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Coche Bomba mata a ocho personas en Beirut
Coche Bomba mata a ocho personas en Beirut

Coche Bomba mata a ocho personas en Beirut

Los peores presagios larvados durante meses en Líbano, han terminado por cumplirse. La explosión en un barrio cristiano de Beirut en la que han muerto ocho personas ha sido un atentado de corte sectario, que amenaza con dinamitar la paz cosida con alfileres en el país. Wissam al Hassan, investigador de la muerte del ex primer ministro Rafiq Hariri y azote de las fuerzas prosirias en Líbano ha muerto en el potente atentado con coche bomba, que a primera hora de la tarde ha estallado en el céntrico barrio cristiano de Ashrafiye. Unas 80 personas han resultado heridas en un atentado que ha resucitado las imágenes de violencia propias de los años de la guerra civil (1975-1990).

Horas después del atentado, jóvenes suníes salieron a la calle en varias ciudades y carreteras del país y quemaron neumáticos en señal de protesta. Saad Hariri, hijo del político asesinado y ex primer ministro culpó al presidente sirio, Bashar el Asad de estar detrás del atentado en una intervención retransmitida por televisión. Ningún grupo se ha responsabilizado de momento del ataque.

La detonación se produjo apenas pasadas las 14.30 horas (13.30, hora peninsular española) junto a la plaza Sasine, el corazón del barrio cristiano de Ashrafieh. Es la hora de la salida de los colegios y la que muchos beirutíes aprovechan para hacer compras o tomar un café en alguna de las muchas terrazas de la zona. Decenas de niños pululaban por la zona llorando aterrados. “Hemos sentido cómo vibraba todo”, explica una joven que se encontraba en los alrededores de Sasine.

La explosión ha sido de tal magnitud que pudo escucharse desde barrios situados a varios kilómetros de distancia. El suelo de las calles que rodeaban la sede del Partido Falangista, contra la que se ha producido el atentado, quedó totalmente cubierto de cristales y el inmueble reducido prácticamente a la nada. Allí se agolpaban curiosos y afectados, mientras los efectivos de la Cruz Roja y el cuerpo de Bomberos atravesaban la zona de seguridad para trasladar en brazos o en camilla a las decenas de heridos, la mayoría de carácter leve.

Wissam Al Hassan ha corrido la misma suerte que el ex primer ministro Rafiq Hariri en 2005, cuyo asesinato precisamente investigaba. Una de las evidencias que destapó Al Hassan fue la implicación de Hezbolá, el partido-milicia chií libanés y de Siria en el magnicidio. El pasado agosto, Al Hassan dirigió además la investigación que condujo a la detención del ex ministro de Información libanés, Michel Samaha, considerado el hombre de Damasco en Beirut y al que se acusa de planear atentados contra objetivos suníes.

La muerte de Al Hassan, un musulmán suní, próximo a la familia Hariri, ha reavivado los temores de que la vida de otros políticos opositores y críticos con el régimen de Damasco acabe también segada por coches bombas. Saad Hariri, hijo del político asesinado, permanece fuera del país, en París, por miedo a los atentados. El propio Al Hassan acababa de volver a Líbano después de una estancia en el extranjero, a donde había trasladado a su familia.

Pero el atentado ha disparado sobre todo el miedo a que el conflicto sirio vaya a terminar por contagiar al vecino Líbano y por desatar nuevos enfrentamientos civiles. A pesar de que la posición del Gobierno es de no injerencia en el conflicto sirio, las fuerzas políticas libanesas han adoptado posiciones enfrentadas en cuanto a su relación con el régimen de Damasco. La oposición siria acusa incluso a Hezbolá de apoyar y combatir del lado de las tropas gubernamentales. Políticos suníes libaneses acusan además al grupo chií de poner en riesgo con su alianza siria, la estabilidad del país.

Hasta ahora, la violencia relacionada directa o indirectamente con la revuelta siria, se había centrado en el norte de Líbano y en general en las zonas cercanas a la frontera con Siria. Este nuevo golpe mortal en el corazón cristiano de Beirut marca una nueva etapa en la vida política libanesa y en las relaciones entre Siria y Líbano.

Los primeros minutos tras la explosión fueron caóticos. Las líneas telefónicas colapsaron. Varios trabajadores tuvieron que ser rescatados de entre los escombros de un edificio en obras en una de las calles perpendiculares al lugar de la explosión. “Acabábamos de cerrar para ir a comer”, explicaba la dueña de una papelería de la calle Alfred Naqash mientras recogía los cristales esparcidos de lo que era el escaparate del local. Hasta las cancelas metálicas de los establecimientos cerrados se combaron; las puertas de los pequeños comercios a pie de calle quedaron reducidas a añicos y no quedó en pie más que algún que otro ventanal.

Toda la zona quedó cortada. Los centenares de policías, militares y agentes no uniformados que custodiaban el cordón de seguridad fueron permitiendo el paso con cuentagotas, de quienes regresaban a sus casas para recoger algunos enseres de entre los escombros a última hora de la tarde. Sausan, una joven con hiyab y el teléfono en la mano se quejaba de que no le permitían acceder a su propia casa para ver cómo había quedado. La bomba explotó a unos pocos metros.

En ese momento Tarek aún se encontraba recogiendo los cristales del ventanal del restaurante de comida rápida en el que trabaja, a varias calles de donde ha estallado el coche bomba. El joven estaba solo cuando se produjo la explosión y asegura que ni siquiera se asustó: “Desde hace cinco años [tras el fin de la guerra en 2006 contra Israel], esto es normal para los libaneses”.

“Intentan destruir los espacios públicos”, dice indignado un ejecutivo que prefiere no revelar su nombre. “Sasine es para todo el mundo, aunque sea un barrio cristiano”, puntualiza, “tienen que dejar de matar gente, que dejen a Líbano tranquilo”.

Blanca, una activista española residente en la zona, se encontraba en ese instante en casa de unos amigos, solo a un par de calles del lugar de la explosión. “Todos los vecinos han empezado a abrir las puertas y a preguntar si estábamos bien”, explica. El atentado les ha sorprendido en mitad de una clase de árabe. “Leíamos un texto sobre el asesinato de [el ex Primer Ministro] Rafiq Hariri [en 2005] que decía: ‘Estábamos todos sentados tranquilamente y de repente se escuchó la bomba”, cuenta, “luego hemos oído la explosión y hemos dado un salto. Estaba muy cerca”.     Fuente

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