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CONOCE A ALEALIA BANKS, LO QUE SE VIENE EN MUSICA 

Cuando A$AP Rocky empezó a generar ruido de fondo en la escena hip hop hace un par de meses, hasta la eclosión final de su celebridad con el lanzamiento de la mixtape LIVELOVEA$AP, uno de los motivos que despertaron más curiosidad e interés de su discurso era la deslocalización deliberada de su sonido. Nacido y criado en Harlem, una de las zonas calientes del rap neoyorquino, A$AP se desvinculaba de sus orígenes y su radio de acción, toda una herejía si te dedicas a esto en la Gran Manzana, para hacer públicas unas canciones que contenían influencias e ideas cruzadas de desconcertante eclecticismo y variedad.

Para algunos simplemente se trataba de una anomalía, pero para otros era el ejemplo más explícito posible sobre la definitiva globalización sonora y también conceptual del género en Estados Unidos. Y es que en paralelo a su irrupción e inmediata propagación mediática, los cazadores de nuevos talentos y rastreadores incansables de diamantes en bruto ya tenían un segundo as en la manga para refrendar este cambio de tendencia: Azealia Banks. 20 años. ¿Dónde? Harlem, cómo no. Qué, les va sonando, ¿no?

Una de las grandes aportaciones de Internet es que ya no es necesario esperar a que un artista publique un primer single para situarse en el ojo público. Basta un vídeo en Youtube, alguna canción en Myspace o en Soundcloud y una actividad constante en Twitter o Facebook para disponer de más currículo, entradas en blogs y webs y seguimiento que muchos grupos con un álbum editado. Azealia Banks hace cuatro días que está negociando su primer contrato con una multinacional, no tiene ni un solo single oficial publicado y está en una edad en que la idea de un futuro brillante en la música tiene más apariencia de sueño que de realidad al alcance de la mano.

Pero nada de eso ha impedido que desde hace unas semanas su nombre esté en boca de todos y que nadie ponga objeción alguna en señalarla como una de las grandes promesas de 2012. No hace falta tener las dotes adivinatorias de Sandro Rey ni haber cursado un master en Harvard para sumarse a esta corriente de opinión: basta escuchar 212, la canción con la que se ha dado a conocer masivamente y con la que los medios de todo el globo, del NME a Pitchfork, se han entregado a la causa, para entender que aquí tenemos algo.

Más allá de su breve pero indicativo currículo –estudios en LaGuardia High School y alguna aparición  en musicales–, que viene a refrendar la sensación de que Azealia ha tenido claro desde el principio que lo suyo eran los escenarios, si algo llama la atención de su escasa aportación hasta la fecha es la frescura y el descaro de su discurso, que entronca también con esa idea libre y descontextualizada geográficamente que ya se veía en su vecino A$AP Rocky. Como si fuera una versión rejuvenecida de Missy Elliott a la que se le han sumado también influencias de Nicki Minaj, M.I.A., Lil Kim o Santigold, la niña no se corta un pelo: canta y rapea con la misma facilidad y explosividad, como si no distinguiera un registro del otro, es tan capaz de aguantar el empuje de bases electro-house –212– como de deslizarse por encima de samples de Pete Bjorn and John –The chill$– o versionar con pausa y temple a Interpol –Slow hands–, y siempre transmitiendo la sensación de que quien se lo está pasando mejor es ella misma, casi como si esto fuera un juego para pasar el rato sin mayor importancia ni presión de futuro.

Su apuesta no es nueva, ya hace años que algunas divas rompieron las barreras entre el rap, el pop y el R&B y añadieron letras sexualmente desacomplejadas a sus grabaciones, pero en estas cuatro o cinco canciones contadas que nos ha regalado hasta ahora –la última de ellas, Liquorice, versión rapeada del hit raver Pineapple crush de Lone– sobresale la idea de que estamos ante una artista excitante que captura su momento con extrema facilidad y fluidez.

Así a primera vista, y a la espera de sus próximos movimientos, uno no siente que se esté forzando la máquina ni prefabricando el concepto, sino más bien que es su naturalidad y espontaneidad la clave de su éxito anticipado. Su apuesta por un sonido urbano pero global, sin ataduras ni restricciones de ningún tipo o clase, suena creíble, y ese es uno de los grandes alicientes de su inminente futuro.

Tras ser tentada por el sello XL Recordings y establecer diálogo con varias multinacionales, una de las cuales ya la tendría atada, aunque sigue sin trascender el nombre, Azealia arrancará el año inmersa en la grabación de su debut.

Será en Londres y con la ayuda de Paul Epworth, productor de Adele, Friendly Fires, Bloc Party o Florence + The Machine, entre otros, y se intuye que pieza de vital importancia en la confección sonora de una puesta de largo que ya tiene overbooking de expectativas. Y mientras, ella, ajena a la presión y la responsabilidad de satisfacerlas, se limita a sonreír y escupir rimas y estribillos irresistibles.     Fuente

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