La protección de la naturaleza, una prioridad en tiempos de crisis global
A medida que los líderes internacionales se preparan para discutir la biodiversidad y el cambio climático, se hace evidente que la defensa del medio ambiente es esencial para la economía mundial, no un lujo en tiempos de paz.
En un mundo marcado por conflictos y dificultades económicas, es tentador relegar la protección de la naturaleza a un segundo plano. Sin embargo, este enfoque puede acarrear consecuencias graves. Más de la mitad del producto interior bruto (PIB) global depende directamente de la naturaleza y sus servicios ecosistémicos. Las tierras fértiles sostienen una industria alimentaria valorada en 9,5 billones de dólares, mientras que los bosques son cruciales para la supervivencia de 1.500 millones de personas. Además, los ríos sanos son fundamentales para la gestión de inundaciones y para mantener el transporte esencial.
Impacto del cambio climático en la sequía en Europa durante el verano.
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AFP
Las crisis ambientales no esperarán a que terminen los conflictos armados. La sequía extrema en Europa ocasionó pérdidas de entre 2.000 y 3.000 millones de dólares en cosechas este verano, lo que supone un golpe adicional para los agricultores tras el incremento del 71 por ciento en los precios de los fertilizantes, resultado de la guerra en la región de Ormuz. Estos desafíos han empujado los precios de los alimentos a niveles históricos.
Los expertos advierten que un colapso parcial de los ecosistemas podría costarle a la economía global 2,7 billones de dólares anuales. Con la inestabilidad geopolítica actual, resulta vital no comprometer los sistemas naturales que son la base de nuestras economías. El objetivo mundial de proteger al menos el 30 por ciento de la superficie terrestre y marina para 2030, conocido como «30×30», no solo es necesario, sino urgente.
Invertir en la naturaleza
Proteger el entorno natural es una inversión en resiliencia y cooperación internacional. Fortalece la seguridad alimentaria y del agua, y mejora la capacidad para enfrentar crisis climáticas. Este objetivo es crucial no solo para la economía, sino también para la salud pública y la seguridad social a largo plazo, como se estableció en el «Marco Mundial de Biodiversidad de Kunming-Montreal».
Elementos como los lechos de algas, manglares y marismas desempeñan un rol vital al absorber dióxido de carbono, mientras que los arrecifes de coral actúan como barreras naturales contra tormentas. En los bosques se regula el ciclo del agua, que es indispensable para las comunidades locales y la agricultura global.
Restauración de corales en Barú, Cartagena.
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Fundación Santo Domingo
Hasta ahora, se han logrado avances sustanciales hacia el objetivo «30×30»: el 20 por ciento de la superficie terrestre y de las aguas continentales está declarado como protegido, y se espera que esta cifra se acerque al 27 por ciento para 2030. Sin embargo, solo el 10 por ciento del océano se encuentra oficialmente bajo alguna medida de conservación, lo que evidencia la lentitud de los avances en el mar.
El tiempo se agota para alcanzar el objetivo 30×30, uno de los compromisos más relevantes de esta década. Para lograrlo, es imperativo que los gobiernos aumenten significativamente la inversión en la naturaleza. Se estima que se necesitan entre 100.000 y 180.000 millones de dólares anuales, en contraposición a los 24.000 millones que se invierten actualmente. Este gasto es una inversión estratégica que podría generar hasta 450.000 millones de dólares adicionales al PIB global para 2050 y crear entre 4 y 7 millones de nuevos empleos.
Las decisiones políticas deben traducirse en acciones concretas. Aunque 116 países han hecho compromisos para proteger hasta el 27 por ciento de las tierras y aguas continentales hasta la fecha, muchos todavía deben presentar planes detallados y financiados. Es insostenible que las promesas no se vean acompañadas de acciones efectivas.
Aumentar la superficie protegida es solo una parte del reto; es fundamental que estas áreas sean gestionadas adecuadamente, brindando beneficios tangibles y manteniendo la biodiversidad. Esto requiere mecanismos de financiamiento sostenibles que trasciendan los vaivenes económicos y políticos.
A pesar de un panorama mundial incierto, la inversión en la naturaleza no debe ser relegada a un segundo plano. Proteger el medio ambiente es esencial para el bienestar presente y futuro de la humanidad.
MARY ROBINSON (Expresidenta de Irlanda y exenviada del secretario general de la ONU para el Cambio Climático.)
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