No es muy original decir que José Luis Uribarri era la voz de
Eurovisión. Pero será por esa faceta por la que más se recordará a
este veterano presentador de Televisión Española coqueto y enérgico,
sin pelos en la lengua y con tremenda voz radiofónica.
“Eurovision ha sido mi cordón umbilical con la audiencia”,
reconocía él mismo. Aceptaba de buen grado la etiqueta. Aunque ponía
los puntos sobre las íes cuando se daba el caso. No en vano, estuvo
al frente de decenas de programas e incluso llegó a director de
relaciones públicas de la cadena. Su mayor éxito fue
Aplauso, que estuvo en antena entre 1978 y 1983 y le
valió el premio Ondas.
Uribarri nació en Ávila el año en que estallaba la Guerra Civil
(“llegué al mundo con el rumor nada pacífico de un bombardeo de
fondo”, contaba en 1975 durante una entrevista a ABC). Hijo
de abogado y ama de casa, fue el cuarto de cinco hermanos. Se crio
en Madrid, aunque estudió el Bachiller interno en Los Maristas de
Segovia y Palencia. Empezó Derecho, pero pronto lo dejó atraído por
los micrófonos. Decía que la pasión le venía de la infancia. Así que
compaginó los estudios de radio con su trabajo en un banco y en una
compañía de seguros. A los 20 años, debutaba al fin como presentador
en Radio Juventud.
La primera vez que Eurovisión se cruzó en su camino lo hizo a lo
grande. Era 1969. La edición anterior la había ganado Massiel, así
que España era la orgullosa anfitriona del concurso, en el que no
escatimó gastos para mostrarse al mundo. El Teatro Real acogió el
evento. Y volvió a ganar España (empatada con otros tres países) con
el
Vivo cantando de Salomé.
Eran otros tiempos. Uribarri vivió la decadencia del festival en
directo. Él presentó o hizo de comentarista del concurso en más de
20 ocasiones, incluido
el torbellino de Rosa de España, la granadina salida de
Operación Triunfo. Llevaba cuatro años apartado –a
regañadientes- de la tarea cuando en 2008, en pleno fenómeno
Chiki chiki, Televisión Española volvió a tirar de él haciendo
de Uribarri el hombre más feliz del mundo. Y allá que se fue a
Belgrado a retransmitir con humor y algo de retranca la suerte de
aquel músico de pega que nos representó para regocijo patrio.
Al locutor, que habría cumplido 76 años el próximo 9 de agosto,
le gustaba el festival de Eurovisión. Lo vivía con la ilusión de un
niño. Disfrutaba con las actuaciones y acudía a los ensayos con un
maletín lleno de folios en los que tomaba frenéticas notas de los
concursantes con una bonita letra de estudiante de Los Maristas
(como él mismo presumía). También llevaba consigo un mapa,
herramienta sin duda utilísima para no perderse en la creciente
lluvia de países participantes. Los aciertos y vaticinios en los
votos de un confiado Uribarri acompañarán muchos años nuestra
memoria colectiva. Desde luego hacían más llevaderos los chascos que
en las últimas décadas nos ha hecho sufrir el festival. No hay que
darle importancia, nos diría Uribarri. Él no se la daba: "Los países
del Este están viviendo con Eurovisión lo que vivimos nosotros en
los sesenta. Para ellos es el no va más, su plataforma turística y
promocional. Nosotros ya no pintamos nada", decía en una entrevista
en pleno circo Chikilicuatre.
Recientemente, Uribarri (que se casó dos veces y tuvo tres
hijas), se había puesto al frente de un programa de cine español de
la cadena 13TV, Nuestro cine, en el que hacía entregadas
entrevistas a personajes míticos de la farándula patria como
Joselito o Rául Sénder. Grabó el último programa el pasado 12 de
julio, con un especial sobre la película Los guardiamarinas
y entrevista a Manuel Zarzo. Poco después, el presentador era
ingresado en el hospital Montepríncipe por una dolencia renal. La
tarde del 18 de julio, sufría un derrame cerebral masivo del que ha
fallecido (informa el centro sanitario).
Se va uno de los presentadores históricos de TVE. Uno de esos
rostros que varias generaciones de españoles
han visto envejecer en sus pantallas. Quedan para el recuerdo
sus lecciones como oráculo Eurovisivo. Y su carismática voz, que él
mismo describía de esta suerte: “Bastante bien modulada, con timbre
abaritonado y con una dicción y vocalización buenas”.