El estudio de Estados Unidos que asocia el abuso de las bebidas
sin azúcar con un mayor riesgo de enfermedad vascular ha puesto en
alerta al consumidor, y ha reabierto el debate sobre los
edulcorantes de productos ‘light’ ¿Son seguros? “Los
productos con edulcorantes que consumimos están controlados por las
autoridades españolas y europeas, tienen la autorizació,n y
en cada uno se han establecido las dosis máximas y recomendables
para el consumidor”.
Así lo explica Serafín Mourillo,
dietista-nutricionista e investigador del Ciberdem, el
Centro de Investigación Biomédica en Red de Diabetes y Enfermedades
Metabólicas Asociadas.
Pero no todos los países interpretan la seguridad alimentaria de
la misma forma. Por ejemplo,
Estados Unidos prohibió en los 70 el consumo del ciclamato, un tipo
de edulcorante presente en algunos refrescos de España,
porque se realizaron ensayos que decían que su consumo excesivo
podría elevar el riesgo de cáncer. Mourillo asegura que
no hay ninguna investigación en
humanos que haya apoyado esta hipótesis, y añade que en
ningún caso los productos contienen dosis elevadas que puedan poner
en riesgo la salud.
Algo similar pasó con la famosa
sacarina del café. Las
autoridades estadounidenses catalogaron este edulcorante
como sustancia peligrosa
por elevar el riesgo de cáncer. Pero finalmente, en diciembre de
2010, la Agencia de Protección Ambiental retiró la sacarina de la
lista de sustancias dañinas al constatar que no había riesgo. “No
hay fundamento científico con la sacarina, que se elimina por la
orina y no se acumula”, sentencia
Gaspar Ros, catedrático de nutrición y de bromatología de la
Universidad de Murcia. El experto explica que otra cosa
distinta es el hecho de que haya personas sensibles a un determinado
compuesto y que eso les puede generar molestias durante la
digestión. Reconoce que hay “mitos” sobre los edulcorantes, pero
reitera que las autoridades comunitarias realizan estudios para
corroborar la seguridad de estas sustancias.
Los nutricionista insisten en
que los productos ‘light’ tienen grasas y azúcar, pero menos, y como
consecuencia, aportan calorías y pueden engordar. No hay
milagros. Como tampoco es la panacea la lechuga, alimento en el que
se ha descubierto una cantidad ínfima de cianuro. Si se abusa de
ensalada, el consumidor puede sufrir problemas por acumulación de
aminoácidos.
Serafín Murillo, del Ciberdem, clasifica
dos grandes grupos de edulcorantes: por un lado,
los no calóricos, es decir, aquellos que no incrementan la
glucosa en sangre y no contienen calorías (acesulfame, aspartamo,
ciclamato, sacarina, sucralosa..); por otro,
los polialcoholes, que se producen a partir de azúcares naturales
como la glucosa o la fructosa, y que aportan calorías, pero reducen
el nivel de azúcar en grasa.
Murillo asegura que los diabéticos deben controlar el consumo de
los edulcorantes polialcoholes,
presentes en chocolates, helados y galletas dietéticas, que
pueden reducir hasta un 50% la glucemia.
En cuanto a las bebidas ‘light’,
normalmente están compuestas por las mezclas de edulcorantes sin
calorías, como el aspartamo, salvo los zumos de frutas, que pueden
contener azúcares propios de la fruta.
Sobre los chicles sin azúcar,
que utilizan polialcoholes como edulcorante, el doctor Murillo
advierte de que su abuso aporta
muchos hidratos de carbono.
El estudio de las bebidas 'light' no es
concluyente
Los expertos consultados coinciden en que
la investigación de Estados Unidos
sobre el riesgo vascular de las bebidas sin azúcar
no es concluyente. Juan
Pérez, profesor de Medicina de la Universidad Francisco de Vitoria,
asegura que el estudio epidemiológico, desarrollado entre residentes
de Nueva York, debe tener en cuenta factores asociados a esa
población, como su masa corporal, sus hábitos alimenticios, la edad
y su actividad física: “La gente
que toma mucha bebida edulcorante suele delegar la solución
de los problemas de su sobrepeso en ese producto bajo en calorías, y
descuida el deporte y la
alimentación”. Insiste en que el riesgo vascular es
multifactorial, es decir, influyen varias causas, como el tabaco, el
sedentarismo o la diabetes.