La no-noticia, pues todo el mundo sabe ya que el jefe del Estado
se iba a presentar, coincide con un ligero repunte del presidente de
la República en las encuestas. Sarkozy marcha entre cinco y siete
puntos por detrás del gran favorito,
el aspirante socialista François Hollande, para la primera
vuelta, y parte con enorme desventaja para el segundo turno (58-42).
Según ha filtrado su equipo, Sarkozy va a justificar su segunda
carrera al Elíseo con la frase “por el pueblo, con el pueblo y para
el pueblo”. La apelación tres veces populista al artículo 2 de la
Constitución encierra varios deseos: proponer una campaña muy
intensa y pegada al terreno; recabar el apoyo masivo de la Francia
profunda y de los electores del Frente Nacional
lanzando mensajes de extrema derecha sobre seguridad, identidad,
inmigración y derechos individuales, y negar la principal
acusación que le hacen sus opositores: que ha gobernado estos cinco
años pensando no en el conjunto de los ciudadanos sino en los más
ricos y los grandes empresarios.
Medidas tan polémicas como las exenciones fiscales a las grandes
fortunas, o el reciente recorte de los costes patronales del trabajo
para compensarlo con una subida del IVA de 1,6 puntos (que entraría
en vigor en octubre, si es reelegido) parecen confirmar esas
críticas, pero ahora toca hablar a los 65 millones de franceses para
revertir los sondeos y llegar en cabeza a la primera vuelta, que es
el primer objetivo de los dos favoritos.
Poco a poco, los sondeos han ido decantando la cita del 22 de
abril como un duelo a dos, y han
alejado tanto a Marine Le Pen (17,5% en los sondeos) como al
centrista François Bayrou (12,5%) de una posible sorpresa, aunque
ambos serán decisivos cuando ya no estén, en la segunda vuelta.
La intención de voto parece consolidada, y aunque aun hay un 38%
de indecisos, parece evidente que el partido final será derecha
tradicional contra izquierda clásica. Pero Sarkozy ha arengado hoy a
sus diputados diciendo: “No será derecha contra izquierda, la
elección se ganará con el pueblo”.
De momento, Le Pen no ha encontrado las 500 firmas de alcaldes
obligatorias para presentarse a las elecciones, pero todos cuentan
con que lo hará finalmente. Sarkozy sabe que su suerte en la primera
vuelta dependerá de la conquista de ese 30% de franceses silenciosos
que desconfían del euro, de Europa, los inmigrantes, los partidos y
la globalización. Se anuncia una nueva medida: la creación de un
inquietante Ministerio de Identidad Nacional.
El martes, el inquilino del Elíseo hizo su último desplazamiento
como presidente de la República. Visitó junto a 80 periodistas una
planta fotovoltaica en quiebra, Photowatt, y anunció que el gigante
público EDF absorberá a los 450 trabajadores que van a perder su
empleo. Encarnar el papel de presidente salvador, pese a que durante
su mandato se han perdido 750.000 empleos industriales y un millón
neto de puestos de trabajo, es solo uno de los ejercicios de
funambulismo que Sarkozy deberá hacer para evitar que su propio
legado devore sus posibilidades de reelección.
La ofensiva será especialmente agresiva esta primera semana. El
nuevo candidato planea dar su primer mitin el jueves ante 3.500
personas en Annecy, inaugurar el sábado su cuartel general en el
distrito XV de París (el más pijo de la capital), y cerrar el
domingo con una demostración de fuerza en Marsella, una de las zonas
del país más azotadas por la inmigración, la inseguridad ciudadana y
el paro, y por tanto un gran vivero de votos del Frente Nacional.
Virando todo a estribor, el presidente ha prometido que convocará
dos polémicos refrendos populares (sobre la prestaciones del
desempleo y los derechos de los extranjeros), y ha intentado
encandilar al electorado más reaccionario subrayando, como hizo en
2007, las raíces cristianas de Francia y descartando reformas como
el derecho de voto a los inmigrantes, el matrimonio homosexual, la
adopción por parejas del mismo sexo y la eutanasia.
Sarkozy trabajará con su equipo de asesores del Elíseo, lo que
convierte casi en testimonial la aportación del su partido, la UMP,
y llamará a los franceses a abrazar en esta hora histórica los
viejos valores francofranceses que, paradójicamente, hoy
encarna Alemania: trabajo, autoridad, responsabilidad.
Otra baza será el uso de los atributos personales -espontaneidad,
sinceridad, experiencia, astucia- para presentarse como el único
candidato fiable, el timonel que mantiene el rumbo en medio de la
tormenta perfecta. Sarkozy confía en diferenciarse así del frío
tecnicismo que simbolizaría el ‘enarca’ (licenciado en la Escuela
Nacional de Administración) e inexperto Hollande, a quien retratará
como “el candidato del sistema”.
En marzo, Sarkozy editará el libro que ha escrito durante los
últimos meses. Al parecer, le ha salido tan íntimo que está siendo
reescrito por Emmanuelle Mignon, la redactora del programa de 2007.
Según Le Monde, Mignon ha sido rescatada in extremis, con
la esperanza de reencontrar la química popular que llevó a Sarkozy a
la victoria hace cinco años.