El ser humano necesita sentir que pertenece a un grupo, al punto
que puede sentirse incluido con algo tan simple como la mirada de un
extraño.
Según el psicólogo Eric Wesselmann de la Universidad de Purdue
(Estados Unidos), incluso los desconocidos pueden hacer que alguien
se sienta incluido. ″Hasta aquellas personas que uno no conoce, que
tan solo caminan al lado, tienen un efecto al menos momentáneo de
inclusión si nos miran unos segundos″, afirma.
Y también sucede lo contrario: las personas se pueden sentir
angustiadas o estresadas si un extraño no da cuenta de su presencia.
Se sabe por investigaciones previas que el ser humano solo puede
ser feliz si se siente conectado a los demás, y que incluso se
siente marginado si es dejado de lado por grupos con los que no
quiere tener nada que ver. ″Lo que nos parece muy interesante es que
ahora podemos hablar del poder de la conexión social entre las
personas. Parece ser un fenómeno muy fuerte″, enfatiza Wesselmann.
El especialista enfocó su investigación en averiguar cuan pequeña
debe ser la señal para que una persona se sienta conectada a los
demás.
Para indagar en el tema un investigador se puso a caminar por la
Universidad de Purdue. Al cruzarse con una persona la miraba a los
ojos y, cuando las miradas se cruzaban, sonreía, sostenía la mirada,
o miraba otra cosa detrás de este individuo como si él o ella no
existiera. A continuación, otro investigador se acercaba a esta
persona y le preguntaba: ″En el último minuto, ¿cuan desconectado de
los demás se sintió?″
Las respuestas mostraron que los individuos que se conectaron
visualmente con el investigador, con o sin su sonrisa, se sintieron
menos desconectados que los que fueron vistos como si no estuvieran
presentes.