¿Los jovenes son mejores empleados? ¿El estrés laboral masculino
es más frecuente? ¿Qué profesionales son más felices? ¿Un semestre
sabático nos podría quitar el estrés? Esto es lo que dicen los
últimos estudios científicos que desmienten algunas ideas bastante
asentadas en la cultura popular sobre el trabajo.
1. Los jóvenes no son mejores empleados. Michael
Falkenstein, del Instituto alemán Leibniz, ha demostrado que los
trabajadores de edad avanzada procesan las imágenes y los sonidos y
toman decisiones a la misma velocidad que sus compañeros más
jóvenes. Sólo son un poco más lentos a la hora de “pulsar el botón”,
es decir, en los movimientos. Eso sí, lentos pero seguros, ya que
según ha demostrado Falkenstein los empleados veteranos cometen
menos errores.
2. El estrés laboral no afecta más a los hombres.
De hecho, sometidas a los mismos niveles de estrés que sus
compañeros masculinos, las mujeres tienden a adquirir más malos
hábitos, como llevar una vida sedentaria, comer grasas y azúcares en
exceso, fumar y consumir demasiada cafeína.
3. Las enfermedades neurodegenerativas no nos atacan a
todos por igual. Según la revista American Journal of
Industrial Medicine, los mayores índices de Parkinson y Alzheimer se
registran en banqueros, granjeros, dentistas, peluqueros y
profesores.
4. Los médicos no son más felices. Los
profesionales más propensos a sufrir depresión son los que trabajan
en el sector de servicios, en atención primaria o en hostelería. En
el extremo opuesto se encuentran los arquitectos, los técnicos
instaladores, los ingenieros y los científicos.
5. Las vacaciones no son mejores cuanto más largas.
Cuando se trata de descansar, la calidad es lo más
importante. Es lo que afirma Dov Even, un psicólogo organizacional
de la Universidad de Tel Aviv (Israel) que lleva una década
comparando los niveles de estrés crónico de los trabajadores antes,
durante y después de un período de descanso. Con un “semestre
sabático” el nivel de estrés desciende lo mismo que el de otros
empleados que solo descansaban una semana. Por eso recomienda que,
si podemos elegir, optemos por vacaciones más cortas pero más
frecuentes, en lugar de un mes completo de ocio continuado.