CONOCE LOS CHEQUEOS MEDICOS QUE DEBÉIS HACER
EN CADA EDAD
Vivimos en una época en la que se entiende que
el valor de la medicina no reside
tanto en la curación de las enfermedades como en su prevención.
Sabemos de la importancia del diagnóstico precoz, de los
antecedentes familiares y de los factores de riesgo propios de cada
persona pero, ¿cuando deberíamos
comenzar a hacernos revisiones? ¿A partir de que edad están
recomendados los chequeos o, al menos, la realización de las
distintas pruebas que nos indiquen cuál es nuestro estado de salud?
De la mano de la doctora Inmaculada Colina, de la Unidad de
Chqueos de la Cínica Universidad de Navarra y el Doctor Miguel Ángel
Bufalá, jefe de la Unidad de Chequeos de la Clínica USP San José,
vamos a conocer qué exploraciones
son recomendadas en cada tramo de edad para las mujeres.
Pero antes, debemos recordar que cualquier revisión o chequeo debe
ser realizado por un profesional que haga una historia clínica
rigurosaen la que se tenga muy en cuenta los antecedentes familiares
cardiovasculares y endocrinometebólicos de la mujer, así como
aquellos antecedentes que tengan componentes genéticos demostrados,
como los cánceres de colon, mama, útero y ovarios.
ANTES DE LOS 20 AÑOS
Salvo excepciones, poco hay que chequearse antes de esta edad:
no suele haber enfermedades dignas de atención, aún no ha
llegado el momento de los embarazos y el cuerpo todavía no tiene
achaques. De todas formas,
los expertos consideran una lástima que se hayan suprimido
las revisiones médicas escolares, que servían para empezar
a controlar los problemas
relacionados con el peso –pensando en prevenir tanto la
obesidad como la anorexia–, para
revisar los sentidos –vista y oído, principalmente– y para
descartar la existencia de
alguna alteración cardiológica seria. Esto último es especialmente
interesante si la niña o
adolescente juega a algún deporte de competición. De hecho,
toda niña federada debe
pasar una revisión –con electrocardiograma incluido– que garantice
que está en condiciones de realizar esa actividad. A esta edad
también es esencial hacer hincapié en
tener actualizado el calendario
vacunal y conservar lo que se conoce como "agenda de
vacunación", es decir, un cuaderno en el que se recoge cómo y cuándo
nos hemos vacunado. Una medida interesante encaminada a evitar
malformaciones en los futuros embarazos es, a partir de los 15 años,
hacer un control de anticuerpos de
las enfermedades víricas que se hayan podido pasar.
Asimismo, las jóvenes deben estar vacunadas de
hepatitis B y, para prevenir el cáncer de cuello de útero,
del virus del papiloma.
ENTRE LOS 20 Y LOS 30 AÑOS
A esta edad, la diferencia entre las hay pruebas que se deban hacer
unas mujeres u otras vendrá marcada
por los antecedentes familiares, y no solo en patologías
ginecológicas sino también enfermedades cardiovasculares y
endocrinometabólicas. Así, siempre
que exista un factor de riesgo, el médico de atención
primaria recomendará controles más exhaustivos y de mayor
frecuencia.
Dicho esto, en el mundo occidental
hay una analítica estándar
para las mujeres de esta edad: se trata de la prueba de
Papanicolau, es decir, una citología para descartar el cáncer de
cérvix. Las guías clásicas señalan que esta prueba debe hacerse a
los 20 años, pero, realmente, el protocolo es el siguiente:
una vez que se tienen relaciones
sexuales, se dejan transcurrir tres años y se hace la citología;
así, si la joven ha tenido relaciones a los 15 años, deberá hacerse
la prueba a los 18. En caso de que no haya habido contacto sexual,
hay que iniciar las citologías a los 21 años. En esta franja de edad
es recomendable hacerse la primera
ecografía ginecológica, que servirá para comprobar que todo
está bien y será un referente para ecografías futuras. A partir de
ahí, el seguimiento de la joven
dependerá de sus factores de riesgo y de si el ginecólogo
ha visto o no algo en esa primera exploración. Si no ha habido
ningún hallazgo, las revisiones
pueden realizarse cada dos o tres años. En cuanto a la
mamografía, solo se realizará a esta edad si existen factores de
riesgo o antecedentes familiares. También es el momento de acudir al
médico de familia para que nos haga una
exploración física –con
auscultación y toma de tensión arterial– y nos prescriba una
analítica básica en la que se vea cómo están los
niveles de lípidos y de colesterol,
así como la función tiroidea y la
glucosa. Son pruebas sencillas que detectan ciertas
tendencias y, así, permiten prevenir posibles problemas. De hecho,
ya en esta década la tensión arterial es muy importante, y si una
joven tiene una tensión sistólica superior a 13,5 deberá comenzar a
vigilarla y controlarla. En ausencia de síntomas, esta exploración
puede realizarse cada tres años. Por supuesto, en esta década se
debe continuar con las revisiones
odontológicas y oftalmológicas, que no tienen por qué ser
anuales, pero sí han de tenerse en mente y acudir a ellas. Y
hay que comenzar a mirarse la piel:
si se ve una lesión cutánea, un nevus, un lunar o una mancha que
surja repentinamente... hay que consultar al dermatólogo.
