Una de las personas que participó del operativo para capturarlo
grabó el momento en que se tira por el balcón.
Francia."Intentamos agotarlo toda la noche antes
de tomar el lugar", explicó el director del cuerpo de intervención
RAID. Sin embargo, Mohamed Merah no se rendía y preparaba un ataque
en caso de que los uniformados se acercasen a su hogar, que estaba
inundado porque un tiro del primer asalto había dado en la tubería.
"No fuimos tanto nosotros como él quien lo eligió así.
Intentamos negociar su rendición hasta el final", aseguró
Hautecloque, quien contó que el joven había anunciado a la
Policía su decisión de "morir con las armas en la mano". "Eso es
lo que hizo", reflexionó el jefe.
Además, reveló su sorpresa porque Merah esperaba al grupo de
élite en una posición de combate. "Es la primera vez en mi vida
que veo a alguien que, mientras lanzamos un asalto, lanza un
asalto contra nosotros", indicó.
"Teníamos una idea muy precisa del lugar donde estaba, pero
teníamos que corroborarla. Por eso nos aproximamos al
apartamento de forma muy prudente. Pero él se lanzó contra
nosotros con tres Colt 45 de calibre 11.43 -el mismo modelo que
el utilizado en los asesinatos- mientras que nosotros sólo
llevábamos armas no letales", relató.
"Yo había dado orden de responder sólo con granadas aturdidoras.
Pero él avanzó por el apartamento e intentó abatir a mis
hombres, que estaban en el balcón. Probablemente uno de los
francotiradores le disparó entonces", explicó.
Merah había convertido su pequeño apartamento de tres
habitaciones (ver plano) en una zona de combate: "Todo estaba
lleno de barricadas", dijo Hautecloque.
El jefe de la RAID analizó que lo que parecía ser "un protocolo
de mutua confianza", pues el joven había afirmado que se
entregaría, era un plan del asesino para preparar su último
golpe. "En realidad, lo que quería era descansar para poder
enfrentarnos mejor", sostuvo.
Durante las 22,45 horas de negociaciones casi ininterrumpidas,
Merah, perturbado, proporcionaba a los agentes un sinfín de
detalles sobre sus actos. "Era como un testamento", concluyó
Hautecloque.
Fuente