Los groenlandeses y su indiferencia hacia unirse a EE. UU.

Los groenlandeses y su indiferencia hacia unirse a EE. UU.

Un fotógrafo finlandés captura la esencia de Groenlandia mientras explora su belleza inexplorada

Dennis Lehtonen, un apasionado fotógrafo de 30 años, ha dejado atrás su Finlandia natal para sumergirse en la impresionante belleza de Groenlandia. Desde hace tres años, este aventurero ha estado viviendo en la isla más grande del mundo, desafiando las adversidades del clima extremo y explorando el corazón de su cultura.

Una vida dedicada a la aventura

Lehtonen se mudó a Groenlandia con un claro objetivo: documentar los paisajes vírgenes de este territorio autónomo danés. Desde su llegada, ha trabajado en fábricas de pescado y en un matadero, lo que le ha permitido conocer la vida local en profundidad.

Actualmente, reside en Kullorsuaq, una pequeña isla en la costa oeste, donde comparte hogar con una familia debido a la escasez de alojamientos disponibles fuera de Nuuk, la capital. «Encontrar un lugar donde quedarme siempre es un desafío», comparte, recordando incluso las veces que tuvo que dormir en una lavandería.

Un invierno poco habitual

Lehtonen relata que el clima de este año ha sido inusualmente cálido en comparación con el pasado, donde las temperaturas alcanzaban los -37ºC. «Ahora estamos alrededor de 0ºC, lo que es preocupante para el hielo marino y limita nuestras actividades de transporte en trineos o motos de nieve», explica mientras disfruta de sus «vacaciones de invierno».

La repercusión de Trump en Groenlandia

En una reciente conversación, Lehtonen expresó su sorpresa por las declaraciones de Donald Trump, quien declaró su interés en la isla «por las buenas o por las malas». «Los groenlandeses están preocupados», dice, aludiendo a la atención repentina que han recibido. «Nadie aquí quiere ser parte de Estados Unidos», asegura, señalando el desinterés general por las propuestas de Trump.

Una cultura llena de calidez

A pesar de los desafíos, Lehtonen describe a los groenlandeses como un pueblo acogedor y hospitalario. «Me han recibido con los brazos abiertos», comenta sobre el concepto de Kaffemik, donde se organizan reuniones sociales en torno a café, comida y música. Sin embargo, también menciona una perspectiva más sombría: «La depresión y el aislamiento son problemas reales aquí, con una de las tasas de suicidio más altas del mundo».

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