Esa maravilla existe y no está sola. Varias localidades de la Suiza
más bucólica tienen prohibido el acceso a vehículos. Otro signo de
inteligencia de un país sin ejército y que decidió convertirse en la
hucha del mundo para asegurarse que nunca nadie sintiera la
tentación de invadirles.
Invento mágico
En
esta España hiperasfaltada cuesta imaginar la vida sin coche. ¿Cómo
se las arregla la gente para desplazarse? La mayoría usa el tren,
ese invento mágico que permite mover a miles de personas sin que
casi nadie sude al volante. La red ferroviaria suiza no ha sufrido
desmantelamiento por razones de rentabilidad y sigue ofreciendo
servicio a nacionales y extranjeros. Todo con el objetivo de
conservar la limpieza y el entorno.
Coches de caballos
Así
describe uno de estos lugares Paco Nadal, bloguero de referencia de
los internautas interesados en los viajes: "Para acceder a Zermatt
hay que dejar el
coche en Tasch, la localidad anterior, y luego remontar el valle en
un tren cremallera. Por sus calles estrechas y llenas de chalés de
madera, maceteros con flores y, en estas fechas, luces cálidas de
Navidad, solo circulan pequeños buses eléctricos y coches de
caballos". ¿Verdad que apetece acercarse?
Paraíso exclusivo
El problema es que
se trata de una zona de recreo para ricachones, donde es habitual
que en un hotel normalito te pidan 150 euros por persona y noche. En
Zermatt la élite europea se dedica a esquiar, relajarse y socializar
con toda la calma del mundo, sin reparar demasiado en los gastos. La
pregunta final es obvia: ¿por qué
estas cosas nunca pasan en pueblos que la gente pueda permitirse?