El currículum vítae es una forma de venderse: si se cometen
fallos, la empresa suele descartar de forma automática al aspirante.
Por eso es importante aprender a sortear los 'errores' más
habituales.
Todo es subjetivo, pero hay algunas referencias en los currículos
que 'rechinan' a las empresas y pueden alejar al candidato del
puesto al que aspiran. Estas son las más significativas:
Detalles personales. No conviene indicar la
religión, el estado civil o las simpatías políticas. Solo de forma
excepcional, cuando es importante para el desempeño del puesto,
deberían mencionarse vínculos con organizaciones de distinta índole.
¿Con o sin foto? Esta no es la cuestión. Lo
importante es no pasar a formar parte del grupo de aspirantes que
sorprende a los seleccionares con fotos con muy poca ropa, haciendo
posados o realizadas en una noche de fiesta. A menos que el
interesado sea modelo o intérprete, estas instantáneas son una mala
opción. La clásica foto de carné es la más apropiada para el
currículo.
Hobbies y tiempo libre. Puede obviarse en el
currículum vítae cualquier información que no esté relacionada con
los objetivos laborales. La empresa no suele tener en cuenta las
actividades lúdicas o los trofeos conseguidos por el candidato en su
tiempo de ocio.
Expectativas salariales. ¿Cuánto se quiere
ganar? Decir mucho o poco dinero puede perjudicar al aspirante de
especificarlo en el currículo. Lo mejor es tratar el asunto durante
la entrevista personal, no antes, a menos que lo exija la compañía.
'Maquillar' el documento. No es aconsejable
abusar del término 'experto' en determinadas materias o programas.
El seleccionador podría sospechar que el candidato está exagerando
con la experiencia profesional o el nivel de idiomas que asegura
tener.
Mentir. Una vez enviado, lo que diga el
currículo va a misa. De ahí que no haya que dar nombres falsos de
empresas, crear jefes imaginarios o inventar cartas de
recomendación. Las compañías contrastan los datos: un estudio
realizado por CareerBuilder señala que el 72% de las empresas
descubrieron mentiras en los currículos, lo que supone un
desprestigio para el aspirante.
Despidos procedentes. En la carta de
presentación o el currículo, el candidato debe ahorrarse los
detalles sobre cómo finalizó su última relación laboral. Mäs aún si
el motivo fue un despido por su bajo rendimiento, robó a la empresa
o llegó tarde en reiteradas ocasiones. Eso sí, a pesar de no
reflejarlo por escrito, si el seleccionador pregunta al aspirante en
la entrevista de trabajo sobre esta cuestión, este debería afrontar
los hechos y ofrecer una explicación.
No adjuntar referencias. Indicar que se tienen
cartas de recomendación y no sumarlas al currículo puede hacer dudar
de la palabra del candidato. Cuando se disponen de referencias, lo
mejor es entregarlas a la empresa y adelantarse a que esta las
solicite.
Información confidencial. Haber tenido acceso a
datos relevantes de una organización, no supone que deban revelarse
en el currículo. Esto creará desconfianza en el seleccionar, que
prescindiría del candidato para determinadas funciones.
Exceso de información. Hay que evitar
sobreactuar con frases sobrecargadas del tipo: "Supervisión dando
ejemplo a los demás" o "Me considero una persona proactiva y
trabajadora que puedo aportar mucho a su empresa". Conviene resumir
los datos y que el currículo no exceda de uno o dos folios.
Faltas de ortografía. Las empresas tendrán en
cuenta cualquier incorrección. Cometer erratas en el currículo o
usar expresiones coloquiales, pueden arruinar una buena candidatura.
Hay que analizar el currículo con el máximo detalle antes de
presentarlo.