Es, sin duda, la imagen de este fin de semana. La crisis es tan
dura y golpea tan fuerte que no se resiste nadie, ni siquiera la
ministra de Trabajo italiana, Elsa Fornero,
que en un ataque de humanidad, se ha derrumbado este pasado domingo
al explicar los nuevos duros ajustes a los que tendrán que someterse
sus ciudadanos.
"Ha tenido un enorme coste psicológico para
nosotros tener que pedir un sacr...", comentaba Fornero,
referente a estas nuevas medidas, antes de comenzar a llorar
desconsoladamente ante la sorpresa de los medios presentes en la
sala de prensa. "Creo que quería decir
sacrificio, como probablemente habrán entendido", salió al quite
inmediatamente Mario Monti.
El Gobierno transalpino ha aprobado un plan de
austeridad de 30.000 millones de euros. De ellos, 12.000
millones a partir de reducir gastos; el resto, aumentando ingresos.
¿Cómo? Retocando las pensiones y aumentando el
número de años necesarios para poder cotizar. Eso es lo que
tuvo que anunciar Fornero, lo que provocó sus lágrimas.
Mientras, Monti, renuncia a la pensión
retributiva como primer ministro y ministro de Economía. Sin
duda, un claro síntoma de que, en primer lugar, para cambiar las
cosas, hay que dar ejemplo. No sabemos si solucionarán su déficit
pero, echando la vista atrás reciente en
Berlusconi, se demuestra al menos que algo está cambiando en
Italia.