En una publicación que ahora cumple un lustro, Mínguez y
colaboradores comunicaron que habían estudiado muestras de las
vísceras de 100 pacientes sin enfermedad neurodegenerativa y que
habían encontrado alteraciones típicas de párkinson en el 9% de
ellos. En concreto, hallaron estas anomalías en las neuronas
presentes en las vísceras del sistema digestivo y urinario.
«Luego se estudiaron y siguieron 16 de estos pacientes durante
dos años y medio (seis con lesiones en neuronas viscerales y
diez sin dichas lesiones). Aunque ninguno desarrolló enfermedad
neurológica en ese tiempo, las pruebas realizadas permitieron
comprobar que el grupo positivo tenía ya alteraciones
subclínicas (que no dan síntomas) respecto al grupo negativo»,
explica el experto.
La novedad es que el seguimiento a más largo plazo (ocho
años) de tres pacientes positivos ha permitido comprobar que,
como se preveía, dos de ellos han desarrollado enfermedad
neurológica (uno párkinson y otro una demencia relacionada),
mientras que el tercero continúa asintomático.
«Se confirma por tanto que la alteración en las neuronas
viscerales precede bastantes años el desarrollo de la
enfermedad, que terminará o no manifestándose en función de los
años transcurridos (a mayor edad, mayor riesgo), así como de
otros factores protectores o agravantes no bien conocidos. Desde
un punto de vista científico, se trata de los primeros pacientes
con enfermedad neurodegenerativa diagnosticados mediante estudio
patológico años antes del comienzo de los síntomas. Esto abre
perspectivas muy importantes, ya que confirma que existe un
periodo latente de años en el que podrían aplicarse medidas para
prevenir o retrasar la enfermedad», abunda el médico granadino.
Los resultados fueron comunicados por primera vez a la
comunidad científica en el simposio internacional que se celebró
en Granada el pasado abril. En él se abordaron aspectos
relacionados con el inicio y progresión de la enfermedad de
párkinson, búsqueda de biomarcadores y diagnóstico precoz.
El descubrimiento de los granadinos implica varios aspectos
importantes con respecto a este mal.
Contagio a las células sanas
El primero de los conceptos que hay que revisar es la
aplicación de las células madre para su cura. «Estas no son la
solución porque se llega muy tarde, cuando ya ha dado la cara la
patología. Además, distintos estudios han demostrado que las
nuevas células implantadas se ‘contagian’ del párkinson»,
explica Mínguez, quien reconoce que el periodo de latencia del
mal no está determinado aún. Lo que sí se puede aseverar es que
al menos transcurre una década desde que se manifiestan las
lesiones en la periferia, en las células viscerales, hasta que
se evidencian los primeros síntomas.
Esta dolencia, que afecta sobre todo a los movimientos del
individuo, se presenta con mayor frecuencia después de los 50
años de edad y es uno de los trastornos neurológicos más comunes
en los ancianos. Sin embargo, también puede ocurrir en pacientes
jóvenes y, en esos

casos, es más común un posible origen genético.
«En un estudio realizado en EE UU se vio que las personas más
estreñidas tenían al final de sus vidas un mayor riesgo de
párkinson y esto se explica porque en algunos de estos casos las
células del intestino ya estaban afectadas y por ende
interferían en la motilidad intestinal del paciente», apostilla
el investigador.
Aún quedan incógnitas por despejar con respecto al párkinson,
pero por el momento queda claro que la solución debe pasar por
la prevención. Una de las teorías por esclarecer sostiene que el
mal entra por el estómago, por el nervio vago, «pero esto no se
sabe a ciencia cierta», ilustra Mínguez. Fuente