Radiografía presente y futura de una España que se seca

Radiografía presente y futura de una España que se seca

Negar la máxima resulta absurdo, España se seca. Los efectos del cambio climático, con explosiones meteorológicas y períodos de sequía cada vez más extensos, son más que evidentes. Algo que se acentúa más aún si cabe por culpa del uso y abuso que hacemos de un bien tan preciado como el agua. En el siguiente texto hacemos una pequeña radiografía de la situación actual y la acompañamos de algún que otro consejo con el que afrontar está situación de la forma más respetuosa, e inteligente, posible con nuestro planeta.

Unas cifras realmente desoladoras

Los datos hablan por sí solos. Y es que, según los últimos informes elaborados por WWF, España es uno de los países europeos con más riesgo de sufrir estrés hídrico de aquí a 2050. Algo que se traduce en que las tres cuartas partes de nuestra población podrían sufrir falta extrema de agua. Destacando territorios como Murcia, Granada o Sevilla como algunos de los más afectados. Algo, y hablamos de la necesidad de racionalización y aprovisionamiento, que casa a la perfección con el aumento en la demanda de los modelos de bomba sumergible para pozo en multitud de complejos residenciales o zonas rurales.
Lo peor de todo es que la inmensa mayoría de los pronósticos apuntan a que la cosa puede empeorar mucho más. No en vano, la proliferación de regadíos intensivos ilegales y, en definitiva, un uso descontrolado del agua ha desembocado, nunca mejor dicho, en un despilfarro por encima del 80% con respecto a nuestras necesidades reales. Por si fuera poco, la fotografía actual de nuestro país nos dice alto y claro que cerca del 80% de nuestro territorio se encuentra en riesgo extremo de desertización.

Es hora de aprender a usar el agua

La cultura del agua como elemento inagotable a derrochar debe dar peso a políticas sociales, económicas y productivas, encaminadas a la concienciación y al uso, y gestión, responsable de dicho bien común. No en vano, tras secarse presas, acuíferos, ríos y humedales será el propio abastecimiento humano el que escaseará. Algo que nos llevaría, y conviene ser así de claro, a nuestra propia extinción como especie.
Por fortuna, no todo está perdido. Y es que comienza a observarse, tarde, eso sí, los primeros brotes verdes de lo que apuntan a ser las nuevas políticas de gestión del agua. Proyectos pilotos de ahorro hídrico, desaladoras, fomento de modelos de agricultura sostenible, etc. Además de dotarnos con las mejores herramientas posibles, como las bombas alta presión para agua, para reutilizar el agua de la lluvia o garantizar la presión correcta en el reparto de a los circuitos domésticos. Amén de aportar inteligencia a la ecuación hídrica.
En definitiva, de nuestras decisiones ahora va a depender el futuro, o ausencia de él, de nuestros propios hijos e hijas. Y no, conspiranoicos a parte, no podemos hacer que llueva o deje de llover. No obstante, lo que si podemos hacer es actuar en consecuencia y con sentido común. Afrontando los siguientes periodos de calor y sequía extrema como verdaderas pruebas de fuego para el ser humano. Devolver el equilibrio al planeta aún es posible si trabajamos en equipo.

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