CIRROSIS - SÍNTOMAS Y
TRATAMIENTO
La cirrosis es una enfermedad crónica e irreversible del
hígado caracterizada por el crecimiento anormal de nódulos y tejido
fibroso en el tejido hepático.La cirrosis es una enfermedad crónica e
irreversible del hígado caracterizada por el crecimiento anormal de
nódulos y tejido fibroso en el tejido hepático que consecuentemente
aumentará el tamaño normal del hígado y alterará sus funciones,
pudiendo incluso llegar a anularlas.
Causas
La causa más frecuente de cirrosis en España es el abuso en el
consumo de alcohol, una de cada cinco personas que consumen alcohol
en exceso desarrolla cirrosis, aunque también existen otras causas
que cabe la pena destacar, como el consumo de drogas -después de
haber padecido una hepatitis (B, C o D)-, a causa de alguna
enfermedad congénita o metabólica, tras un fallo cardíaco, o como
consecuencia de una obstrucción biliar crónica o de las venas
suprahepáticas. Aunque en ciertas ocasiones no se llega a descubrir
la causa que provoca la cirrosis en el paciente.
Síntomas
Durante los primeros estadios de la enfermedad no suelen apreciarse
síntomas, pero cuando ésta se encuentra en estadios más avanzados
suele ser habitual la aparición de ictericia, las denominadas arañas
vasculares, enrojecimiento en las palmas de las manos con retracción
de los tendones en los dedos, aumento de las glándulas salivares, el
hígado y el bazo, aumento también del tamaño de las mamas,
trastornos menstruales y pérdida de vello en el pubis (a
consecuencia de una alteración del metabolismo hepático de las
hormonas sexuales), hemorragias (como consecuencia de una alteración
en la coagulación), pérdida de apetito y peso, y cansancio.
Tratamiento
Para confirmar el diagnóstico de la cirrosis deberán realizarse
diversas pruebas como una analítica de sangre (en la que aparecerá
anemia, alteraciones en los niveles de coagulación, disminución de
plaquetas y aumento de la bilirrubina), una ecografía abdominal y la
más precisa de todas, la biopsia.
Aunque no existe ningún tratamiento
para curar la cirrosis (uno de cada cinco cirróticos desarrolla
cáncer hepático, siendo más probable su desarrollo si se trata de
una cirrosis alcohólica), sí lo hay para enlentecer su evolución.
El paciente cirrótico deberá llevar
una dieta equilibrada, baja en grasas y sal, ya que estos enfermos
tienen serias dificultades en sintetizar la bilis (sustancia
necesaria para la digestión de las grasas), por eso es mejor que
coman alimentos ricos en proteínas y bajos en grasas como la carne
magra o de ave, y pescados como la sardina o el salmón. Igualmente
su dieta debe ser rica en carbohidratos complejos como las patatas,
el arroz integral y el pan integral, pasta, frutas y verduras
frescas y productos lácteos bajos en grasas para aportar al
organismo la cantidad necesaria de vitaminas que necesita
(especialmente vitamina B y ácido fólico), ya que la cirrosis afecta
la capacidad de nuestro organismo en absorber y almacenar tanto
vitaminas como minerales. Y por supuesto, ni una sola gota de
alcohol.

Fuente
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