Hoy toca sanidad. Ir a un pediatra de urgencias, por ejemplo, que
ahora ya cuesta 9,6 euros, va a valer, a partir del 1 de enero, 20
euros. Una urgencia básica -sin especialidad- que ahora sale por 8,6
euros, costará 15. Una consulta médica normal, que ahora cuesta 2,25
euros, pasará a costar 5. La atención de un enfermero para una cura
simple, hoy gratis, pasará a costar cuatro euros.
Quedarán excluidos de pagar, entre otras personas, quienes cobren
alrededor de 600 euros, las mujeres embarazadas o los pacientes
crónicos (en las consultas relativas a su dolencia, no en las
demás). El que no acepte se arriesga a una multa no inferior a 50
euros. Además, en la ley que regulará el abono de estas tarifas se
especifica que, a partir de enero, todo enfermo que acuda a un
hospital o un ambulatorio público portugués deberá pagar por
adelantado, esto es, a la hora de ingresar en el centro, y no
después, como ahora. Para ello, se recomienda que estos centros de
salud cuenten con cajeros para sacar dinero y con medios suficientes
para que “se pueda utilizar la tarjeta”.
Con estas tarifas, el Gobierno portugués aspira a recaudar 100
millones de euros en el próximo año. No le basta esta cifra a la
insaciable troika, que en su memorándum recomienda extraer de este
tipo de tasas 150 millones de euros. Es decir, según los
especialistas del BCE, la UE y el FMI, Portugal debe subir aún más
estas tarifas. El Gobierno ha asegurado que negociará este aspecto.
Pero advierte que si deja de recortar por un lado, lo deberá hacer
por otro. Da la impresión de que la manta no alcanza para tapar
todas las manchas del colchón y de que si se estira por una esquina
de la cama se queda corta por otra.
Reducción de las indemnizaciones
El Gobierno ha anunciado también recientemente que disminuirá por
ley, para hacer caso a las recomendaciones de la omnipresente
troika, las indemnizaciones por despido. Pasarán de 30 días por año
a una cifra que no será mayor de 12 y que, posiblemente, se quede en
ocho. La medida se llevará a cabo a mediados del año que viene.
Según el Gobierno (y la troika) de esta manera, la indemnización se
igualará a la media europea.
Expertos y sindicatos recuerdan que el sueldo en Portugal es más
bajo que en Europa y que esos países europeos que tienen una
indemnización de diez días por año trabajado poseen, en
compensación, un sistema de protección social del que Portugal se
deshace día a día.
João Proença, secretario general de uno de los principales
sindicatos portugueses, UGT, resumió, simplemente: “Esto es un
fraude”. Y prometió contestación en la calle. El paro es creciente.
Ahora ronda el 12,9% pero el año que viene, según la
OCDE alcanzará el 13,8%.
Con todo, tampoco esto calma el apetito insaciable de la troika,
que pide, además, una reducción del número de funcionarios. Ahora
hay unos 500.000. En 2014 deben ser 30.000 menos. En principio, la
manera de adelgazar las distintas administraciones públicas
portuguesas será la jubilación y la no contratación de nuevos
empleados. Pero el Gobierno añade, según explica hoy Diário de
Notícias que “no va a prescindir de ningún método” para
alcanzar la cifra prometida, incluido el despido.
Además, el Ministerio de Economía portugués ya trabaja en una
nueva regulación laboral quefacilitará el despido en una coyuntura
económica ya de por sí catastrofista, con empresas que cierran día a
día, con un consumo raquítico y una recesión de la que no se ve el
final.
Navidades magras
Mientras, los portugueses se resignan a pasar unas navidades
magras, sin la mitad de la paga extra (ya recortada), con la certeza
y la experiencia de que cada mes que pasa la vida es peor y más
difícil. El primer ministro, el conservador Pedro Passos Coelho, que
esta semana cumple sus primeros seis meses en el cargo, ha llevado a
cabo en los últimos días un auténtico maratón televisivo (cuatro
entrevistas en 20 días) a fin de explicar y justificar las medidas
que, según él, se ve obligado a acometer para no perder (aún más) la
fe de los mercados y para que, en 2013, puedan comenzar a llegar,
según sus previsiones, las primeras buenas noticias.
En una de estas entrevistas, el primer ministro acabó por
recomendar a los profesores “excedentes” con que cuenta el país, en
un consejo desmoralizador y revelador, que se busquen empleo en otro
sitio. En otras palabras: que emigren.