Silvio Berlusconi se desmorona. A pesar de que ya ha ocurrido
otras veces, la mayoría parlamentaria de Berlusconi parece haberse
venido abajo definitivamente este fin de semana en vísperas de la
votación de martes sobre los Presupuestos en el Parlamento.
Tras abrir a la baja en una jornada que se preveía difícil por la
situación en Grecia, las Bolsas europeas comenzaron a subir al dar
crédito a los rumores procedentes de Italia según los cuales el
primer ministro está viviendo las últimas horas en su puesto. La
Bolsa de Milán comenzó a rebotar hasta el 1,3% sobre las 11.15 de la
mañana solo ante el rumor de la dimisión.
A partir de ese momento, la jornada se ha convertido en un tira y
afloja entre la seguridad con que prensa e inversores creen que a
Berlusconi le quedan horas y los esfuerzos del entorno del primer
ministro por negarlo. Dos diarios italianos, Il Foglio y
Libero, dan por hecha la renuncia. Ambos son afines a
Berlusconi y son citados por el prestigioso La Repubblica.
La dimisión la da por hecha el director del diario Il Foglio,
Giuliano Ferrara, un personaje considerado extremadamente cercano al
primer ministro.
Al filo de la 1 de la tarde, la agencia oficial Ansa ha asegurado
que Berlusconi niega que tenga intención de dimitir. El propio
primer ministro lo ha reiterado a través de las redes sociales. Las
Bolsas han seguido subiendo.
En una llamada al diario Libero, además de asegurar de
nuevo que no está pensando en dimitir Berlusconi ha asegurado que
someterá al voto del Parlamento las medidas del plan de ajuste.
"Mañana se votan las Cuentas del Estado en la Cámara, entonces
plantearé una cuestión de confianza sobre la carta presentada ante
la UE y al BCE. Quiero ver a la cara quién intenta traicionarme",
afirmó Berlusconi. "No entiendo cómo han circulado los rumores sobre
mi dimisión. Están faltas de todo fundamento", agregó.
Al filo de las dos y media, Gianfranco Rotondi, ministro sin
cartera, ha declarado según Reuters que se ha reunido hoy con el
primer ministro y que este va a continuar y afrontar las inmediatas
votaciones en el Parlamento. Berlusconi se irá si no tiene mayoría,
ha dicho.
Otros dos diarios, el italiano Corriere della Sera y el
británico Financial Times, aseguran que Berlusconi se
encuentra en Milán reunido en su residencia de Arcore con sus hijos
Pier Silvio y Marina, que administran sus empresas, y con Fedele
Confalonieri, presidente del imperio mediático
Mediaset y
fiel escudero de toda la vida del primer ministro. El diario
británico asegura que en la reunión se está tratando la posible
dimisión.
A pesar de la negativa oficial, desde media mañana los mercados
han entendido que "es el rumor de que Berlusconi va a dimitir el que
está ayudando a matizar las pérdidas", aseguró a Reuters David
Thebault, jefe de la intermediaria Global Trading en París.
El principal factor de presión para el Gobierno de Berlusconi es
la votación, el martes de los Presupuestos. En principio, no cuenta
con mayoría parlamentaria para aprobarlos. Aunque el primer ministro
ya ha solventado situaciones parecidas en otras ocasiones en el
último minuto, las deserciones en sus filas este fin de semana
parecen definitivas. Otro factor de presión es la reunión esta tarde
en Bruselas del Ecofin, donde el ministro de Economía, Giulio
Tremonti, tiene que presentar a los socios un plan creíble de
reformas.
Ante la aparente resistencia del primer ministro, los principales
grupos de la oposición se reunirán este martes en la Cámara de los
Diputados para decidir "una línea común" sobre la votación del
balance de presupuestos y estudiarán la posibilidad de presentar una
moción de censura según informa La Repubblica.
