Madrid, 1 mar (EFE).- Las emisiones de CO2 provocadas por el
hombre no sólo causan el calentamiento global de la Tierra, sino que
también alteran el ph de los mares y océanos, elevando su acidez
hasta unos niveles que, de no frenarse, impedirán la vida marina en
pocas décadas.
Así lo advierte un estudio, que se publica hoy en la revista
Science y en el que han participado investigadores del Consejo
Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), de la Institución
Catalana de Investigación y Estudios Avanzados (ICREA) y de la
Universidad Autónoma de Barcelona (UAB).
El estudio explica que en los últimos 300 millones de años, la
química marina ha sufrido "profundos cambios", aunque ninguno "tan
rápido, grande y global como el actual".
La acidificación marina se produce a medida que el CO2 emitido
por la actividad humana -originada fundamentalmente por la quema de
combustibles fósiles- es absorbido por los océanos.
Un tercio de estas emisiones va directamente a los océanos, que
se vuelven progresivamente más ácidos, tanto más cuanto más frías
son las aguas.
La acidificación, que perjudica a muchas formas de vida marina,
interfiere, sobre todo, en el desarrollo de las especies con
caparazón o esqueleto de carbonato cálcico (corales y moluscos, por
ejemplo).
En declaraciones a Efe, el investigador del Instituto de Ciencias
del Mar Carles Pelejero, advierte de que la acidificación de los
océanos está afectando ya a algunas especies de fitoplancton propias
de altas latitudes que son la base principal de la dieta de los
salmones y las ballenas, entre otros animales marinos, y por tanto
un eslabón esencial de las redes tróficas de los océanos.
Según este investigador, "las aguas de altas latitudes, como el
océano Ártico o el Austral, que son muy frías y por tanto muy ácidas
y ricas en CO2, alcanzarán en una o dos décadas unas condiciones
químicas que impedirán que los organismos con caparazón sobrevivan".
Además, los experimentos desarrollados en zonas más cálidas con
corales, como la gran barrera australiana, han demostrado que, "por
este lado (del Pacífico), esta cadena coralina está bastante
afectada, mientras que en la parte del Índico -probablemente porque
estas aguas son más templadas- los corales aún siguen creciendo".
Actualmente la zona más afectada, según Pelejero, es la costa
oeste del Pacífico, donde los criadores de ostras ya están viendo
que la fertilidad y el crecimiento de los moluscos es cada vez peor.
"El estudio permite aventurar que en las zonas tropicales -que al
ser aguas más calientes no toleran tanto CO2-, la insaturación
llegará más tarde, en unas cinco décadas", puntualiza.
Aunque las investigaciones sobre la acidez de los océanos suele
basarse en simulaciones realizadas en acuarios, para este estudio se
han hecho análisis
paleontológicos y geoquímicos, y se ha indagado sobre eventos
pasados de acidificación marina.
El trabajo detalla momentos de la historia de la Tierra asociados
con una profunda acidificación, como el máximo térmico del
Paleoceno-Eoceno hace 56 millones de años, cuando las emisiones
volcánicas y los hidratos de metano congelado en los fondos marinos
liberaron a la atmósfera grandes cantidades de CO2.
Incluso en ese momento, cuando se produjeron grandes extinciones,
la inyección de CO2 a los océanos fue, como mínimo, diez veces más
lenta que la actual, lo que augura consecuencias más catastróficas
al cambio antropogénico actual", advierte Pelejero.
La única solución es reducir las emisiones de CO2 de manera
drástica y cambiar cuanto antes el actual modelo energético, subraya
al respecto la investigadora Patricia Ziveri, participante en el
estudio.