precio) inferior a las 10 veces, muy
por debajo de su media histórica. En circunstancias normales sería
una señal clara para comprar renta variable, aunque los expertos
reconocen que debido a las incertidumbres económicas actuales
conviene ser prudente respecto a la renta variable. El dilema no es
si la Bolsa está barata; la cuestión es si lo estará aún más en las
próximas semanas o meses.
"Las infravaloraciones son desconocidas y no cuadran con el
escenario que manejamos de desaceleración más que de vuelta a
recesión. Sin embargo, los riesgos latentes invitan a ser
prudentes", reconoce Pedro Mas.
La política de retribución a los accionistas de las compañías
suele ser otro de los refugios tradicionales de los inversores. La
caída de las cotizaciones ha elevado la rentabilidad que ofrecen las
compañías por el reparto de sus beneficios entre sus propietarios.
Dentro del Ibex 35 hay en estos momentos 21 empresas cuyos títulos
ofrecen una rentabilidad por dividendo superior al 5%. Destacan
Telefónica (12%) y Banco Santander (10,6%). Ahora bien, tampoco
estas cifras son seguras porque, para cumplirse, las cotizadas
deberán mantener el dividendo, algo que en algunos casos se antoja
difícil si los beneficios siguen menguando.
"El dividendo no debe ser el único criterio en el que un inversor
debe fijarse para entrar en Bolsa, porque si compra un valor con una
buena remuneración pero cuyos títulos caen no le ha servido de
mucho. Eso sí, el dividendo es una buena herramienta si la inversión
es a largo plazo ya que, mientras esperamos a que el mercado nos dé
la razón con nuestra apuesta, iremos cobrando un dinero de forma
periódica", aconseja Jacobo Zarco.
En un momento de tantas dudas conviene echar mano de los
clásicos. En el mundo de la inversión uno de ellos es Warren
Buffett, quizá el inversor vivo con más prestigio. Al Oráculo de
Omaha se le atribuye la siguiente frase: "Tener una gran
posición de cash [liquidez] en nuestra cartera resulta
incómodo, pero no tan incómodo como tomar decisiones estúpidas".
Varios Paraguas
- Deuda pública. El dinero huye desde agosto a la deuda
pública de aquellos países considerados más solventes.
La entrada de dinero ha provocado que la rentabilidad
del bono estadounidense a 10 años caiga hasta el 1,92% y
que el rédito del bono alemán al mismo plazo se sitúe en
1,77%.
-tales preciosos El precio de la onza de
oro acumula una revalorización del 31% en 2011. Es su
mejor marca desde el año 1979. Por su parte, la
cotización de la plata se apunta un alza del 34% desde
enero.
- Divisas. la intervención del franco suizo
las monedas que están ejerciendo de refugio son la
corona noruega y el yen japonés. Ambas ofrecen
apreciaciones significativas en el último mes sobre todo
frente al euro. - Fuente