Entre estos nuevos actores, los cuatro que componen los llamados
BRIC -Brasil, Rusia, India y China- son los alumnos más adelantados
en lo económico (representan un tercio del PIB global y
representarán casi la mitad en 2020, según un informe del Egmont
Institute) y los que con más vehemencia exigen una mayor cuota de
participación política.
La expectación ante las elecciones brasileñas (el ganador se decide
en segunda vuelta el 31 de octubre) o las cíclicas minicrisis entre
occidente y China (las últimas a raíz de su política monetaria y
humanitaria) ejemplifican lo entretejido de las relaciones
internacionales tras el fin de la 'década perdida'. Una década que
comenzó, precisamente, con la acuñación del término BRIC y la
presentación en sociedad de la futura 'Asia emergente'
BRIC, una 'creación' de Goldman Sachs
En 2001, un economista de Goldman Sachs publicó un artículo que
cantaba las bondades de cuatro grandes países emergentes y los
aglutinaba en un acrónimo -BRIC- estrictamente económico y, por
aquel entonces, sin connotaciones políticas. Casi diez años después,
los BRIC celebraron su primera cumbre con aspiraciones
geoestratégicas. Fue en la ciudad rusa de Yekaterinburg, en junio de
2009, en plena crisis.
Además de diversos acuerdos energéticos, los cuatro países emitieron
una declaración conjunta en la que reclamaban mayor presencia en las
Instituciones Financieras Internacionales; es decir, mayor poder de
decisión global.
Pero lo cierto, todavía hoy, es que su débil coordinación (los BRIC
no están vinculados entre sí por ningún tratado internacional) y la
heterogeneidad de sus sistemas políticos -Brasil e India son
democracias, Rusia una plutocracia y China una dictadura
turbocapitalista- lastran sus posibilidades de funcionamiento como
bloque.
Presencia en instituciones internacionales
La crisis económica ha reventado las costuras de la comunidad
internacional. Pero que EE UU no comande el mundo en solitario no
implica que su declive sea inexorable e instantáneo; que China ya
sea la segunda potencia económica no restablece el equilibrio
perdido en 1991 sino que añade un engranaje más a la maquinaria de
cumbres, rondas y asambleas.
De los BRIC, sólo Rusia y China son miembros permanentes del Consejo
de Seguridad
La llamada multipolaridad asimétrica -el poder está diversificado
pero irregularmente distribuido- puede llegar a ser más democrática,
pero no más fácil de gobernar. En esta coyuntura tratan de buscar su
sitio Brasil, Rusia, China e India.
De los cuatro BRIC, sólo Rusia y China son miembros permanentes del
Consejo de Seguridad de Naciones Unidas (ONU), a pesar de que India
-no así Brasil- cuenta con armamento nuclear.
En relación con la OCDE, ninguno de los estados del cuarteto es
miembro de pleno derecho de la organización, si bien Rusia mantiene
un estatus especial como país candidato y las demás tienen lazos de
cooperación con el resto de los 33 países que la conforman.
En el seno del FMI, el equilibrio de fuerzas es más complejo. La
evidencia de los últimos años es que la reforma de esta institución
clave de la gobernanza mundial será farragosa y lenta, a pesar del
reciente anuncio de la cesión de poder a los países emergentes.
El sistema de cuotas que está en la base de su funcionamiento
(determina aspectos básicos como las votaciones o los préstamos) y
que controla el Directorio Ejecutivo sólo se ha reformado en dos
ocasiones desde su fundación.
Pese a que el sistema pasa por ser proporcionado, los BRIC, y sobre
todo China, están infrarepresentados en él. Mientras que EE UU y la
UE representan el 49%, Brasil, China, Rusia e India juntos apenas
llegan al 10%.
Con la reforma, anunciada este pasado fin de semana, los países
europeos dan su brazo a torcer y ceden poder de voto -un 6% más- a
las economías emergentes. Esto significará, entre otros cambios, que
China se colocará como tercer país más influyente por porcentaje de
votos, tras EE UU y Japón, y por delante de Alemania o Reino Unido.
En otra de las instituciones de Bretton Woods, el Banco Mundial, el
reparto de poder -tan cuestionado históricamente como en el FMI- ha
sido varias veces modificado. La última, en abril de 2010.
Entonces, los países miembros alcanzaron un acuerdo preliminar para
cambiar en un 3,13% el poder de voto para otorgar mayor peso a las
economías en desarrollo. Un acuerdo gracias al cual China, uno de
los países más beneficiados, superó en poder de voto a Alemania,
Francia y Gran Bretaña.
