Gestionaba la planta de Pinedo, la mayor de la Comunidad
Valenciana y una de las más grandes de España. Y se financiaba con
el canon de saneamiento que los vecinos de Valencia y su área
metropolitana pagan con la factura del agua.
En
julio de 2010, el PP, que controlaba la sociedad desde los años
noventa, decidió liquidarla al encontrarse en situación de quiebra.
La disolución reveló la existencia de un agujero de 17 millones de
euros. La investigación judicial, que abarca el periodo de 2004 a
2010 y cuenta ya con 16 imputados por malversación, estafa
continuada y delitos societarios, ha destapado que los gestores de
Emarsa pagaron cantidades millonarias por servicios y suministros
inexistentes. El fraude total podría superar los 30 millones.
Mientras, los directivos disfrutaban a su costa de toda clase de
extravagancias.
Compraban, con fondos de la sociedad, joyas, bolsos de Loewe,
relojes, bolígrafos Montblanc, prendas de vestir en Armani,
dispositivos electrónicos (ipods, libros electrónicos, ordenadores
portátiles), accesorios de automóvil, mil euros de lotería cada año.
Cargaban el alquiler de vehículos de lujo y circuitos de spa. Hacían
viajes de placer con sus familias, a París, Nueva York,
Johannesburgo y más destinos alojándose con gastos pagados en
hoteles de cuatro y cinco estrellas. Se hospedaban en
establecimientos de similar categoría, en la misma Comunidad
Valenciana, acompañados de teóricas traductoras rumanas. Siempre por
cuenta de Emarsa.
Fueron capaces de gastarse 92.443 euros en un año en asadores,
marisquerías y restaurantes con estrellas michelín. Y aún así, en
los 23.000 folios del sumario pueden encontrarse facturas de 7,5
euros de tabaco o de compras en el supermercado.
En un momento de las más de 50 horas que lleva declaradas ante el
juez, el exgerente Esteban Cuesta contó cómo funcionaban las cosas.
El entonces presidente de Emarsa y hoy todavía vicepresidente de la
Diputación de Valencia y alcalde de Manises con el PP, Enrique
Crespo, también imputado, iba a su despacho, le entregaba unas
facturas de Loewe y le daba la orden de acercarse al establecimiento
a pagarlas. Entre compras, viajes y banquetes, los responsables de
Emarsa se gastaron en seis años casi un millón de euros, según la
abundante documentación de que dispone el juez Vicente Ríos.
El instructor cuenta con multitud de indicios de que el auténtico
pillaje se produjo, sin embargo, mediante el pago de suministros y
servicios falsos. Algunos, inverosímiles: Emarsa pagó, por ejemplo,
por reparaciones en los digestores (tanques para depurar el agua)
número cuatro, cinco y seis, cuando en la planta solo había dos. Y
lo hizo a empresas administradas por tres hermanos, María Paz,
Víctor Manuel y Sebastián García Martínez, este último a su vez jefe
de departamento de la depuradora. Contrató cursos de formación por
188.000 euros, la mayoría por Internet y sin control de asistencia.
Adquirió teóricamente, en poco más de seis meses, 164 teclados;
149 ratones; 155 fuentes de alimentación; 141 licencias antivirus y
79 monitores, aunque en Emarsa solo había 32 puestos de trabajo
informatizados. El proveedor, el propio Sebastián García Martínez,
actuaba, de hecho, como director de informática en la planta y a
veces firmaba en su nombre como recibido y conforme las partidas que
él mismo vendía... Así hasta 35 empresas ahora investigadas que
facturaron a Emarsa 40,3 millones de euros.
La sociedad estaba controlada por una asamblea metropolitana en
la que el Ayuntamiento de Valencia tiene el 45% de los votos y el PP
goza de amplia mayoría. Trabajar en Emarsa era una canonjía (nueve
empleados ganaban más que el presidente del Gobierno) y la empresa
fue llenándose de cargos de segunda y tercera fila del partido y de
sus socios de Unión Valenciana. El propio Cuesta, a quien Rita
Barberá nombró alcalde pedáneo, se mantuvo como dirigente local del
PP de Valencia hasta pocos días antes del 20-N.
