COMO VIVIR SIN DINERO - HISTORIA DE VIDA
Inmersas en la crisis, familias enteras que no llegan a fin de
mes ven hacerse el milagro que siempre creyeron imposible, vivir sin
dinero. Pero Heidemarie Schwermer lleva ya dos décadas viviendo así
y, lejos de quejarse, es la mayor proselitista de este tipo de vida.
Heidemaire no tiene un solo euro. Es más, nunca ha tocado uno,
porque decidió vivir sin dinero en 1996, cuando todavía no existía
la moneda única. Había sido profesora, pero le desilusionó un
sistema que preparaba a los niños para hacer un trabajo con el que
ganar dinero, en lugar de para ser felices, así que estudió
Psicología y llegó a ser una cotizada terapeuta gestáltica. “Tuve 15
coches consecutivos y una enorme casa llena de coches, pero mi vida
seguía dominada por el tener y no por el ser… Descubrí que el dinero
lo dirigía todo y quise escapar”, recuerda.
Su primera iniciativa fue fundar una sociedad de trueque en la
ciudad en la que vivía, Dortmund. “Comenzó siendo un pasatiempo,
pero pronto descubrí que a cambio de una sesión de terapia no
solamente recibía a cambio una caja de patatas del jardín de mi
cliente, sino que además me sentía mucho mejor por dentro que antes,
cuando cobraba dinero a cambio de mi trabajo”, recuerda, el explicar
por qué la idea de vivir sin dinero fue cobrando cada vez más y más
importancia en su vida. Tanto el dinero resultante de la venta de su
casa como los beneficios de su libro, en el que explica su filosofía
de vida, han sido entregados a sus hijos, según lo establecido en
los correspondientes contratatos, y a sus 66 años ella continua fuel
a su lema; “no tener nada, pero ser mucho”.
“He ganado en amor. Cuando me comunico con otras personas explicando
mis necesidades del momento o para agradecer una donación o un
intercambio, encuentro como respuesta un gran reconocimiento y he de
decir que nunca me ha faltado de nada”, advierte. ¡Y tanto! Tiene un
ordenador y actualmente dispone de teléfono móvil: “fue un regalo,
un modelo antiguo, creo, al que le pusieron una tarjeta de prepago.
No lo utilizo mucho y ahora estoy pensando cambiarlo por algo de
te”.
En sus intercambios, Haidemarie no sigue una lógica mercantilista ni
se deja guiar por el valor en dinero de cada objeto, sino por el
valor que tiene para ella, para sus necesidades concretas. “He
podido cumplir todos mis sueños sin dinero, la verdad, y vivir sin
él me ayuda a reconocer lo que de verdad es importante para mí”. Lo
que comenzó siendo un experimento vital que debía durar un año, en
1996, se ha convertido en su forma de vivir.
Su apuesta es total, ha renunciado incluso a la seguridad social que
el garantizaba el Estado alemán y asegura que, llegado el momento,
espera ser cuidada por los suyos. Entiende la situación desesperada
que viven hoy los parados y sus familias en Grecia, Portugal o
España, pero su mensaje es esperanzador: “nuestro verdadero sistema
social somos nosotros mismos, es el hecho de preocuparnos por los
demás, por nuestros vecinos, el único sistema social que responde a
la verdadera escala del ser humano es la del bien que hemos hecho a
nuestros semejantes y que vuelve a nosotros en forma de aquello que
necesitamos en cada momento”.
“La mayor pobreza es vivir sólo, aislado, y todos tenemos una gran
riqueza que los demás pueden apreciar de una forma que la lógica del
dinero no alcanza a comprender. Acabo de vivir una temporada
viviendo con una familia que tenía problemas de drogas con sus hijos
adolescentes. Les he ayudado con eso, he hecho un trabajo de
psicóloga o de mediadora, podríamos decir. Esos padres me hubiesen
pagado todo el dinero que ya hubiese pedido. Yo me he despedido
diciendo que me vendría bien un poco de sol y creo que van a
organizar para mí una estancia en la playa… ¡qué ilusión!”. Fuente
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