Las galletas tipo sándwich, propiedad del imperio alimentario
Kraft Foods, se pueden comprar en más de un centenar de países y
sus ingresos anuales ascienden a unos 2.000 millones de dólares. Eso
se traduce en 95 millones de galletas vendidas cada día en todo el
planeta. A pesar del cambio de dueños y de diseño de su empaquetado,
el mensaje original perdura: no es que estén buenas, mojarlas en
leche y chuparlas es además divertido.
Oreo es una de esas marcas que mejor representa el poderío
corporativo de EE UU, y que hasta llegó a ser icono cultural de un
país. Fue el nombre que dio una seña distintiva a Nabisco y que aún
perdura dentro de Kraft Foods. Y como dice la propia compañía, “este
es un hito delicioso”. “Nuestra misión con esta celebración es
reforzar ese espíritu de niños que todos llevamos dentro”, precisa
John Ghingo, responsable global de Oreo.
Un galleta mojada en leche es un mensaje universal. Desde que la
primera galleta fue vendida en Hoboken (Nueva Jersey), las Oreos
crecieron hasta convertirse en la galleta más vendidas desde EE UU
hasta China. Y esa pasión va más allá de la estantería del
supermercado o de l
a
cocina. Oreo cuenta en la actualidad con más de 25 millones de
seguidores en
la red social Facebook, repleta de fotos, vídeos y de
comentarios.
Oreo es una de las 12 marcas de “los mil millones de dólares” que
integran el imperio alimentario de Kraft Foods, junto a
Cadbury, Jacobs,
Kraft,
LU,
Maxell House,
Milka, Nabisco,
Oscar Mayer,
Philadelphia,
Tang y
Trident. La corporación anunció el pasado mes de agosto que se
partía en dos compañía cotizadas, para separar el negocio
internacional de aperitivos del de ultramarinos en EE UU. Aún no
está claro de qué lado caerán las Oreo.