Lo más usual es la
sensación de derrota y fracaso. Tener un empleo es una
"expectativa social y cultural desde la infancia, reforzada a través
de los años en la escuela, la familia...", explica Buendía. Además,
el trabajo tiene una serie de funciones que se pierden. Funciones no
sólo manifiestas como es el salario, sino también latentes, ya que
el empleo supone imponer una estructura de tiempo, implica
experiencias compartidas y relaciones personales más allá de la
familia, lleva al individuo a alcanzar metas más allá del propio yo,
determina y clarifica un estatus social y una identidad personal y
requiere de una actividad cotidiana y habitual. Perder o carecer de
esto puede resultar destructivo en la personalidad del sujeto que
pierde un trabajo.
Uno de los impactos psicológicos
destacados por Buendía es el llamado 'síndrome
de la invisibilidad', por el que la persona sin empleo
siente que no le ven, que no forma parte de un mundo (el mercado de
trabajo y el engranaje productivo) que no deja de funcionar a su
alrededor, pero del que no forma parte. Se agrava cuando la persona
no pide ayuda por vergüenza u orgullo.
Diferencias por edades
Los efectos psicológicos de no tener
trabajo son distintos entre jóvenes y mayores.
En el
primer grupo, prolongar la
dependecia de los padres tiene consecuencias adversas de muchos
tipos: desde un aumento de agresividad del sujeto, hasta el aumento
de la pasividad, la depresión, reducción de la capacidad para
relacionarse con personas o búsqueda de otras vías de socialización,
como la delincuencia. Al final, repetidos fracasos en la búsqueda de
empleo suelen acabar en apatía, vergüenza ante allegados y
resignación, incluso en un sentimiento de culpabilidad al pensar que
es uno mismo el principal responsable de la situación. En muchos
casos, esa apatía se traduce en pasar largas temporadas en casa,
dedicando la mayor parte del tiempo a ver la televisión o escuchar
música dando de lado a la búsqueda activa de trabajo.
En el caso de
personas con más edad se pasa por varias fases: shock
(sorpresa, desorientación y miedo), creencia de que se trata de un
periodo vacacional (por no interiorizar que se han quedado sin
trabajo), hiperactividad en el hogar (se hacen cargo de aquellos
arreglos pendientes en casa), ansiedad e irritabilidad (ante
repetidos fracasos al buscar empleo), hasta trastornos
psicofisiológicos. Al final, como en el caso de los jóvenes, aceptan
su condición de desempleados, pero como un fracaso personal y
social. Esto desemboca en largas temporadas en casa, dormir más
horas de lo habitual y una gran sensación de vacío. Dependiendo de
la salud de la persona y el estilo de vida que lleve, existe el
riesgo también de desarrollar enfermedades cardiovasculares.
¿Qué hacer o decir con un
desempleado?
Este especialista ve muy importante
no transmitir lástima ni ser caritativo con el desempleado.
Debe percibir un mensaje en el que entienda que es una situación
transitoria hacia otro trabajo. Mientras tanto ha de forzársele a
mantener una actitud denominada como 'de las 3 C's': combativa,
comprometidad y controlada (control de la situación).