LAS FOTOS INÉDITAS DE TWIN
PEAKS
Fue la primera teleserie con la que muchos nos morimos
de miedo. También la primera con la que, a pesar de no entender
buena parte de lo que sucedía o por qué sucedía, invitamos al salón
de casa a
Bob, un serial killer inmaterial,
un parásito alimentándose de tu propio miedo.
Al apagar la tele sabías que Bob podría estar esperándote tras el
espejo del cuarto de baño, a los pies de la cama del dormitorio,
entre los pliegues de las sábanas, en los páramos del sueño...
Twin Peaks.
El topónimo es tan potente como Guernica, Dallas o Fukushima. Lo
escuchas y algo hace off por dentro. Entonces llega la voz,
que es tu voz: “Fuego, camina
conmigo”.
Hace 21 años que empezó a emitirse, en abril de 1990, y casi 20 que
finalizó, en junio de 1991. Fueron 29 capítulos en dos
temporadas. Primero en la ABC estadounidense. Después, en todo el
mundo catódico.
A España la trajo Tele 5, casi recién nacida, la privada de
Berlusconi, la Once y Chocolates Trapa -una combinación que ni
Killer Bob entendería-. La emitían tarde, como si la vulgar dinámica
de los relojes pudiese alejar a los monstruos.
Antes insertaron una campaña de prensa en los periódicos. Era
una cuenta atrás diaria,
persuasiva, difícil de evitar: "Laura Palmer ha sido
asesinada"; "nadie sabe quien la mató"; "todo el mundo pregunta
quién la mató"; "sólo hay una pista: sabemos dónde fue encontrado su
cadáver. Descúbrelo mañana"; "Si no ves mañana Twin Peaks,
pasado mañana no sabrás de que hablan todos”...
El cebo era tan sabroso que picamos muchos. Fuimos peakers
-como se hacen llamar los yonquis de la serie- antes incluso de ver
a la hermosa Laura pálida como un vaso de leche y
envuelta en plástico.
El primer capítulo, el inolvidable episodio piloto, lo televisaron
en España el 15 de noviembre de 1990. Arrasó con
una audiencia de 3.338.000
espectadores y el 57,6% de share (y eso que Telecinco sólo
emitía por entonces en Madrid, Barcelona, Valencia y Sevilla).
Cuando acabó la primera temporada sin que gran el misterio quedara
resuelto, miles de espectadores
colapsaron las líneas telefónicas de la cadena. Todos
hacían la misma pregunta a las indefensas telefonistas: “¿Quién mató
a Laura Palmer?”. Rappel lo predijo. Rappel, como siempre, se
equivocó. Lo supimos en la segunda temporada y, aunque a uno le
entran ganas de ponerse a repartir spoilers, tranquilos, no
lo haré. Quiero que haya más peakers para, entre todos,
enfrentarnos a Bob.
En enero de 1991, Twin Peaks ganó tres Globos de Oro: mejor
serie dramática, mejor actor (Kyle
McLachlan) y mejor actriz de reparto (Piper Laurie, la
fanática madre de
Carrie en la película de 1976).
"La serie que cambiará todas las series"
Pero los premios dicen poco, casi nada, sobre el impacto,
la patada social (“¿quién demonios mató a Laura Palmer?”
era la pregunta que te hacías varias veces al día, cada día) y el
cambio permanente en el modo de escribir, producir y rodar
teleseries que David Lynch y Robert Frost ejecutaron (mediante una
compañía independiente para mitigar las presiones de las cadenas).
También fue el tiro de gracia a la vieja escuela de la soap
opera plana y sin aristas (“la serie que cambiará todas las
series”, predijo la crítica con más acierto que Rappel); la
indagación en la vida oculta
de todo conjunto social, de toda persona (el susurro permanente que
recibe el espectador de Twin Peaks es: “eres limpio, pero
escondes tu suciedad; eres bueno, pero te gusta la maldad”); la
consideración del público televisivo como comunidad inteligente a la
que también se puede entregar una historia con agujeros negros,
locura y humor macabro...
Desde 2010 están celebrando el vigésimo cumpleaños de Twin
Peaks, de Bob y su imaginario: la
Señora del Leño, las tartas de cereza (que Kyle McLachlan, por
cierto, odiaba), los métodos
deductivo-tibetanos del agente especial del FBI Dale
Cooper, la
banda sonora magistral y sedosa de
Angelo
Badalamenti (que fue número uno en ventas ¡en España! y que a
estas alturas todos somos capaces de silvar), la forma en que la
bomba sexual Sherilyn Fenn (apareció en las páginas centrales de
Playboy con el título Fenn Fatale) se
mete en la boca el rabito de una cereza y lo saca convertido en
un lazo para atarte)...
Y hay más: el enano que
habla al revés y baila como nadie, de la habitación roja, del
motorista bueno y el camionero satánico, del puticlub más allá de la
frontera, del policía que llora ante un cadáver, de
las cintas que Cooper graba para la invisible Diane ( “espero
que no te importe que grabe esto para ti aunque está claro que son
para mí, pero es reconfortarte saber que alguien está en mi
interior”), de las
infinitas tazas de café que beben los personajes (“más negro que
la medianoche en una noche sin luna”), de
las chicas-Lynch, ante las
cuales las de Almodóvar quedan como lo que son, carmelitas
descalzas...
El año pasado organizaron en Los Angeles (EE UU) una convocatoria
para que artistas plásticos rindiesen homenaje a la huella de
Twin Peaks. En la muestra, titulada
In
the Trees, participaron Glenn Barr, Tim Biskup, Scott
Campbell, Amy Casey, Paul Chatem y otros. Todos son bastante
avant-garde y, al igual que el creador de la serie, David
Lynch, creen que la malignidad pura
está flotando en el aire en el que también vuelan los
gorriones.
Ahora el colectivo organizador de la celebración saca a la venta (a
37 dólares la copia) las casi inéditas fotos (sólo se habían
difundido en circuitos limitados) que hizo durante el rodaje el
actor Richard Beymer, que interpreta el papel del
amoral hombre de negocios
Benjamin Horne, padre del personaje de Sherilyn Fenn.
Mientras tanto, Lynch prosigue con su
errática búsqueda de fortuna. Tras reconvertirse este año
en productor-promotor de
música online,
editó su primer disco como solista, el vulgar
Good Day
Today, convocó un concurso internacional de videoclips
(concurrieron 450 piezas y ganó, según decisión personal de Lynch,
Arnold de Parscau) y la semana pasada dirigió la
retransmisión por YouTube de un concierto de
Duran Duran. Fuente
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