El presidente de Estados Unidos, Barack Obama, quien atraviesa un
momento de baja popularidad, recurrió a Internet y a las redes
sociales para defender sus propuestas para promover el empleo y
estimular la economía del país.
Obama, quien se encuentra en Silicon
Valley, California, en una gira de tres días por el oeste del país
para promover su plan de empleo y participar en actos de recaudación
de fondos, eligió el lunes un formato idóneo para este centro de la
tecnología mundial: una sesión de preguntas y respuestas con los
votantes a través de Internet.
A lo largo de una hora, el mandatario respondió a las preguntas
que le formulaban tanto los presentes en una audiencia de un
centenar de personas como otras planteadas a través de la red social
para profesionales LinkedIn, patrocinadora del evento.
Algunas preguntas le facilitaron defender algunas de las
propuestas que más resistencia han encontrado hasta el momento, como
la subida de impuestos para los más adinerados.
"Señor presidente, ¿podría por favor subirme los impuestos?", le
preguntó un empresario retirado, quien dijo que dejó de trabajar
tras haber logrado una fortuna en el lanzamiento de un buscador de
Internet.
Obama insistió en que su objetivo no es castigar a los más
pudientes, sino recuperar los niveles impositivos de los años
noventa.
Según recordó, en aquella época los impuestos más altos que los
de hoy día no sólo no perjudicaron a la economía, sino que el nivel
de vida se elevó.
"Los ricos se enriquecieron, la clase media se expandió, la gente
salió de la pobreza", subrayó el presidente estadounidense.
Su propuesta para elevar el tipo impositivo a las clases más
altas ha chocado con la fuerte oposición de los republicanos en el
Congreso, que descartan cualquier posibilidad de elevar los
impuestos para hacer frente al déficit presupuestario.
En su lugar los republicanos, espoleados por el movimiento
ultraconservador Tea Party, abogan por recortes drásticos del gasto
público.
En su intervención, el gobernante estadounidense, que buscará la
reelección en 2012 e intenta con estas propuestas granjearse de
nuevo el favor de un electorado que le vuelve la espalda en los
últimos tiempos, también atribuyó en parte la actual mala racha
económica en EEUU a la crisis de la deuda en Europa.
Europa "atraviesa una crisis financiera que está asustando al
mundo", según Obama.
"Intentan adoptar medidas responsables, pero esas medidas no han
sido todo lo rápidas que deberían", agregó el presidente, quien
opinó que en el Viejo Continente "nunca se recuperaron completamente
de la crisis en el 2007 y nunca resolvieron por completo todos los
desafíos que su sistema bancario encaraba".
La crisis, agregó, se ha visto agravada por los acontecimientos
en Grecia, donde los mercados temen que ese país se acabe declarando
en bancarrota y ello tenga un efecto dominó que podría causar una
quiebra en toda la zona euro.
Por ello, se lamentó de que en parte debido a la crisis en Europa
y a la subida de los precios de la energía por los levantamientos en
Oriente Medio, "las economías de todo el mundo no crecen tan rápido
como debieran".
El plan de Obama prevé inversiones en infraestructuras, formación
e incentivos fiscales por valor de $447,000 millones para estimular
la economía, que amenaza con caer en una nueva recesión y que
arrastra un nivel de desempleo del 9.1 por ciento.
Para sufragar este gasto, el presidente estadounidense ha
planteado una serie de propuestas de disminución del déficit
presupuestario que incluye una partida de $1.5 billones en nuevos
ingresos fiscales en los próximos diez
años.
De esa cifra, aproximadamente la mitad provendría de la abolición
de los recortes fiscales aprobados durante el mandato de su
predecesor, George W. Bush, a los hogares que ingresen más de
$250,000 al año.
El formato escogido el lunes por Obama para sus declaraciones no
es nuevo.
El presidente, un gran orador, sabe que uno de sus fuertes es la
capacidad de responder directamente a los votantes, y el uso de
Internet y las grandes tecnologías le aporta un toque innovador más
atractivo para los jóvenes, precisamente uno de los segmentos del
electorado más desencantado con su mandato, según las encuestas.