La última vez que los mercados apretaron a España a través de la
prima de riesgo de su deuda pública, en abril, bastó con que el
consejero del Banco Central Europeo, Benoit Coeure, recordara que el
programa de compra de bonos “existe” —aunque llevara entonces un mes
sin utilizarse, ahora dos y contando— para que se calmaran los
ánimos. A lo largo de un día en que la palabra rescate y España se
asociaron de forma masiva, y no solo en los mercados, no ha habido
palabras tranquilizadoras del BCE.
Eso sí, las meras especulaciones sobre una hipotética actuación
del Eurobanco contribuyeron al menos a dejar el diferencial de los
tipos de interés con el bono alemán a diez años —la célebre prima de
riesgo— en los 482 puntos básicos al cierre de los mercados. La
sesión había abierto por encima de los 500, una de las fronteras
estadísticas de la zona de rescate.
Hoy se cumple un año de la decisión de los ministros de Finanzas
europeos de aprobar el rescate a Portugal, el último de los países
auxiliados por la UE —en febrero cristalizó el segundo rescate a
Grecia—. El Gobierno portugués pidió ayuda (se le concedió un
préstamo de 78.000 millones) cuando su prima de riesgo rondaba el
nivel alcanzado hoy por la española. Pero los expertos destacan
varias diferencias: la prima de riesgo portuguesa se alcanzó con
tipos de interés superiores al 7%, algo que también ocurrió en los
casos de Irlanda y Grecia. Ahora, el tipo de interés del bono
español ha llegado a situarse en el 6,5%, y es el bajísimo
rendimiento del bono alemán (cercano al 1,5%) lo que determina una
prima de riesgo similar.
El 7% en el tipo de los bonos a diez años es, pues, la referencia
esencial para determinar cuál es la zona de rescate en la
perspectiva de los mercados. Hay, además, otros datos que alejan la
hipótesis más extrema. Al menos, por ahora. El Estado español no
tiene problemas para lograr financiación —el Tesoro tiene cubiertas
más de la mitad de las necesidades de dinero previstas para 2012 y
en las subastas de títulos españoles siempre hay demanda de sobra—,
y se plantea incluso, vía hispabonos, cubrir a las comunidades, con
más dificultades de acceso a los mercados.
Aun así, los expertos coinciden en que si el BCE no se mueve de
forma contundente, la presión continuará y la frontera del 7%
también se alcanzará. “La irracionalidad del mercado durará mientras
quiera el Banco Central Europeo”, mantiene José Luis Martínez
Campuzano, estratega de Citigroup. “España ya ha hecho los deberes,
el BCE tiene que hacer algo, lo que sea”, indicó Ignacio Cantos, de
Atlas Capital, a EFE. Una opinión en la que abundó el presidente de
Kutxabank, el banco de las cajas vascas, Mario Fernández. “Mientras
no se produzca un respaldo, un soporte definitivo del BCE a la deuda
española, las vamos a pasar canutas”, aseguró. Hasta el ministro de
Industria, José Manuel Soria, fue más explícito de lo normal en los
representantes de los Gobiernos europeos, muy respetuosos con la
independencia del Eurobanco: “El BCE debe adoptar una política más
expansiva para que fluya el crédito”.
Por ahora, los representantes del BCE, mucho más preocupados en
azuzar al votante griego para que respalde a partidos prorescate en
las próximas elecciones, como quien oye llover. Hace unas semanas,
el presidente del Bundesbank, Jens Weidmann, marcó la línea a
seguir. “No es el fin del mundo si los tipos a largo plazo de un
país suben del 6% puntualmente”, dijo tras oponerse a más compras de
bonos o una tercera macrosubasta de liquidez, la vía alternativa
ensayada por el BCE para despejar dudas en los mercados y dar tiempo
a soluciones políticas, ajustes presupuestarios y reformas
estructurales.
Ni Mario Draghi, presidente del BCE, ni Jose Manuel Durao
Barroso, presidente de la Comisión Europea, que tuvieron la ocasión
al participar en actos con la prensa, hicieron declaraciones para
calmar la presión de lo
s
mercados contra España. Ambos tienen la ocasión de hablar a través
de sus actos en las próximas semanas. La Comisión debe decidir antes
de final de mes si amplia a España el plazo para reducir el déficit
público al 3%. El BCE se ha involucrado en la evaluación
independiente de la cartera crediticia de la banca española, que
debe estar lista en dos meses. Antes de saber cuáles son las
necesidades reales de capital de la banca, la opción de un rescate
parcial —un préstamo para recapitalizar bancos españoles que
solicitaría el Gobierno a UE y FMI—, es solo una hipótesis de
analistas.
La cuestión es si el BCE quiere despejar esas incógnitas con la
presión de los mercados sobre España al rojo vivo. Si la respuesta
es afirmativa, seguirá haciendo oídos sordos. Si la respuesta es
negativa, comprará bonos —o deslizará que puede hacerlo en cualquier
momento— más pronto que tarde.