Vivimos rodeados de información. En estos tiempos de internet y
con la apertura de las tecnologías informáticas puestas a
disposición de todo el mundo, el exceso de información puede ser
igual o más perjudicial que la ignorancia. A diario vivimos
bombardeados por mitos y leyendas urbanas que se convierten en
virales y que hacen muy difícil distinguir qué es cierto y qué no lo
es.
Por ejemplo, hasta hace poco pensábamos que el chocolate o el
café eran malos y, sin embargo, estudios recientes han demostrado
que, en dosis adecuadas, son muy beneficiosos para el cuerpo humano.
Lo mismo ha pasado con el vino o el aceite, que, de ser denostados
hace unos años, se han convertido en imprescindibles en muchas
dietas equilibradas.
Y seguro que casi todos habéis oído algo sobre "El
efecto Mozart". Incluso se vendían CDs con música del
genio de Salzburgo que hacían que los bebés crecieran más despiertos
e inteligentes. Pero... ¿Es cierto
que escuchar la música de Mozart nos hace más inteligentes?
Pues lo cierto es que nos hace igual de inteligentes que escuchar
la música de Julio Iglesias o de Britney Spears.
No obstante, y a diferencia de otros mitos urbanos de los que se
desconoce con seguridad su origen, la noticia viral sobre la
inteligencia y
Mozart podemos localizarla fácilmente en 1993, cuando un equipo
conjunto de neurocientíficos de la Universidad de California y de
Wisconsin publicaron
un artículo en la Revista Nature en el que aseguraban que
escuchar la música de Mozart aumentaba los resultados en test de
razonamiento.
El experimento contó con la participación de 36 estudiantes a los
que se exponía durante 10 minutos a la sonata para dos pianos en re
mayor K.448 de Mozart, mejorando sus habilidades cognitivas y
espacio-temporales.
Aquellos resultados calaron en el público en general, atraídos
por la idea romántica de que escuchar la bella música del
autor del Requiem en Re menor les haría más inteligentes.
Sin embargo, desde aquel año 1993 hasta la actualidad,
el experimento se ha realizado en
multitud de ocasiones y no se ha vuelto a producir ningún resultado
similar. Incluso en el año 2010 se volvió a intentar un
nuevo experimento con más de 3000 personas, y los resultados fueron
concluyentes: Escuchar a Mozart no
te hace más inteligente.
También hay que aclarar que esto no significa que escuchar música
no pueda darle un pequeño empujón a nuestro cerebro. Por lo general,
cuando nos encontramos en un buen ambiente escuchando música
agradable nuestro cerebro libera
dopamina, que nos ayuda a mejorar la cognición y la atención. Pero
en realidad, y como dicen en
Popular Science, poco importa que la música provenga de Mozart o
del mismísimo Justin Bieber.