En su último gran mitin de campaña, el presidente-candidato ha apostado
por el crecimiento en contra de la deflación y ha puesto en duda
el actual mandato del Banco
Central Europeo.
Entre los habituales dimes y diretes de política nacional, en
la campaña electoral francesa sobresalen de vez en cuando
mensajes que interesan
especialmente a España. En la última jornada de grandes
mítines previos a la primera vuelta electoral del domingo 22 de
abril uno de los protagonismos se los llevó la
crisis del euro, que
también afecta a Francia.
Y si algo resulta reseñable es que la
Canciller alemana, Angela
Merkel, no estuviera
junto al presidente-candidato Sarkozy en momento tan decisivo,
como sugirió a primeros de año al afirmar que apoyaría al
presidente para que el candidato socialista no ganara las
elecciones, que es lo que apuntan la mayoría de los sondeos.
La única explicación posible es que las
cosas han cambiado mucho desde
que ambos mandatarios comprometieran al resto de los países del
euro en una política de austeridad basada en el control
del déficit como única alternativa posible a la recesión
económica. En lugar de calmar a los mercados, el comienzo de ese
camino de espinas hacia el
déficit cero en 2016 ha puesto en serias dificultades a
grandes países de la Unión Europea, como Italia y España, y
amenaza seriamente a Francia.
“Con deflación, Europa
desaparecerá”
El temor a una recesión profunda se ha colado en la campaña
francesa y ha ido incluso más allá de dejar en la cuneta a
Angela Merkel. Si el primer envite lo dio el candidato
socialista al prometer una
revisión del pacto fiscal europeo si gana las elecciones,
ahora ha sido el propio Sarkozy
el que ha aireado sus dudas.
En su gran mitin del domingo 15 de abril en París, afirmó que
pretende abrir el debate sobre
el papel del Banco Central Europeo y la necesidad de un mayor
apoyo al crecimiento para hacer avanzar a Europa. El
presidente-candidato dijo textualmente que “con deflación,
Europa desaparecerá”.
Con esas palabras, Sarkozy ha puesto en duda incluso el
Tratado de Maastricht, que estableció la lucha contra la
inflación como prioridad absoluta del Banco Central Europeo, y
ha abierto la puerta a un
posible acercamiento a los objetivos de la FED, el
organismo norteamericano que hace las veces de Banco Central
Federal y cuya prioridad es la
estabilidad de los precios y el apoyo al crecimiento económico.
Para impulsarlo, ha sugerido Sarkozy, el
BCE debería prestar dinero a
los bancos centrales a un interés próximo al cero y no limitarse
a recomprar deuda pública en los mercados secundarios
en casos de ataque como los que se están produciendo últimamente
contra las principales economías europeas.
El peligro está en los extremos
Una de las claves de la transformación de Sarkozy habría que
buscarla por su derecha, Para
la candidata del Frente Nacional, Marine Le Pen, la culpa de
todo la tiene el euro y por eso aboga por volver a las
monedas nacionales para evitar unas políticas de austeridad que
considera insoportables. Y con mensajes como este ha conseguido
colocarse en la tercera posición de salida para las elecciones
del domingo, según algunos sondeos.
Algunas encuestas, sin embargo, otorgan este lugar al
líder del Frente de Izquierdas,
Jean Luc Melenchon, que supone una amenaza para
Hollande con un discurso que mezcla
mensajes anticapitalistas y
ecológicos. Su discurso ha calado especialmente entre
los jóvenes y los inmigrantes, colectivos que están sufriendo
especialmente la crisis económica.
Melenchón por la izquierda o Le Pen por la derecha: Si en el
fragor de las pasiones políticas que suelen desatarse en las
primeras vueltas en Francia uno de los dos consigue pasar a la
segunda vuelta es obvio que será el candidato contrario el que
ganará la segunda ronda el día 6 de mayo. Pero ¿se imagina
alguien la posibilidad de que
los dos extremistas desplazaran a los candidatos más moderados
de la izquierda y la derecha?
“A grandes males, grandes remedios” dice el refrán. En
momentos de grave crisis como la que estamos sufriendo
no puede descartarse nada. Fuente