ENTRE LOS 30 Y LOS 40 AÑOS
Esta es la década en la que es conveniente hacernos
un electrocardiograma, una
radiografía de tórax y una ecografía abdominal. Aunque no
hay criterios médicos que digan cuándo es el momento exacto para
hacerse estas pruebas, sí debemos tenerlas hechas por dos razones:
la primera, porque nos dan
información acerca de cómo estamos; la segunda, porque, en
un futuro, nos servirán de guía
para detectar alteraciones.
Es importante comprobar la función
tiroidea cada cinco años y, de cara a prevenir diabetes,
especialmente si la mujer tiene sobrepeso, hemos de vigilar cómo
está la glucosa. Este es también el momento en que habitualmente,
las españolas suelen empezar a tener hijos.
Si no hay ningún problema médico, como sufrir diabetes o
hipertensión, no se requerirán los
chequeos ginecológicos previos al embarazo más allá de una citología
y una ecografía. Otra cuestión es si la mujer tiene algún
factor de riesgo añadido, en cuyo caso el ginecólogo puede solucitar
alguna otra prueba complementaria.
En términos generales, en esta edad
no deberían haber grandes trastornos, de forma que puede
bastar con los chequeos que habitualmente hacen las empresas, en los
que revisa la vista, el oído y se hace la analítica básica.
DE LOS 40 A LOS 50 AÑOS
Es todavía una década tranquila si bien
pueden ir apareciendo problemas de
salud. Por ello las analíticas que nos hagamos deberán ser
más completas y vigilar
especialmente el balance lipídico –triglicéridos y
colesteroles–, la glucemia, la
tensión y la función tiroidea. A partir de los 40 es cuando
empiezan a ser interesantes las
radiografías, electros y ecografías que nos hicimos en años
anteriores para comprobar si ha
habido alteraciones.
Hay que destacar que es esencial que si una mujer va a comenzar a
hacer deporte y está
desentrenada, deberá realizarse un
electrocardiograma para prevenir posibles accidentes
cardiovasculares.
Por otra parte, si la mujer es
fumadora debería hacerse una espirometría para comprobar si
hay indicios de EPOC (enfermedad pulmonar obstructiva crónica), una
patología grave en la que el diagnóstico precoz mejora el
pronóstico. En esta década
comenzaremos también con las mamografías. Aun cuando los
protocolos indican que deben realizarse a partir de los 50 años
muchos especialistas las prescriben desde los 40, con una
periodicidad bianual. Estos suelen ser los años en los que
hace su aparición la presbicia.
Los expertos recomiendan acudir al
oftalmólogo no sólo para corregir los problemas visuales,
sino también para detectar
precozmente alteraciones, como hipertensión ocular,
retinosis o enfermedades de la mácula.
A PARTIR DE LOS 50 AÑOS
Ahora los chequeos cobran sentido especialmente porque
detectan los riesgos
cardiovasculares y tumorales. En relación a los primeros,
debemos recordar que, pasada la menopausia,
la mujer pierde la protección de
los estrógenos y se va progresivamente igualando al varón
en riesgo cardiovascular. En ausencia de factores de riesgo,
un electro será suficiente;
ahora bien, si el especialista detecta arritmias, soplos,
hipertensión u otros problemas, podrá recomendar algo más
específico, como una prueba de esfuerzo, una ecografía de corazón...
En cuanto a la prevención o diagnóstico precoz de tumores,
a partir de los 50 años hay que pensar en la conveniencia de hacerse
una colonoscopia
o tres determinaciones seriadas de sangre en heces. Con estas
pruebas se detecta si la mujer tiene
pólipos en el intestino,
para eliminarlos antes de que puedan malignizarse. Con respecto al
cáncer de mama, igual que no hay consenso en cuanto al
momento de comenzar a hacerse las
mamografías, tampoco lo hay en cuanto a la periodicidad ni
acerca de cuándo dejar de
hacérselas. De forma general, deben
hacerse cada dos años, y, pese a que las guías apuntan a
que a partir de los 75 años ya no es necesario continuar, los
expertos advierten de que la posibilidad del cáncer continúa pasada
esta edad. En cuanto a las
citologías, se deben seguir haciendo
cada dos o tres años. De
cara a la prevención de la
osteoporosis, las guías clínicas apuntan la conveniencia de
hacerse densitometrías (que indican cuál es el nivel de
riesgo de fracturas óseas) a partir de los 65 años, si bien muchos
expertos las recomiendan entre tres
y cinco años después de la aparición de la menopausia.
Respecto a las analíticas,
estas deben ser más exhaustivas,
añadiendo una prueba de screening como la proteína C reactiva
ultrasensible, que indica si está sufriendo el endometrio. También
en esta edad pueden aparecer
problemas de incontinencia. No debe darnos reparo
comentárselos al médico, se trata de
patologías muy frecuentes tras la
menopausia y no hay por qué sentir vergüenza por ello. Fuente
|
Compartir este articulo : | | | | |
|
|