Ni es la primera que intenta parecerse a Jessica Rabbit, ni
encabezaría la lista de operaciones disparatadas de cirugía estética
que hicimos recientemente. No obstante,
la rusa Kristina Rei
merece entrar de cabeza (o de boca, en este caso) en el blog,
aunque solo sea por la obsesión que tiene esta chica con sus labios.
Os
cuento brevemente. Kristina tiene
22 años pero vive
acomplejada desde que tenía cuatro. Según cuenta ella en
declaraciones que recoge la prensa británica, su hermana
mayor tiene unos “labios preciosos” y ella siempre los ha envidiado,
como envidia los de Jessica Rabbit, que es a su vez su “idea de
mujer perfecta”. Por ello y después de hartarse de que se metieran
con ella en el instituto (no por sus labios, pero eso le daba
igual), con 17 años decidió inyectarse silicona en los labios. “Fue
extremadamente doloroso, pero
me encantó el resultado“,
dice la muchacha de San Petersburgo, quien se convenció a sí misma
de que la única forma de verse guapa sería poniéndose dos morcillas
por labios.
Así pues, empezó a acudir de forma rutinaria a centros de
belleza para seguir con las inyecciones, como quien baja la basura
todas las noches, y ya lleva 100 intervenciones que le han supuesto
un coste superior a los 4.600 euros
(aunque ella no paga en euros… digo yo que lo hará en rublos).
Quizás pensáis que estaba mejor antes. Yo creo que sí. Quizás
pensáis que ha llegado al límite. Ella cree que no. Dice Kristine
que quiere parecerse “a un dibujo animado” y que se confiesa adicta.
Al parecer, sus padres la apoyan (eso dice ella) y aunque sus amigos
le dicen que pare, ella no se ve todavía perfecta.
No le importa no haber tenido nunca pareja (me parece bien), ni
que la gente “piense que estoy ridícula” (estoy de acuerdo), ni que
la insulten por la calle (también me parece bien). Por otra parte,
le gusta cuando la gente le graba con el móvil y asegura que
puede hablar, comer y besar
sin ningún problema. ¿Cómo serán esas dos esponjas dentro de unos
años? Pues es difícil saberlo, porque considera que sus labios son
“demasiado pequeños”, pese a que un beso suyo es capaz de abarcar a
19 personas simultáneamente.