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TUNING: NO SÓLO COCHES
Los
tuneros son una tribu urbana que nada tiene que ver con la
bandurria, las cintas y los clavelitos. Aquéllos son los tunos y
éstos, los tuneros. Los locos del tuning. Un grupo de fanáticos
estilistas de los coches que este fin de semana han copado el
circuito madrileño del Jarama
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Pero lo primero es definir qué es el
tuning. «Es la personalización del coche a tu gusto. Intentar ser
diferente al resto. El deseo de huir de lo normal», define Carmen
Mora, una responsable de la organización.
Personalizar, trabajar, tunear, makear... El hobby tiene una decena
de acepciones según la zona geográfica en cuestión. Aquí, en Madrid,
los implicados se quedan con el término tuneo. Un supuesto arte de
maquillaje automovilístico que, de la mano de la revista Maxi tuning,
ha logrado congregar en el circuito madrileño durante dos días a más
de 50.000 visitantes y a un millar de excéntricos vehículos.
«¡Mira aquél cómo mola!», esta expresión ha sido la más utilizada en
los boxes del Jarama. Por allí, curiosos, aficionados y
profesionales del asunto saltaban de coche en coche admirando los
logros del compañero. Muchos de ellos, jóvenes entre 18 y 28 que se
gastan las nóminas en transformar su automóvil en una especie de
drag queen motorizada con un único fin: que todos te miren.
«El deseo de llamar la atención es intrínseco al tuning. Tú arreglas
tu coche no para dejarlo en el garaje sino para que la peña lo vea y
admire», explica Sergio, del Diavolic Tuning Club de Madrid. El
mayor placer de un buen tunero es conducir por el barrio con música
potente y una compañera envidiable de copiloto. Esto y reunirse cada
fin de semana con los colegas de gremio para enseñarles las últimas
novedades que se han instalado. Por tanto, el millar de afortunados
que obtuvieron la invitación para lucir buga abrieron sus puertas
con placer para que todo el mundo apreciara de cerca los matices.
Por un día perdieron el mimo con su creación, permitiendo que se
pusieran al volante desconocidos con ganas de toquetear el
salpicadero.
La tapicería de piel de serpiente, la pintura cromada, los pedales
de competición, las gigantes llantas de aluminio... Hasta consolas
de videojuegos y pantallas de plasma completan el decorado de estas
máquinas en permanente evolución. Las modas pasan muy rápido y hay
que estar al día para no hacer el ridículo. El Opel Kadett con
alerón fantasma y pegatina de fuego quedó atrás hace tiempo.
Ahora, la transformación del coche llega a ser completa, afectando a
todas la piezas. Desde el volante hasta los tapones de las ruedas.
Convirtiendo un simple Seat Ibiza en un brutal artificio que el
propio Batman envidiaría. Pasando por el montaje de unos equipos de
música que podrían dar sonido a una macrodiscoteca. Ayer, en el
concurso de mediciones algunos alcanzaron la estruendosa cifra de
169 decibelios.
‘Bakalao’ a todo trapo
Con miles de watios de bakalao sonando de fondo, los tuneros
trataban de convencer de que no son una panda de horteras y que su
afición es muy respetable. «La gente nos mira todavía como si
fuéramos macarras que sólo vamos por ahí pegando acelerones. Pero se
equivocan, para esto hay que tener estilo y mucha pasta», matiza
Pedro, orgulloso, desde un Golf con luces de neón.
Tiene razón el chico, porque el tuning como casi todos los vicios es
caro, muy caro. «La gente se puede llegar a gastar tres millones de
pesetas en un vehículo, aparte de lo que cuesta el coche de serie»,
según Raúl Otero, director técnico de la empresa Mundotuning. Una
inversión en chapa, pintura y complementos que muchas veces va
contra la ley. «Algunas piezas no las homologa Tráfico y los
guardias civiles te multan», dice Otero.
Sin embargo, el riesgo y la inversión tienen premio observando la
compañía femenina presente. Un coche espectacular, pinta de duro y
rubia cercana de serie. Tópico machista pero comprobado, ayer, a pie
de pista. «Sí tío, con un pepino (coche) así se liga. Te lo digo por
experiencia», afirma Igor, con gafas de sol modernas y pelo de
punta. A su lado un agresivo Opel Astra negro da casi miedo. Más
atrás el número de las chicas lavacoches quita protagonismo a la
mecánica por 15 minutos.
Ellas, muy monas, con un cubito de agua, un par de mangueras y las
camisetas sin sujetadores la liaron mientras daban espuma a las
ventanillas. Cuando se cortó el grifo, las miradas volvieron a los
capós pintados y los maleteros abiertos de par en par y a punto de
estallar los tímpanos del público por la imprudente fuerza de los
altavoces
TUNING en ESPAÑA
COMO REPARAR SU COCHE?
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