Nueva York tendrá una vez más una de las universidades más
modernas del mundo. Un campus de
tecnología punta de 600 kilómetros cuadrados en Roosevelt Island,
que pertenecerá a la universidad Cornell.
Se terminará de construir en
2037, aunque las clases empezarán en edificios provisionales el año
que viene. Y la universidad no es la única beneficiada: la
ciudad de Nueva York recibirá 1.400
millones de dólares (1.070 millones de euros) en impuestos
por esta gran apuesta por la educación puntera. También
se generarán 20.000 puestos de
trabajo durante su construcción y, una vez esté terminada requerirá
a unos 30.000 trabajadores. Una buena inversión en
educación.
Pero el proyecto no es la noticia; es la consecuencia de la
noticia. Porque este proyecto no podía haberse puesto a andar sin
la donación individual más grande
de la historia de Cornell: 350 millones de dólares (267 millones de
euros) de golpe. ¿Y quién ha sido responsable de esta donación? No
lo quiso decir. Se trata de un hombre que pronto cumplirá
30 años regalando donaciones multimillonarias a diversos proyectos
beneficiosos para la sociedad, pero rara vez lo ha admitido en
público.
Hoy, gracias al New York Times, sabemos quién es.
Se trata de Charles F. Feeney, un multimillonario de 80 años que
se graduó en Cornell y que el Times describe como "lo más opuesto
posible a Donald Trump". En 1982, Feeney pasó
su inmensa fortuna, generada por
haber montado las famosas tiendas de Duty Free en las terminales de
los aeropuertos, a una asociación llamada Atlantic
Philanthropies (Filántropos
Atlánticos).
En 1996, vendió su rentabilísimo negocio a una multinacional por
unos 2.470 millones de dólares (1.889 millones en euros al cambio
actual) y de los que él se quedó, según calculó la revista Forbes en
aquella época, con unos 975 millones de dólares (hoy unos 745
millones de euros) en su cuenta corriente. Sumado a otros negocios
que tenía, logró acumular en su asociación unos 3.500 millones
(2.667 en euros, al cambio actual). Y desde entonces no ha parado de
regalar. Su plan es morir en
bancarrota, sabiendo que su dinero está a mejor recaudo por la
sociedad que en manos del notario que distribuya su herencia.
No le gusta posar para los medios, y de hecho muy pocos saben qué
aspecto tiene. Pero quienes le han visto aseguran que
la pobreza, cuando llegue, no le
cambiará mucho la vida. En todos los perfiles que se han
publicado sobre él se comenta que
vive frugalmente no por tacañería, sino por principios.
Vuela en clase turista, viste un reloj de 10 euros, vive en una casa
alquilada y no se ha comprado un coche.
Cuando, en 1996, el New York Times le preguntó por qué
estaba regalándolo todo, Feeney explicó que
"Sencillamente decidí que tenía
suficiente dinero". De ahí que firmara el juramento de Bill
Gates, otro multimillonario famoso por su principio de dar en
vida, de no malcriar a sus
descendientes con dinero que no se hayan ganado y que, en realidad,
no necesitan.
Pero mientras Gates es muy público con sus donaciones (porque,
por su popularidad, puede atraer atención mediática y quizá inspirar
a otros a donar a cierta causa, como su favorita, el hambre en
África), él se guarda el secreto.
De lo poco que se sabe de sus donaciones está que
un centro de salud para niños,
mujeres y enfermos de cáncer en San Francisco (California)
para el que entregó 125 millones de
dólares (95 millones de euros). Ha entregado unos 46
millones de euros a la universidad de Limerick, en Irlanda, donde
también es ciudadano.
Y para su alma mater, Cornell,
ha destinado más de 600 millones (458 en euros) en los últimos años,
sin contar con los 350 de este mes. También tiene su
predilección política: es el mayor donante del partido irlandés Sinn
Fein, el brazo político del IRA. Lejos de fomentar el terrorismo que
ha hecho conocido al IRA en los últimos años, lo que hizo Feeney al
apoyar al partido fue ayudar a trasladar la lucha al terreno
político, al diálogo, y alejarlo de las armas.