El botín más jugoso para un ciber-delincuente en la actualidad
son las contraseñas de los usuarios. Una vez que se ha hecho con
ellas, puede operar con cuentas bancarias ajenas, comprar lujosos
artículos o conocer detalles de la vida de las personas que han sido
timadas.
Internet está lleno de sitios que exigen un nombre de usuario y
una contraseña para poder acceder a ellos. Se calcula que, de media,
solemos tener 25 cuentas abiertas (que van
desde el acceso al banco, pasando por nuestro perfil en Facebook,
nuestra cuenta en Twitter o nuestro correo electrónico). Según una
encuesta realizada en el año 2009 en Gran Bretaña, el
47 % de los hombres siempre usa la misma para
todas las webs, frente al 26 % de las mujeres. Debes saber que
utilizar una clave similar para un montón de sitios es una
temeridad: una vez que los hackers descubren cuál es, estamos
perdidos. Por eso es muy importante utilizar varias contraseñas
alternativas, a pesar de que manejar un gran número suponga un
engorro y un desafío para nuestra memoria.
Nunca hay que utilizar
palabras comunes
Los peores passwords son los formados por series sucesivas de
números, en los que se utiliza la palabra "contraseña" o la del
nombre del sitio al que queremos entrar. ¿Por qué son malos? Porque
son los más usados, esos que los delincuentes prueban primero para
intentar acceder a nuestras cuentas. También son inadecuados los que
contienen nuestro nombre o apellido, las primeras letras del
abecedario o "qwerty", que es la primera fila de letras de un
teclado. Todos muy fáciles de recordar, pero también de sortear.
Si, por ejemplo, nuestra clave sólo está formada por una palabra
del diccionario, por muy rara que sea, también estamos en peligro:
los hackers se sirven de programas que realizan los llamados "ataques
de diccionario" para saltarse las barreras de nuestra
privacidad.
¿Cómo crear una súper contraseña?
Según un estudio de la universidad
Georgia Tech,
los piratas informáticos pueden descubrir las contraseñas de ocho
caracteres en tan sólo 2 horas, mientras que
tardarían cerca de 18.000 años en descubrir un password de doce
caracteres. Por tanto, es recomendable que tenga esa longitud.
Para evitar los 'ataques diccionario', nuestra contraseña debería
estar formada por una combinación de letras (en mayúsculas y
minúsculas), números y símbolos (como @$/#%&). Como ya hemos dicho,
lo ideal es que creáramos una para cada sitio. Y para recordarlas
todas deberíamos tirar de memoria pura. No obstante, como es
bastante complicado memorizar 25 claves de 12 dígitos, podemos
utilizar programas como
Password Safe, una aplicación que las guarda todas y las protege
con un password maestro. Este tipo de soluciones tiene un riesgo
evidente: si un delincuente se hace con él, estamos perdidos. Pero
es que en seguridad informática, en el año 2011, no hay ninguna
solución que sea 100 % segura y eficaz.