En 1951, la ONU empaquetó tres provincias desérticas en un solo
país llamado Libia y reconoció su independencia, con el único fin de
que ni Estados Unidos ni la Unión Soviética instalaran bases
militares en ese vacío arenoso estratégicamente situado en mitad del
Mediterráneo. Nadie era optimista sobre el futuro libio.
La ONU envió a un economista, Benjamin Higgins, para que
estudiara posibles formas de desarrollar la joven nación, y recibió
un informe descorazonador: "Libia combina en un solo país
prácticamente todos los obstáculos al desarrollo que pueden
encontrarse en el planeta: geográficos, económicos, políticos,
sociológicos y tecnológicos; si Libia puede alcanzar un crecimiento
sostenido, ningún país ha de perder la esperanza".
Muamar Gadafi era entonces un niño beduino de nueve años que
pastoreaba camellos y pensaba sobre Libia lo mismo que los libios:
nada. Dos históricas regiones del desierto, Tripolitania y
Cirenaica, habían sido ensambladas con una tercera prácticamente
deshabitada, Fazan, pero la gente, poco más de un millón de
personas, ignoraba en qué consistía una nación. La brutal
colonización italiana había exterminado a un tercio de los
habitantes, había impedido que los nativos participaran en la
Administración o los negocios y solo había conseguido fomentar un
odio profundo hacia los funcionarios y hacia cualquier cosa
relacionada con el Estado, es decir, con la opresión externa al clan
tradicional.
Al frente del país fue colocado un rey, Idris, del clan cirenaico
Sanusi. Idris no quería reinar y no reinó: pasó 18 años evitando
tomar decisiones. Le espantaban tanto la ambición y la corrupción de
su familia que en 1969, cuando un grupo de jóvenes militares ejecutó
un golpe incruento y le derrocó, se estableció en Egipto pensando
que era lo mejor para él y para Libia.
Los nuevos líderes del país, encabezados por el capitán Muamar el
Gadafi, de 27 años, no tenían otra ideología que el panarabismo
socialista del presidente egipcio Gamal Abdel Nasser. El país que
heredaban no era tan pobre como en 1951 porque empezaba a explotar
sus reservas petrolíferas, pero seguía hundido en la miseria. El
profesor Dirk Vanderwalle estima en su libro A history of modern
Lybia que todos los alimentos producidos en Libia a lo largo del
año, gracias al trabajo del 40% de la población, daban solamente
para una comida. Es decir, los libios podían consumir el conjunto de
su agricultura, ganadería y pesca en un solo almuerzo. La
dependencia del petróleo y de las importaciones era absoluta.
Considerando las circunstancias, Gadafi no disponía de demasiadas
opciones para establecer algún tipo de estructura. Comprobó que los
libios mantenían una absoluta apatía política (nadie movió un dedo a
favor del rey o de los rebeldes en el golpe de 1969), una profunda
aversión a la burocracia y a los funcionarios estatales y un feliz
desinterés por las cosas patrióticas. ¿Cómo inventar un Estado en
esas condiciones? Gadafi, por otra parte, era un hombre joven, guapo
y locuaz, mucho más sincero que los otros mandatarios árabes y con
una altísima opinión de sí mismo. ¿No podía él ejercer de alguna
forma las funciones de legitimidad, soberanía y regulación que se
arrogan los Estados tradicionales?
La idea empezó a concretarse con la creación de los Congresos
Populares (1971), agrupaciones voluntarias que de alguna forma
inconcreta ejercerían el poder, y la Ley 71 (1972), que prohibía
toda actividad política que implicara "disidencia". Y alcanzó la
plenitud en 1973 con el lanzamiento de la Revolución Popular y la
publicación del primer tomo del Libro Verde, centrado en una
Tercera Teoría Universal que superaba el capitalismo y el marxismo.
La gran teoría universal de Gadafi y su libro, inspirados en la
Revolución Cultural y el Libro Rojo del chino Mao Zedong,
constituían un intento técnicamente insostenible pero probablemente
sincero de crear un sociedad justa, igualitaria y participativa, sin
Estado ni burocracia ni corporaciones capitalistas.
