Cinco meses después de aquella tremebunda cogida en la cara en la
plaza de Zaragoza a la salida de un par de banderillas a un toro de
Ana Romero, el diestro Juan José Padilla se vestirá de luces este
domingo y se asomará al ruedo de la plaza extremeña de Olivenza para
retomar una carrera que quedó momentáneamente truncada por la
tragedia épica a la que se exponen los héroes del toreo.
Es la señal inequívoca -la de volver a torear perdida la visión del
ojo izquierdo, con la cara encorvada, y el alma hecha jirones- de
que este Padilla está hecho de madera de roble, y su decisión es el
documento que confirma la entereza, la voluntad y la afición de un
torero que, como otros, se ha visto en el trance de superar un largo
y profundo dolor para alcanzar la gloria del reconocimiento.
Porque Padilla es el mismo torero y el mismo hombre que salió aquel
7 de octubre al ruedo maño. Pero ha tenido que ver muy cerca la
muerte para conocer una parte del gozo de la vida. Ya no es el
diestro bullanguero y bullicioso, más conocido por sus largas
patillas y montera a la antigua que por su toreo; ahora es un
referente de la hombría, de la superación, del sacrificio y de la fe
inquebrantable en la consecución de un objetivo que parecía
inalcanzable.
En contra de todos los pronósticos, después de una durísima
convalecencia, Juan José Padilla habrá alcanzado este domingo el
triunfo más grande jamás soñado por un ser humano: el triunfo sobre
la tremenda adversidad que le ha tocado vivir. Estar en esa puerta
de cuadrillas es motivo suficiente para que se le instale en el
escenario de los elegidos.
Y lo va a hacer, además, integrado en un cartel de auténtico lujo,
junto a dos de los toreros que más interés despiertan en la
actualidad: Morante de la Puebla y José María Manzanares, y los tres
lidiarán una corrida de un hierro de lujo: Núñez del Cuvillo.
Sin duda alguna, la plaza de la localidad de Olivenza lucirá un
lleno hasta la bandera para homenajear como merece a un héroe de la
tauromaquia moderna. La expectación, ya se sabe, ha alcanzado unas
cotas insospechadas por la personalidad del torero y las
circunstancias que le rodean.
Pero cuando Padilla dé el primer paso sobre el ruedo, comenzará otra
etapa de su vida torera no menos embarazosa; se ha ganado a pulso
ponerse delante de toros de ganaderías más cómodas; de ésas que, a
veces, humillan y permiten el toreo artístico. Puede decir adiós, al
menos, por el momento, a las corridas duras, las que obligan a
peleas sin cuartel, exigen gladiadores de verdad y te dejan la
garganta seca y el corazón paralizado.
Pero ese regalo que le ha hecho la vida tiene el color de un
préstamo. Es verdad que la gravísima cogida nos ha mostrado a un ser
humano admirable y ejemplar, pero el torero es el mismo. Y mucho
deberá cambiar con el capote y la muleta
para que, a partir de ahora, se gane la admiración vestido de luces.
Este es el segundo e inquietante reto de este gran hombre que el
domingo 4 de marzo, en la puerta de cuadrillas de Olivenza, habrá
salido a hombros por ganarle la partida a la más dolorosa
adversidad.
Los carteles de la feria de Olivenza son los siguientes:
Viernes, 2 de marzo: Novillos de José Luis Marca, para Tomás Angulo,
Tomas Campos y Álvaro Sanlúcar.
Sábado, 3: Toros de Garcigrande, para El Juli, Miguel Ángel Perera y
Alejandro Talavante.
Domingo, 4: (matinal) Toros de Zalduendo, para Enrique Ponce,
Antonio Ferrera y Cayetano. (Por la tarde): toros de Núñez del
Cuvillo, para Juan José Padilla, Morante de la Puebla y José María
Manzanares.