Laura Fernández toma las riendas en Costa Rica: promesas de reforma profunda y mano dura

Laura Fernández toma las riendas en Costa Rica: promesas de reforma profunda y mano dura

Laura Fernández asume la presidencia de Costa Rica con un enfoque audaz hacia el cambio

Con un discurso enfocado en la transformación, Laura Fernández se convirtió en la nueva presidenta de Costa Rica, marcando un hito al ser la segunda mujer en asumir el cargo y la número 50 en la historia del país. Su toma de posesión fue un reflejo de su intención de liderar un gobierno con «continuidad» pero con una visión renovadora.

Este nuevo capítulo en la política costarricense comenzó el 8 de mayo de 2026, durante una emotiva ceremonia en el Estadio Nacional de San José. Fernández, de 39 años, fue juramentada por la presidenta de la Asamblea Legislativa, Yara Jiménez, en un acto inédito por ser presidido por dos mujeres.

Apuesta por un cambio significativo y la fe en Dios

Con una Biblia que le fue obsequiada por su padre en su juventud, Fernández juró su cargo y sostuvo que su gobierno estará “encomendado a Dios”. En su discurso, enfatizó la importancia del traspaso de poder como un reflejo de la madurez democrática del país y se declaró “sin titubeos” como “la heredera del cambio” iniciado por su antecesor, Rodrigo Chaves.

Gabinete con influencias significativas

En su primera medida, Fernández designó a Chaves para manejar dos carteras clave: Finanza y Presidencia. Esta decisión ha generado expectativas, dado que mantiene una influencia considerable del exmandatario en el nuevo gobierno.

Este enfoque desafiante le otorga a Chaves una protección legal adicional debido a su inmunidad, en medio de investigaciones de corrupción que aún persisten.

La lucha contra la inseguridad y las reformas institucionales

A medida que Costa Rica enfrenta un aumento en la criminalidad, Fernández ha hecho de la seguridad su prioridad. Anunció planes para implementar una “megacárcel” con capacidad de 5.000 internos, inspirada en el modelo de El Salvador. Además, prometió la modernización de las instituciones estatales.

“No podemos permitir que los narcotraficantes encuentren fisuras en nuestro sistema”, afirmó, señalando la necesidad de un enfoque más robusto contra el crimen organizado.

Relaciones internacionales fortalecidas

Fernández también busca estrechar lazos con Estados Unidos, nombrando a su segundo vicepresidente como embajador en Washington. Esto marca un cambio estratégico en la política exterior del país, alejándose de China hacia un alineamiento con la nueva derecha latinoamericana.

La presencia de representantes estadounidenses en su ceremonia de investidura subraya este cambio de dirección y promueve la cooperación militar en la lucha contra el crimen regional.

Una agenda ambiciosa por delante

La nueva presidenta no solo se comprometió a mejorar la seguridad, sino que también lanzó un llamado para abordar problemas sociales como la creación de empleo, destacando su intención de revivir proyectos de ley que habían quedado estancados en el gobierno anterior.

Se anticipa que su administración enfrentará retos significativos, desde la inseguridad hasta la necesidad de reformar las leyes laborales y medioambientales, señalando un camino complicado pero necesario hacia una Costa Rica más próspera y segura.

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