Como Nasser había muerto y los libios se mostraban inmunes al
chovinismo, Gadafi combinó la revolución sin Estado con ímprobos
esfuerzos por alcanzar la unidad del mundo árabe en su sentido más
amplio, desde Marruecos hasta Yemen. Libia mostraba un auténtico
furor por fusionarse con otros países. Lo hizo con Egipto y Sudán
(1969), con Egipto y Siria (1971), con Egipto a solas (1972), con
Argelia (1973), con Túnez (1974), con Chad (1981) y con Marruecos
(1984). Ninguna de las fusiones funcionó. El panarabismo agonizó en
un par de décadas.
Los años setenta, con sus dos crisis petroleras (1973 y 1979) y
su tremendo encarecimiento del petróleo, proporcionaron a Libia
enormes recursos financieros que Gadafi aprovechó para dar un paso
más hacia el socialismo sin Estado. En 1980, Gadafi proclamó que los
40.000 empresarios libios, comerciantes en su gran mayoría, eran
"parásitos", y estranguló la propiedad privada. Como eso no encajaba
con la ley coránica, la sharia, muy respetuosa con lo
privado, se descartó el sistema legal religioso hasta entonces
vigente en Libia y se sustituyó por tribunales revolucionarios que
aplicaban "la ley revolucionaria", consistente en los deseos de
Gadafi, para entonces ya denominado El Líder.
En realidad, el sistema del "socialismo sin Estado" constituía un
juego de espejos. La economía se gestionaba en teoría de forma
asamblearia; en la práctica, la industria petrolera (98% del
Producto Interior Bruto) se había dejado absolutamente al margen de
las doctrinas del Libro Verde y era dirigida por tecnócratas a las
órdenes de El Líder. En teoría Gadafi no ocupaba ningún cargo porque
no existía Estado ("yo no puedo hacer nada", decía en el párrafo
final del primer tomo del Libro Verde); en la práctica, él y su
entorno, luego oficializado como Foro de Compañeros de Gadafi,
ejercían un poder absoluto.
El poder absoluto de Gadafi se canalizaba por vías informales.
Como no se fiaba del Ejército (tan mal organizado y armado que fue
capaz de perder en 1987 una guerra contra Chad, por entonces el país
más pobre y disfuncional del mundo), utilizaba grupos policiales
paralelos que se solapaban unos con otros y garantizaban la paranoia
necesaria en un régimen dictatorial.
Ante sus fracasos panarabistas, Gadafi decidió influir en la
política mundial a través de grupos terroristas interpuestos. Tuteló
a los palestinos de Abu Nidal y Yihad Islámica, financió al IRA
irlandés y patrocinó numerosos atentados. Eso fue desastroso para
Libia. Las sanciones comerciales impuestas por Estados Unidos y
luego por el resto del mundo arruinaron el país. Las rentas del
petróleo alcanzaban los 21.000 millones de dólares anuales en 1982;
en 1986 apenas superaban los 5.000 millones. Los bombardeos
ordenados por Ronald Reagan en 1986 hundieron la ya renqueante
popularidad de Gadafi y convencieron a El Líder de la necesidad de
cambiar de rumbo. Lo hizo, como siempre, de forma paradójica:
anunció una "extensión de la revolución" que, en realidad, suponía
el fin de los años revolucionarios, y publicó la Gran Carta Verde de
los Derechos Humanos en la Era de las Masas.
Se abrieron las fronteras, se liberó a centenares de presos
políticos, los Comités Revolucionarios desaparecieron de los cuerpos
policiales, se suprimieron los tribunales revolucionarios y se
promulgaron algunas leyes que redujeron la arbitrariedad y
permitieron una parcial reaparición de la empresa privada. En el
terreno diplomático, Libia siguió practicando el terrorismo (con los
atentados a aviones de Pan Am y UTA, por ejemplo), pero con
convicción decreciente. En los años noventa, las sanciones
mantuvieron su terrible efecto y empezó a faltar literalmente el pan
en Libia. Eso suscitó algunas sublevaciones islamistas en Cirenaica,
aplastadas con relativa facilidad.
Los atentados del 11 de septiembre de 2001 ofrecieron la
oportunidad de ponerse del lado de Estados Unidos y salir del
ostracismo internacional. Libia volvió a recibir inversiones
petroleras, aumentó la producción de crudo, multiplicó sus
inversiones en Europa, especialmente Reino Unido e Italia, y volvió
a ser mimada por las corporaciones capitalistas. El retraso de las
dos décadas perdidas, sin embargo, ya no se recuperó jamás.
