La imagen de la Diputación Permanente era peculiar, con una mesa y un micrófono en el centro, además de una gran mesa presidencial que hacía parecer a Óscar Puente más como si estuviera en un tribunal que en una comparecencia política. Esta sensación se acentuaba con la falta de apoyos visibles; el drama del accidente del AVE sobre el Iryo pesaba en el ambiente, y la investigación judicial liderada por la juez de Orgaz parece centrarse en el origen del siniestro. Mientras tanto, incluyeron las expectativas de algunos, como la portavoz de Vox, Pepa Millán, que ya empezaba a anticipar desenlaces a partir de supuestos deseos.
Ya han pasado casi siete días desde el trágico suceso en Adamuz, y aunque el luto oficial ha cesado, el ambiente en el Congreso no era el más cálido para Puente. Durante su intervención inicial de 35 minutos, apenas recibió aplausos de sus compañeros del PSOE, que solo hicieron ruido en la mesa para evitar titulares incómodos. Esta situación presionó al exministro hacia una dimisión que había sido negada horas antes en Moncloa, una decisión que Pedro Sánchez conoció en medio de la comparecencia de Puente.
Consciente de que tendría poco apoyo y sin la posibilidad de recurrir a sus habituales exabruptos, Puente decidió tomarse un breve descanso en su hogar antes de enfrentar la crítica en el Congreso. Vestido de manera formal, volvió a la sede con un cambio de corbata, una elección que simbolizaba su intento de adaptarse a la solemnidad del momento: por la mañana, había optado por una corbata azul como señal de luto, mientras que por la tarde, una corbata rosa resultaba más llamativa.
Una comparecencia solitaria
Al llegar al Congreso, y sin la compañía de su equipo más cercano, Puente se dirigió a la silla dispuesta para su intervención. Ignoró a los numerosos periodistas que le formulaban la misma pregunta: “¿Va a dimitir?”. Solo estaba acompañado por Javier Alfonso Cendón, su secretario general, mientras que otros miembros importantes de su gabinete y del sector ferroviario, responsables de la situación del AVE, no estaban presentes.
La ausencia de apoyo físico fue notable, ya que la falta de escoltas habituales como el secretario de Estado de su ministerio o los presidentes de Adif y Renfe adicionaba un peso simbólico a su comparecencia. A pesar de su intento por reconquistar la confianza de la Cámara, la realidad que se manifestaba en sus pasos solo enfatizaba su relegado estado.
Reacciones negativas y un futuro incierto
Al concluir su comparecencia, quedó claro que su discurso pocas esperanzas traía para las víctimas y sus familias, ni para los usuarios del tren de alta velocidad, que esperan que la confianza en el servicio se restaure. Con una imagen despojada de apoyo y la evidente falta de compasión por parte de sus compañeros, Puente salió del Congreso ya como exministro, sin recibir el respaldo que tanto necesitaba mientras el gobierno se prepara para un periodo electoral crítico.
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