La sociedad costeó la compra de
joyas, relojes y otros artículos de lujo
La seguridad de que nadie les controlaba llevó a los directivos a
ser muy poco cuidadosos. Entre las facturas pagadas a las empresas
investigadas algunas tienen por detrás “impreso nada menos que una
previsión de tesorería” de la propia Emarsa, ha destacado el juez.
Otras, de distintos proveedores sospechosos, están escritas al
principio en letras negras, que cambian a mitad a color verde,
naranja o rosa. Como si al taller de fabricación de falsas facturas
se le hubiera acabado la tinta.
Corruptelas de Emarsa: detalles de un pillaje
1. Gastos a costa de la sociedad pública. Los
directivos cargaron a Emarsa decenas de miles de euros por la compra
de joyas, bolsos de Loewe, bolígrafos Montblanc, accesorios de
automóvil, décimos de lotería (mil euros al año), ipods, ropa,
cestos de bebé, circuitos de spa, alquiler vehículos de lujo...
2. Viajes pagados. Dirigentes de la sociedad
viajaron a París, Nueva York, Johannesburgo, Marrakech, Estocolmo,
Andorra... En varios casos, los directivos se desplazaban con sus
familias y Emarsa también pagaba los hoteles.
3. Comidas. Los directivos cargaron 300.000
euros en comidas a Emarsa entre 2005 y 2010. Sólo en 2009, ya en
plena crisis, las facturas por comidas en marisquerías y
restaurantes de alto nivel ascendieron a 92.443 euros.
4. Lodos (toneladas). Las empresas de
tratamiento y transporte de lodos facturaron más toneladas de las
que generaba la planta. Por este concepto, Emarsa pagó más de 20
millones de euros entre 2004 y 2010.
5. Camiones ultrarrápidos. Los camiones de
transporte de lodo iban y volvían a la planta en tiempos imposibles.
Supuestamente un camión salía de la planta de Valencia, llegaba a
Requena (a 68 kilómetros), descargaba, volvía a la planta, cargaba y
volvía a estar listo para partir en menos de 15 minutos.
6. Obras. Emarsa pagó 4,2 millones de euros a
dos empresas que administraba la misma persona, tenía la sede en su
casa y apenas tenía trabajadores. Las empresas facturaron, por
ejemplo, por reparaciones en maquinaria que no existía o por pintar
fachadas de edificios que, por sus características, no se podían
pintar.
7. Partidas informáticas. Emarsa compró en menos
de un año 164 teclados, 149 ratones o 141 licencias antivirus cuando
solo tenía 32 puestos de trabajo informatizados. El proveedor,
hermano de la empresaria que hacía las obras y reparaciones, que
facturó 4,5 millones mediante dos empresas, actuaba a la vez como
jefe de informática de Emarsa. En algunos casos firmaba en
representación de la sociedad como recibido y conforme los
suministros que él mismo vendía.
8. Violación de las normas de contratación. La
mayor parte de los contratos investigados incumplían los principios
de publicidad y concurrencia. El caso más sangrante es el del
proveedor informático que admitió al juez que una de sus dos
empresas facturó 1,8 millones a Emarsa sin contrato, “con un acuerdo
verbal”.
9. Oídos sordos a los auditores. Las auditorías
de la firma Mazars advirtieron seis años seguidos (2004-2010) sobre
las irregularidades en las formas de contratación. El presidente de
Emarsa, Enrique Crespo, hizo caso omiso y afirmó ante el consejo que
no detectaban problemas importantes. Crespo también rechazó la
propuesta de que para acordar contratos y disposición de fondos
hiciera falta al menos la intervención de dos responsables con firma
mancomunada.
10. Empleados que solo iban a cobrar. El
exgerente Esteban Cuesta ha admitido al juez que contrató por
indicación de Crespo a cuatro personas que solo iban por la planta a
cobrar. Uno (Luis Botella) es el concejal de Urbanismo del PP de
Moncada; otra (Marisol Giner) era la exportavoz del PP de Benetússer.
11. La Generalitat inyectó el triple de fondos.
Durante el periodo investigado (2004-2010), el Gobierno valenciano
casi triplicó los fondos destinados a Emarsa (de 6,4 millones de
euros en 2004 a 18,4 millones en 2009), mientras la cantidad de agua
depurada sólo aumentaba un 6,5%.
12. Ingresos en metálico. El gerente Esteban
Cuesta ingresó en sus cuentas 251.000 euros en efectivo entre 2005 y
2009.