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Descubre que se llevan ‘de recuerdo’ de los hoteles los españoles

Muchos clientes de hotel se llevan «de recuerdo» pequeños botes de champú, los jaboncillos o hasta los horrorosos gorros de ducha que se ofrecen en casi todos los cuartos de baño.

De acuerdo con la última encuesta del buscador de vuelos y hoteles Jetcost (www.jetcost.es) se descubren datos algo sorprendentes: y es que, aunque se considera que amenities, frutas y dulces son obsequios del hotel hacia el cliente, no lo son tanto las bandejas o cestillos en los que se ofrecen, que también suelen desaparecer.

De hecho, hay otros clientes que hurtan las pilas del mando a distancia, y a veces el propio mando aunque no tiene ninguna utilidad fuera de la habitación. También los hay que desenroscan las bombillas de las lámparas, o se llevan la Biblia en varios idiomas que se encuentra en el cajón de la mesilla (pese a que en alguno de sus capítulos de incluya el séptimo mandamiento).

Según este sondeo, hay clientes españoles que incluso «arramplan» con alguna almohada o manta del armario. Y algunos habituales dan el cambiazo y se llevan el interior del edredón o de la almohada, de pluma y dejan otro de menor calidad.

Lo chocante es que en muchos casos esos objetos valen apenas unos euros, o incluso unos céntimos, cuando la habitación del hotel ha costado 100 o más euros por noche. La hazaña de un cliente en Madrid Pero la audacia de algunos ladrones de hotel aficionados tiene a veces el estilo de auténticos profesionales.

Un veterano conserje de uno de los hoteles de lujo más conocidos de Madrid contaba la «hazaña» de un cliente habitual. El hombre se había encaprichado de la percha planchador de pantalones que había en las mejores habitaciones y se propuso llevarse una de ellas a casa.

Como si lo hacía sin más se iba a notar su ausencia, apenas llegar a su habitación desmontó la percha y la escondió en un hueco en el falso techo que en visitas anteriores había localizado.

De inmediato, llamó a recepción y dijo que en su habitación no había ese elemento que él utilizaba con frecuencia, el servicio de habitaciones acudió y comprobó que, en efecto, no estaba allí. Rápidamente le llevaron otra. El cliente el día de su partida sacó del escondite la percha, la metió en la maleta y salió tranquilamente del hotel.

En algunos hoteles han comprobado robos que requieren el uso de destornilladores y otras herramientas para llevarse cuadros, picaportes, secadores de pelo, toalleros, espejos, aparatos electrodomésticos y de música, etc. Un lugar especialmente peligroso es la sala business de los hoteles para ejecutivos, donde han llegado a desaparecer ordenadores e impresoras, además, claro, de paquetes enteros de folios.

Lo curioso es que la mayoría de estos cleptómanos no tienen conciencia de haber robado, sino de haberse llevado un recuerdo.

La mayoría de esos recuerdos son de escasa importancia, aunque poco a poco van sumando una cifra.

La cadena Holiday Inn, por ejemplo reconoció en 2008 que habían desaparecido más de medio millón de toallas. Cualquier hotel de tipo medio tiene un gasto anual en amenities que supera los 200.000 euros, claro que, en este caso se considera que entran en el costo de la habitación.

Cuanto mejor es el diseño o la marca de los productos, antes desaparecen, a veces todo lo ofrecido cada uno de los días.

Algunos hoteles de marca que tienen productos de calidad los tienen a la venta en la boutique del lobby y se puede encontrar de todo con la firma del hotel, desde muebles y vajillas a albornoces y almohadas.

Los amigos de lo ajeno en los hoteles conocen algunos trucos para no despertar sospechas, como hacer desaparecer en un descuido alguna toalla o albornoz, o pequeñas botellitas de licor del carrito en el pasillo cuando se están limpiando o reponiendo.  Fuente:   ABC

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