Antes de los acontecimientos de esta mañana, Italia ha sido
durante el fin de semana un puro rumor, una pura intriga en busca de
la respuesta a una pregunta: "¿Cuántos leales le quedan a Il
Cavaliere?". Después de que, la pasada semana, seis diputados del
Pueblo de la Libertad (PDL) firmaran una carta haciendo público y
oficial su divorcio, las últimas noticias apuntan a que otros
diputados -se habla de 20- estarían dispuestos a dejar a su antiguo
patrón en la estacada. Eso, si Berlusconi, un auténtico maestro en
estos menesteres, no consigue convencerlos antes de lo rentable que
les puede resultar mantenerse leales.
De hecho, el primer ministro, que cada fin de semana descansa en
su casa de Milán, se ha quedado esta vez en el romano Palacio Chigi
para ir llamando a capítulo a los traidores. Si bien los últimos
rumores insistían en que el primer ministro estaba haciendo ya
testamento político, él -en su penúltimo hálito de vida política-
seguía insistiendo: "Estad tranquilos. No daré ningún paso atrás".
Lo curioso del asunto es que, con Berlusconi todavía vivo
políticamente, sus hipotéticos herederos no se ponían de acuerdo en
la manera de repartirse la túnica. ¿Un gobierno técnico? ¿Tal vez
uno de concertación? Ni existe solución para el día después ni la
certeza de que el primer ministro haya perdido la mayoría en el
Parlamento. Tanto es así que los periódicos que han sondeado a los
diputados del PDL supuestamente díscolos solo han cosechado un buen
atajo de vaguedades.
Guglielmo Picchi dice: "¿El voto de confianza? Sobre esta
pregunta no tengo ningún comentario que hacer". El piamontés Franco
Stradella reflexiona sobre el hombre a traicionar: "Berlusconi ha
hecho cosas extraordinarias y puede hacer todavía una más. Puede ser
el padre noble y reunir a los moderados, último acto de amor por la
democracia...". No es de extrañar que, si estos son los diputados
que deben apuñalar a Berlusconi, ni los más avezados analistas
políticos se atrevan a pronosticar si el actual primer ministro lo
seguirá siendo al final de la semana o seguirá prolongando su agonía
indefinidamente.
Ante una situación tan desquiciante, el presidente de la
República, Giorgio Napolitano, volvió a apelar a la cordura: "Italia
no puede encontrar su camino en un clima de guerra política. Todas
las fuerzas políticas, sin renunciar a su propia identidad, deben
encontrar la vía de la cohesión". Una llamada a la tregua que, sin
pretenderlo, puede favorecer a Berlusconi. Como puede favorecerlo
otra cuestión no menor. La situación extremadamente delicada que
vive la economía italiana quizás no pueda soportar la inestabilidad
añadida de un proceso político de cambio.
Si las elecciones anticipadas fueron una alternativa unos meses
atrás -Giulio Tremonti, el ministro de Economía, llegó a decir que
España estaba mejor que Italia porque Zapatero había dado el paso-,
ahora tal vez ya no lo sean tanto. Sobre todo porque, llegado el
caso, no parece que la oposición pudiera ser capaz de protagonizar
un vuelco electoral que despejara la situación.
Por tanto, las miradas regresan a Berlusconi. Su ministro de
Economía -según publicó Financial Times- le pidió durante
la cumbre del G-20 que abandonara antes del lunes por el bien de la
economía. El presidente del Congreso, Gianfranco Fini, le dice que
se vaya por su propio bien: "Si renuncia, puede elegir a su
sucesor". Y muchos, casi todos, por el bien de Italia. Una de las
frases que mejor lo resume el daño que Berlusconi le está haciendo a
la imagen de Italia es la de uno de los diputados díscolos, Calogero
Mannino: "En la Primera República, cuando íbamos a las cumbres
europeas, la señora Thatcher se levantaba e iba a saludar a Giulio
Andreotti...". Ahora, le faltó añadir, Merkel y Sarkozy se ríen de
Berlusconi.