El caso es que el ejército estadounidense, diversificando en su
dedicada investigación armamentística, ha dado con un
sándwich que no caduca,
bueno, o casi.
La realidad es que ha conseguido envasar un emparedado de pollo
-a la barbacoa- que tiene una
caducidad de tres años. Este sándwich, y otros alimentos
más sobre los que se está investigando, forman parte de lo que se
denomina First Strike Ration
(FSR) que viene a ser un pack de víveres que aporta a un soldado en
misión táctica el sustento necesario para un día.
La historia, como suele suceder en
estos casos, viene de bastante más atrás. En concreto, parece que se
venía buscando algún tipo de solución práctica frente a las
anteriores raciones en las que los soldados tenían que “preparar”
mínimamente los alimentos o, al menos, habían de calentarlos o
reconstituirlos con agua. De esta forma la FSR actual aporta las
siguientes ventajas:
- Los alimentos de la FSR no necesitan reconstituirse y se
pueden consumir directamente
sin la necesidad de usar cubiertos (vamos, como en cualquiera de
las genuínas cadenas de hamburgueserías made in USA). En el caso
de las bebidas, los geles energéticos pueden tomarse
directamente o bien diluirse con agua.
- Toda la ración FSR es en sí mucho más ligera (hasta
un 50% menos de peso) que los packs de tres comidas
utilizados hasta la fecha y su volumen menor.
- En general, toda la FSR en su conjunto tiene una
vida media útil de dos años a
unos 27ᵒC y, por tanto, no necesita refrigeración para
conservarse. No obstante, algunos elementos como el mencionado
sándwich, tienen una fecha de caducidad de hasta tres años.
- La FSR en su conjunto
aporta unas 2.900 kcal/día. En mi opinión un valor
energético bastante justito si se tiene en cuenta el desgaste de
todo un día “complicado” en la vida de un soldado corriendo,
saltando, pegando tiros (o recibiéndolos), con la tensión
implícita, etc.
Este “milagro” gastronómico-militar
se ha conseguido jugando con diversos
parámetros físico-químicos
(pH y actividad de agua) con el fin de que las bacterias, mohos y
levaduras no consigan proliferar. Además, su elaboración es muy
escrupulosa desde el punto de vista de la seguridad e higiene
alimentaria y para garantizar su conservación están envasados
en una atmósfera protectora.
Quienes lo han probado dicen que
“sabe bien”. Habrá que ver
el nivel gourmet de estos “expertos” catadores y habrá que
considerar cuánto alejada o próxima está la expresión “sabe bien” de
“está bueno que de cojones”. En verdad, antes de emitir ningún
juicio a tenor de su palatabilidad, lo primero que habría que hacer
es catarlo, aunque ya saben, que sobre esto de los gustos, se dice,
que no hay nada escrito –aunque es falso, que se lo pregunten entre
otros a Brillat-Savarin-
Lo que sí que me gustaría ver es la
cara de uno de estos soldaditos a los que se les dice qué, por
ejemplo, van a hacer un salto en paracaídas detrás de las líneas
enemigas y que no se preocupe mucho porque le van a dar una serie de
bocatas que duran enteritos tres años. Tiene que ser gibada la vida
de estos tíos.