Frente a la depresión, una de las enfermedades más habituales en
el mundo moderno, se vienen utilizando dos métodos: el psicológico y
el farmacológico. En los casos más graves, los medicamentos pueden
terminar por no tener efecto. Ahora, científicos españoles han
desarrollado una terapia génica que
es más potente que los tratamientos farmacológicos
actuales.
La depresión es un trastorno del estado de ánimo que en sus
formas más severas es capaz de alterar la conducta y reducir la
calidad de vida de las personas que la padecen. Normalmente
se trata a estos pacientes con
fármacos.
No obstante, según un estudio del 2001, tan sólo en el trastorno
bipolar y esquizofrenia resultaba mejor tratamiento el farmacológico
que el psicológico.
Silenciando proteínas
En todo caso, cuando se usan fármacos contra los casos más graves
la respuesta de los pacientes no es suficiente y con el tiempo
desarrollan procesos de
desensibilización al tratamiento, que lleva a
intervenciones terapéuticas más drásticas.
Para evitar ésto, investigadores del
Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) y del
Institut d'Investigacions Biomèdiques August Pi i Sunyer, han
desarrollado una terapia génica.
Consiste en silenciar la expresión de una proteína situada en las
neuronas que sintetizan la serotonina, la sustancia directamente
implicada en el control de los
estados de ánimo. Y es que cuando está activa, está
proteína influye negativamente en la depresión y en los efectos
terapéuticos de los antidepresivos.
El procedimiento propuesto por este estudio –que ha sido
publicado en la revista
Molecular Psychiatry– podría aplicarse como terapia o para
potenciar el efecto de los
antidepresivos en los casos de resistencia a estos
medicamentos.
Más allá de los fármacos
"Los fármacos actúan sobre determinadas proteínas del cerebro,
mientras que este nuevo tratamiento
incide sobre la propia síntesis de la proteína, no sobre su
actividad, por lo que su efecto es mucho más potente", explica el
director del estudio, Francesc Artigas, investigador del CSIC en el
Instituto de Investigaciones Biomédicas de Barcelona.
En el estudio han participado
también el Centro de Investigación Biomédica en Red de
Salud Mental y el Centro de Investigación Biomédica de Enfermedades
Neurodegenerativas, el Hospital Universitario de Bellvitge y la
Cornnell Univertity de Nueva York.