En 2004 se inauguró en Trípoli el primer hotel con cinco
estrellas, y por primera vez fue posible utilizar en el país una
tarjeta de crédito. El retorno del dinero y las tímidas
liberalizaciones y privatizaciones impulsadas por Saif al Islam
Gadafi, hijo favorito de El Líder y en la práctica primer ministro,
acabaron con lo que quedaba del espíritu igualitario de la
revolución. La casta dominante se hizo riquísima mientras la
población permaneció en una relativa pobreza, dominada como siempre
por las paradojas: cuantas más universidades se abrían, más
aumentaba el paro juvenil; cuanto mejor era la medicina, más libios
acudían a hospitales tunecinos; cuanto más alta era la esperanza de
vida (una de las más elevadas de África), menos popular era Gadafi.
Y entonces llegó la revolución.
Una era de poder absoluto
Muamar el Gadafi nació en 1942 en un campamento cercano
al puerto libio de Sirte, en una familia de beduinos de
la tribu Gadafa, muy influyente en las esferas de poder.
Hijo de un pastor de camellos, se licenció en la
Academia Militar tras realizar los estudios de
secundaria. En el Ejército desarrolló un fuerte
sentimiento anticolonialista y panarabista y tomó como
referente político al expresidente egipcio Gamal Abdel
Nasser.
- 1969. Muamar el Gadafi y otros
oficiales del ala izquierdista del Ejército organizan un
golpe de Estado para derrocar al rey Idris I, que se
encuentra de visita en Atenas, e instauran el Consejo
Supremo de la Revolución.
- 1973. Tras sofocar una intentona golpista
organizada por militares disidentes, Gadafi declara la
Revolución Cultural para crear una sociedad nueva y
establecer los comités populares de base: células
políticas en escuelas, hospitales y en la
Administración.
- 1976. Gadafi publica el Libro Verde,
texto en el que expone su original concepción de un
islam politizado, ni laico ni integrista.
- 1977. Proclama la Yamahiriya (la república
de las masas), un sistema asambleario que instaura el
Congreso General del Pueblo y los comités
revolucionarios, organizaciones de base que controlan la
actividad política del país.
- 1980. Gadafi decide incrementar su apoyo
financiero y logístico a grupos considerados terroristas
por Occidente, incluidas varias facciones radicales
palestinas.
- 1981. Cazas de EE UU derriban dos aviones
libios en el golfo de Sirte, reivindicado por Trípoli.
- 1985. Doble atentado terrorista en los
aeropuertos de Roma y Viena. Mueren 19 personas. EE UU
acusa al Gobierno libio de estar vinculado con los
autores.
- 1986. Atentado contra la discoteca La Belle
en Berlín, frecuentada por soldados norteamericanos:
tres muertos y 300 heridos. Como represalia, aviones de
EE UU bombardean Trípoli y Bengasi y matan a 44
personas, incluida una hija adoptiva de Gadafi.
- 1988. Atentado contra un avión de Pan Am,
que estalla sobre Lockerbie (Escocia) con 270 personas a
bordo. La justicia británica acusa de este atentado
terrorista a dos agentes del régimen libio, pero Muamar
el Gadafi se niega a entregarlos.
- 1992. Naciones Unidas impone sanciones
económicas y diplomáticas a Libia para que entregue a
los sospechosos del atentado de Lockerbie.
- 1994. La ONU endurece las sanciones contra
Libia y ordena la congelación de activos del régimen en
el extranjero.
- 1999. Libia entrega a los acusados del
caso Lockerbie. La ONU suspende las sanciones contra
Libia y Trípoli retoma las relaciones diplomáticas con
Reino Unido.
- 2003. El régimen libio asume su
responsabilidad por el atentado en Escocia y acepta
indemnizar a las víctimas. Gadafi renuncia al programa
de desarrollo de las armas de destrucción masiva.
- 2004. Trípoli indemniza a víctimas del
atentado contra la discoteca berlinesa de 1986, del que
se acusó a los servicios secretos libios.
- 2006. Se restablecen las relaciones
diplomáticas y económicas entre EE UU y Libia, que
Washington borra de su lista de Estados terroristas.
- 2008. Visita a Trípoli de Condoleezza Rice,
la primera a este país de un secretario de Estado
norteamericano en 55 años. Los dos Estados firman un
acuerdo para indemnizar a las víctimas de ataques en
Libia.
- 2009. Reino Unido entrega a Libia a uno de
los acusados del atentado de Lockerbie por razones de
salud.
- 2010. Acuerdo entre la Unión Europea y Libia
para frenar la inmigración clandestina. Fuente