Por último, en cuanto al G-20, que no es organismo sino un foro de
cooperación, los cuatro BRIC toman parten en sus reuniones anuales
(la de este año tendrá lugar en Corea del Sur el 11 y el 12 de
noviembre). Ha sido precisamente en una ronda preparatoria de esta
cita donde los ministros del G-20 han acordado los cambios en la
estructura de poder del FMI comentados con anterioridad.
LOS BRIC UNO A UNO
BRASIL
El Brasil de la era poslula tiene motivos para el optimismo. El
nuevo presidente que salga de las elecciones de este próximo domingo
heredará un país, la locomotora de América Latina, con unas tasas de
crecimiento económico muy por encima de sus vecinos (un 7% este año,
según el FMI) y superiores también a las de la UE y EE UU.
Heredará, además, una nación con una democracia consolidada, una
pujante clase media (que seguirá creciendo durante la próxima
década) y un horizonte de grandes eventos de masas, como el Mundial
de Fútbol, que se celebrará en 2014, y los Juegos Olímpicos, que
tendrán lugar dos años después, que le servirán para vertebrar el
país, fortalecer la economía y mejorar la proyección internacional.
El horizonte, en general bastante despejado, esconde algunos
nubarrones en forma de corrupción recurrente, bolsas de pobreza
enquistada y sobreexplotación desordenada de los enormes recursos
naturales con los que cuenta.
RUSIA
Rusia crecerá este 2010, según datos de su propio Gobierno, por
encima del 4%, y su déficit no superará el 3,4%. Pese a existir
fuertes desequilibrios en la distribución de la renta, parece que el
problema de Rusia no es ya el de la salida de la crisis. Es más,
algunos analistas apuntan un futuro más que prometedor: dentro de
una década el país podría convertirse en el más poderoso
económicamente de Europa.
Encuadrada dentro de lo que se ha llamado el Asia emergente pero al
mismo tiempo parte fundamental de occidente, Rusia mantiene respecto
a Europa y EE UU una posición de calculada ambigüedad. La difícil
relación con sus ex satélites de época soviética, el solapamiento
entre los poderes económico y político y las airadas reclamaciones
de la oposición para que el país avance por la senda democrática,
provocan el recelo internacional.
INDIA
Es la mayor democracia del planeta (1.156 millones de habitantes,
según datos de la CIA). Un título que en ocasiones oculta las
carencias de un gigantesco país, el séptimo en el mundo en extesión,
cuyos fuertes desequilibrios sociales, amenazas terroristas y
conflictos fronterizos (con el vecino Pakistán, por la región de
Cachemira) siguen sin encontrar los cauces de resolución
definitivos.
India, cuyas tasas de crecimiento - un 8,5% en 2010- la sitúan como
el segundo país -tras China- dentro del continente asiático, sigue
siendo mayoritariamente una nación agrícola (el sector primario
ocupa más del 50%), con una industria débil y una red de transportes
deficiente. Además, el 25% de su población sigue sumida en el nivel
más bajo de pobreza.
A su favor, el país tiene una situación demográfica inmejorable (con
una población bastante más joven que la china) y un sistema político
democrático con la suficiente legitimidad para cohesionar a la
naciente sociedad civil.
CHINA
De China llegan dos tipos de noticias que parecen contradecirse. Por
un lado, su crecimiento económico, que ha sido casi del 10% en el
último trimestre. Por otro, las contradicciones internas de un
régimen dictatorial que se alimenta del libre mercado con el mismo
celo con que reprime las opiniones disidentes dentro del país (y
censura lo que considera ataques de Occidente, como la concesión del
Nobel de la Paz a Liu Xiaobo).
El país lleva varias décadas experimentando una férrea ortodoxia
comunista en lo político y un pujante capitalismo en lo económico.
Una estrategia que le ha permitido obtener la legitimidad
internacional -o, al menos el respeto de las grandes potencias- por
la vía de yuan, su cada vez más floreciente y voraz moneda.
Pero, incluso para China, no todo son buenas noticias. Su población
(fruto de la política del 'hijo único') envejece más rápido que la
del resto de BRIC, lo que podría lastrar su crecimiento en el
futuro. Su opaca clase política no estimula el establecimiento de
una sociedad civil fuerte y una justicia social arraigada. Hasta
ahora, la promesa de un progreso y bienestar económico imparables ha
favorecido el inmovilismo de los dirigentes del PCCh. Quizá no vaya
a ser así siempre.