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CÓMO DIFERENCIAR ORGASMOS REALES DE LOS FINGIDOS

Algunas se ufanan de poder engañar a la pareja cuando lo desea, otras se sumergen en una marea de mentiras. Nada de esto sucedería si pudiéramos diferenciar los orgasmos reales de los fingidos.

Lo cierto es que el cuerpo reacciona de una manera muy concreta tras un orgasmo verdadero. Si estuviésemos atentos a esos signos sabríamos si nuestra pareja ha tenido un orgasmo o no.

Tales signos son la contracción de los músculos vaginales (o prostáticos) y del esfínter del ano durante el orgasmo y la aparición de un color vinoso característicos en los labios menores de la vulva inmediatamente antes de llegar el orgasmo.

La presencia de la eyaculación masculina, aunque es un reflejo que suele acompañar al del orgasmo, no garantiza nada sobre el placer que está sintiendo el hombre, razón por la que no puede incluirse entre tales signos evidenciadores de orgasmo.

¿Pueden diferenciarse los orgasmos reales de los fingidos?

Algunas se ufanan de poder engañar a la pareja cuando lo desea, otras se sumergen en una marea de mentiras. Nada de esto sucedería si pudiéramos diferenciar los orgasmos reales de los fingidos.

El problema es que cuando se está centrado en las sensaciones eróticas de todo encuentro sexual y en el propio orgasmo, no se tiende a prestar atención a tales reacciones. Entre otras cosas, porque estar pendiente de ellas no haría otra cosa que distraernos y dejaríamos de disfrutar y de complacer a la pareja.

Eso nos deja bastante desarmados a la hora de poder diferenciar entre unos orgasmos (verdaderos) y otros (fingidos). Sobre todo cuando se finge con inteligencia.

Muchos recuerdan a Meg Ryan en una escena de la película "Cuando Harry conoció a Sally" (Rob Reiner, 1989) donde finge un orgasmo. Y todo el mundo alabó esa interpretación. Sin embargo, la actriz no interpretó realmente un orgasmo en aquella escena, sino la imagen que suele tenerse del mismo. Es decir, Meg Ryan interpretó estupendamente un orgasmo fingido. Porque la mayor parte de las mujeres no gritan "¡sí, sí, sí...!" cuando tienen un orgasmo, ni palmean sobre la mesa, ni elevan la voz, ni exclaman "¡oh, oh, oh...!". Debería bastar saberlo para desconfiar de cualquier escenificación orgásmica que respondiera a ese estereotipo.

Los hombres también pueden fingir orgasmos. Si eyaculan sin placer, les basta con decir que han sentido mucho, o resoplar con un poco más de fuerza de lo habitual. Nadie se enterará de la realidad. Y si no eyaculan, tampoco se enterará nadie porque existen formas de evitar que se note la ausencia del semen.

En definitiva, y dando por supuesto que todos somos inteligentes, resulta difícil establecer diferencias entre un orgasmo real de otro fingido, si se hace a conciencia.

La pregunta es: ¿por qué habría que fingir los orgasmos? Resulta extremadamente patético escuchar a personas que se ufanan de la mayor o menor capacidad para fingir que tienen unos u otros. Como si fingir fuera algo positivo. Como si fingir no interfiriera en la sexualidad de los dos miembros de la pareja.

Fingir orgasmos perjudica a todos: al que finge porque se mete en una maraña de mentiras que anula toda posibilidad de poder sentir orgasmos auténticos en el futuro; al engañado, porque se le condena a repetir sus torpezas una y otra vez al creer estar actuando correctamente cuando ni siquiera se aproxima. Fuente

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