Los neumáticos más modernos y tecnológicos actualmente son los
que ahorran energía, gracias a la disminución de la fricción con la
carretera (energy saber) y los que nos permiten circular un cierto
número de kilómetros aunque hayamos sufrido un pinchazo (run flat).
Son el resultado de la inversión de grandes cantidades de dinero en
I+D por parte de las principales empresas que se dedica a la
fabricación de neumáticos.
Pero la rueda no para y los ingenieros siguen investigando para
desarrollar nuevas tecnologías sorprendentes que llegarán a nuestras
carreteras en el plazo de unos años. Una de las más apuestas más
fuertes de los fabricantes de cubiertas son los neumáticos sin aire
(aireless, en inglés).
Sin aire
La primera propuesta de este tipo fue el Tweel de Michelin, que
se presentó hace unos años y que se ha seguido desarrollando y
mejorando desde entonces. Recientemente, Bridgestone se ha sumado a
esta tendencia con su prototipo Aireless.
En ambos casos, la parte principal del neumático sigue siendo la
banda de rodadura, pero, en lugar de envolver una cámara de aire,
está sostenida por una estructura de laminillas fabricadas a base de
resinas termoplásticas que son las que soportan el peso del
vehículo, aportando un rendimiento y estabilidad similar a los que
proporcionan las actuales cámaras de aire.
Con estos nuevos neumáticos ya no existirán los pinchazos, pero
tampoco el riesgo de circular con un neumático poco inflado o con
demasiada presión. El estado de la rueda siempre será el óptimo para
la carretera.
Además, los fabricantes señalan que este tipo de cubiertas serían
más ecológicas, porque este compuesto se degrada con más facilidad
que las tradicionales ruedas de caucho.
Ciber-neumáticos
Otra tendencia de futuro son los neumáticos inteligentes, que
serían capaces de tener en cuenta las circunstancias de la
conducción (temperatura del asfalto, velocidad, características del
trazado, etc.) y el estado del neumático (temperatura, profundidad
del dibujo, desgaste o superficie de contacto) para adaptarse a cada
uno de estos factores, ofreciendo un rendimiento óptimo en cada
caso.
Los sensores enviarían todos estos datos a un miniordenador situado
en la carcasa del mismo neumático, que los analizaría y los
utilizaría para realizar pequeñas modificaciones que contribuyeran a
mejorar el comportamiento de las ruedas.
De este modo, se podrían solucionar problemas de tracción o
estabilidad y se podría interconectar con el ABS y con otros
sistemas de seguridad del vehículo. Pirelli está estudiando esta
tecnología y afirma que estaría disponible para 2013.