No se ha inaugurado el rascacielos más alto de la ciudad cuando
ya echa raíces otro llamado a superarlo. Así es Shanghai, paradigma
del milagro económico chino y espectacular telón de fondo para una
de las postales que mejor reflejan el rumbo del Gran Dragón en el
siglo XXI.
Sobre todo al caer la noche, cuando el neón convierte a la zona
de Pudong -al este del río Pu- en el lugar perfecto para que el
aterrizaje de un ovni no llame la atención. Pero tanto hormigón
tiene un precio. Aunque quizá sea mejor decir que tiene un peso que
puede salir caro. Hace ya casi una década que los científicos
certificaron lo que ya se sabía: que uno los grandes problemas que
pueden sacudir a la capital económica del gigante asiático es su
hundimiento.
Las autoridades anunciaron entonces que tenían intención de
reducir el ritmo de
construccióny de restringir el uso de acuíferos subterráneos.
Pero poco se ha hecho al respecto. Desde 1990 se han levantado más
de 3.000 edificios que superan las 24 alturas, y está previsto que
otros tantos se sumen en las próximas décadas. El número se
multiplica por tres si se incluyen las construcciones de más de diez
pisos, y el 80% se ha construido en los últimos 15 años. Y muchos
han sido ideados en superlativo.
No lejos de la futurista -y bastante kitsch-
torreque en 1994 abrió la conquista del cielo en Shanghái, y
junto a la espectacular estructura del
Shanghai World
Financial Center, que actualmente ostenta los récords a la
edificación más alta de China -492 metros- y al mirador más cercano
al
cielo del mundo, ya crece el retorcido esqueleto de la
Shanghai Tower, que alcanzará los 632 metros de altura. Serán
miles de toneladas de hormigón, acero y vidrio que harán más presión
sobre la base esponjosa en la que se asientan. Porque Pudong no es
una roca como la de Manhattan, y los arquitectos tienen que
estrujarse las meninges y diseñar profundos pilares para que los
rascacielos continúen en su sitio. Según el propio constructor del
SWFC, Mori Building, la superficie firme que se encuentra a 100
metros de profundidad se hundió 12 centímetros por efecto de la
estructura, lejos de los 25 centímetros del máximo permitido por la
normativa de la ciudad.
Pero el problema está en que todo el conjunto va hundiéndose
entre centímetro y medio y dos centímetros al año. Si se tiene en
cuenta el nivel al que estaba la tierra en 1860, la subsidencia
[hundimiento paulatino] media es de 4 centímetros al año. Según el
Instituto Geológico de Shanghái, el récord se registró en 1965, un
año en el que el nivel cayó 11 centímetros. En 2007, sin embargo, el
Gobierno aseguró que la ciudad solo retrocedió 6,8 milímetros, un
dato que
disputan otras fuentes. En cualquier caso, y si bien los promotores
de los gigantes de la arquitectura aseguran que sus creaciones están
diseñadas de forma que no agraven el problema, el frenesí de la
construcción sí que tiene un impacto. "No podemos generalizar y
decir que todos los rascacielos tienen la culpa, hay que ir mirando
caso por caso", aseguró a la agencia Reuters Xu Shiyuan, profesor de
Geología de la Universidad Normal del Este de China. "De cualquier
forma, es evidente que el efecto de subsidencia de la tierra es más
agudo allí donde se utilizan más los acuíferos subterráneos y donde
hay mayor densidad de edificios altos".
Si esto se suma al crecimiento del nivel del mar y al hecho de
que Shanghai se encuentra en una franja costera plana, muchos
auguran que el símbolo del milagro chino, que produce en torno al
15% de la riqueza del país y sirve de punto de partida para el 30%
de sus exportaciones, quedará sumergido en algún momento no muy
lejano. Hay previsiones que auguran que será en la década de 2070
cuando se vean los primeros efectos de esta dramática combinación de
factores.
Ese año hasta 2,3 millones de residentes podrían verse afectados
en
Shanghái. Eso sí, habrá que esperar más de cuatro siglos para
que desaparezcan bajo las aguas los últimos pisos de los edificios
más altos.