Aunque les demos el mejor entorno para desarrollarse,
esa autoestima empieza a
debilitarse cuando alcanzan los 9 años
de edad.
Según los expertos del
NYU Child
Study Center, la pubertad empieza en las niñas entre
los 9 y 11 años. Es el momento de fijarse bien y ayudar a reforzar
la autoestima, como explica la blogger
Julie Gilkay, quién además
ha consultado a expertos que trabajan en grupos de apoyo con niñas
de esa edad.
"Lo primero que sucede son los
cambios en sus cuerpos, y éstos no son fáciles de aceptar",
subraya Gilkay. Luego, empiezan a hacer mucho más caso a sus
entornos (amigas del colegio) que a sus padres. Si alguien les dice
"te ves fea con ese pelo", probablemente se lo crean. Tampoco ayudan
los mensajes que reciben a través de los medios, revistas y series
de televisión, entre otros, ya que siempre tienden a remarcar la
belleza exterior como valor supremo.
Otro peligro que se produce durante su maduración, es la de
buscar consejo donde no deben. Cuando no se tienen referentes
sólidos, las niñas pueden confiar en los mensajes de cualquiera a
través de Internet y redes sociales.
¿Cada vez somos más precoces?
Pero también destaca que la huella que dejamos en nuestras hijas
es mucho más profunda de lo que creemos, según los psicólogos.
Nosotras debemos ser un 'modelo'
para ellas: de valores, de comportamiento, y de autocuidados.
Tenemos que educar a nuestras hijas
sin perder la calma.
Para reforzar su personalidad en esos momentos de cambio,
éstas pueden ser unas pistas útiles:
- Aprovechamos para hacerle ver el lado "amargo" de la
amistad, los esfuerzos que supone mantenerla: las amistades
pueden ir y venir en sus vidas a lo largo del tiempo.
- Ayudarle a ganar capacidad de decisión: enseñarle a tomar
una decisión por sí mismas y afrontar nuevos retos. Prestarle
bases sólidas para evaluar beneficios o desventajas.
- Proporcionarle un entorno seguro, en el que puedan
expresarse con libertad, hablar de sus sentimientos, compartir
sus dudas. Si no puedes construir con tu hija ese entorno
(incluyendo, quizá, a otras niñas), puedes confiar en alguna
mujer cercana: vecina, tía o socioeducadora.
- Aprender a conocer a nuestra hija en profundidad: nunca es
suficiente lo que sabemos de ella.
- Darle todo el tiempo que podamos: a menudo, cuando los vemos
ganar autonomía, dejamos de entregar tiempo a nuestros hijos.
Nunca es demasiado.
- Respetarse a sí misma: Una de las cosas más complicadas de
alcanzar. Una de las tareas a nuestro alcance es enseñarles a
detectar los mensajes fraudulentos de los medios.
- Ser su fan número uno: Nunca se le recuerda suficientes
veces las cualidades buenas que posee. Aunque a veces parezca
que nuestra hija 'pasa de nosotras', somos su apoyo más
importante. Fuente